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La escapada de Dovizioso en Misano, la caída de Lorenzo

El italiano logra su primera victoria en el GP de San Marino, por delante de Márquez y después de un error del 99 cuando intentaba cazarle

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Dovizioso celebra su victoria en el podio. AFP

Lo había avisado. Se podía correr. Correr sin más. Por puro placer. La línea buena y el golpe de gas justo, claro. La concentración, máxima. Pero se podían dejar los cálculos para otro día. Intentar la escapada. Y disfrutar de un camino despejado.

Aunque las carreras que se están viendo últimamente tienden a abocar a los pilotos a un duelo de espadachines en las últimas vueltas, la de San Marino no tenía por qué ser igual. Había avisado Andrea Dovizioso: pese a la degradación habitual de las gomas Michelin, en Misano daba la sensación de que los neumáticos resistirían bien el empuje. De hecho, lo hicieron fabulosamente. Tratar de darlo todo desde los primeros giros ya no penalizaría, como le había pasado a Jorge Lorenzo en algunas carreras este curso hasta que se percató de lo importante que era, en algunos escenarios, gestionar cada vuelta para evitar ese desgaste en la goma trasera. No fue necesario en Misano.

Y ganó quien mejor entendió la situación. A lomos de una Ducati completísima, incluso en este trazado en que no gana una Desmosedici desde el 2007. Y ese era Dovizioso. Que no engaña. “Si alguien es capaz de abrir una brecha será muy difícil recortar esa ventaja”, anunciaba un día antes de lograr su primera victoria en el gran premio de San Marino. Porque, aunque era lícito pensar que el que trataría de ganar esa ventaja sería su compañero de equipo, el hombre de la pole, aficionado a ganar desde el primer al último giro, como hizo en Mugello, el que se lanzó a la conquista de la Riviera de Rimini no fue Lorenzo esta vez, sino el italiano.

Enfiló la última curva a la derecha, un viraje cerrado que da paso a las dos últimas curvas del circuito de Misano, donde llevaba tantos años soñando con ganar, y pidió el calor del público. El brazo agitado en el aire. El cuerpo mirando a la tribuna, no a la pista. El corazón desbocado. A Márquez lo tenía a más de dos segundos de distancia, echó la vista atrás y lo corroboró. Como corroboró, también, que Lorenzo ya no estaba. Había olido la victoria, estaba remontando, y se le escurrió la moto de las manos, perdido el control del tren delantero de tanto desear una victoria imposible.

Quizá indeciso sobre cuál era la mejor estrategia, si lanzarse a lo bestia a por el triunfo desde el primer giro o si tratar de dosificarse en las primeras vueltas, Lorenzo perdió la carrera en el momento en que permitió que Dovizioso, que le adelantó en la vuelta seis, se difuminara en la distancia. Tres giros después de pasarle, el italiano subió el ritmo y pilló desprevenidos a sus rivales, Lorenzo y Márquez, que le perseguían tranquilamente y auguraban un final a tres bandas. Pero en una sola vuelta, la nueve, consiguió abrir una distancia de casi un segundo, que se convirtió en 1,4 segundos cinco vueltas después. Fue cuando, de tanto dosificar esas gomas, Lorenzo desquició a Márquez, que veía cómo se iba el italiano. Consiguió adelantar al mallorquín en aquella curva 14, pero no tenía para más esta vez. Los dos españoles se enzarzaron en un tuya mía por el segundo puesto, confiados en la posibilidad de recortar los más de dos segundos que había ganado Dovi. Quién sabe si todavía podrían ganar.

En ello estaban cuando Lorenzo cometió un error inusual en él. Había tenido que calzar la goma de dureza media atrás, pues la blanda se le acababa en diez giros, y por aquella necesidad terminó también escogiendo el neumático medio para delante. Acostumbrado a los blandos, el mallorquín no rodaba cómodo, le faltaba confianza en las frenadas y no podía imponer el ritmo deseado. A cuatro vueltas del final, le había recortado medio segundo a su compañero de equipo en un visto y no visto. Y se acercó todavía un poco más en el siguiente giro. Estaba a 1,3 segundos del de Forli, tan cerca, tal lejos –tan cerca como para soñar con la remontada, tan lejos que solo un fallo del rival se lo hubiera permitido–, que acabó cayéndose. Porque el fallo lo cometió él.

En la penúltima vuelta. En la octava curva, cuando inclinaba la moto a su izquierda después de la fuerte frenada que sigue a la rapidísima curva siete, moto y piloto se deslizaron sobre el asfalto de la escapatoria. “Frené un poco más fuerte, incliné un grado más la moto”, concedía. No quería conformarse con el segundo puesto y acabó con cero puntos. Porque moto y piloto volvieron a la pista. Para terminar 16º. La gloria, esta vez, era para Dovizioso, que suma su tercer triunfo este curso y se coloca segundo de la general. Eso sí, a 67 puntos de Márquez –“Demasiado lejos, ni siquiera podemos pensar en una estrategia para pelear por el título”, decía Dovi del 93–, que gana siempre que puede. Y cuando no, se sube al podio. Como este domingo en Misano, donde a su Honda se le atragantan las curvas lentas. Qué más da. Siempre encuentra algún recoveco que le acerque a la victoria. Como la curva 14 esta vez, un punto ideal para él: la sexta curva seguida a la derecha y, en la 15, una a la izquierda, su maniobra preferida. Ideal que rematar la jugada. Aunque, de momento, juegue solo por el podio.

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