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Ion Izagirre, el gregario que les disputa la Vuelta a los que fueron sus jefes

Cubierto el 45% de la ronda española, el ciclista guipuzcoano, debutante a los 29 años, marcha quinto, a 3s de Nairo y a 16s de Valverde

Nairo, a la izquierda, y Ion Izagirre, durante la ascensión a La Covatilla, el domingo. Ampliar foto
Nairo, a la izquierda, y Ion Izagirre, durante la ascensión a La Covatilla, el domingo. GTRES

Nairo jovial lleva una gran tirita blanca en el brazo que le recuerda a todas horas su Tour de Francia frustrado. La herida que se hizo cuando se cayó cerca de Pau se ha reabierto con el calor de la Vuelta, y es un incordio. De su rotura de rodilla en el prólogo del Tour anterior, el de 2017, apenas habla Valverde, y Ion Izagirre, que se cayó tres minutos más tarde en la misma curva empapada del prólogo de Düsseldorf del Tour, dice, cuando se le recuerda, que ni se acordaba, y eso que sufrió la fractura de una vértebra y largos meses de recuperación para volver a ser él. “Tenía hasta olvidada la caída, y eso es lo mejor”, dice el corredor guipuzcoano del Bahréin, quinto en la general a 17s del líder Simon Yates, a 16s de Valverde, a 3s de Nairo. “Y, después de eso, llegar a la Vuelta y estar con los mejores, ni en los mejores sueños me lo imaginaba, como se dice”.

Izagirre, que ha corrido cinco Vueltas a Polonia (y ganado una, y quedado segundo en otras dos), cinco Tours y dos Giros, debuta en la Vuelta a España a los 29 años. Su éxito puede probar falsa una de las consideradas verdades inmutables del ciclismo, que hay corredores que no tienen carácter ni valor para ser líderes y que prefieren hacer una carrera de grandes gregarios, sin más responsabilidad que la de servir lo mejor posible. Para hacerlo, Izagirre deberá derrotar justamente a Valverde (ganador de la Vuelta de 2009) y a Nairo (Vuelta de 2016), dos líderes para cuyas victorias trabajó las tres temporadas que corrió en el Movistar. “Y no sería descabellado que lo consiguiera. A todo el mundo le llega su momento de esplendor”, dice Eusebio Unzue, su director entonces. “Solo hay que recordar la trayectoria de Thomas, que terminó último su primer Tour, fue el gran gregario de Froome cinco años y acabó derrotándolo”.

Como gregario, dice Izagirre, aunque no tengas la responsabilidad de estar concentrado todos los minutos de la carrera y fuera, aprendes de los líderes qué hay que hacer, cómo pasar los días malos, porque no todos son buenos, y disimular para que nadie se entere. “Y, además, cuento ahora con el mejor gregario, que es mi hermano Gorka”, dice. “Él ha sido fundamental para Nairo y para muchos más y me conoce y sabe perfectamente lo que necesito. Y, encima, es muy tranquilo y habla lo justo”.

En el guion de la Vuelta tan igualada (entre el primero, el inglés Simon Yates, y el décimo, Bennett, hay solo 48s), debido, según Nairo, al calor tan agobiante que robó las ganas y las fuerzas para atacar, Valverde representa al viejo rockero que aunque el pelo de la cabeza le abandone a toda velocidad pretende creer que el envejecimiento es una cuestión solo de voluntad y si el espíritu es tan juvenil como el suyo, los 38 años de su carnet de identidad son una mentira. Está Valverde convencido simplemente de que tiene no más la edad que se debe tener, y de que ganar otra Vuelta, por supuesto, está a su alcance. Nairo, y su brazo herido y su memoria, sigue recordando que el objetivo del año era el Tour, pero que la Vuelta es una gran oportunidad. “Pero no de liberarme, que me siento liberado”, dice. “Sino para dar una alegría a la gente y al equipo”.

Valverde dice a ver qué pasa, Nairo habla de los Lagos de Covadonga (el próximo domingo), justo el lugar en el que comenzó a ganar la Vuelta del 16, y Ion, juicioso y tranquilo, dice que prefiere no creerse nada ni llenarse la cabeza de ideas, pese a que es un magnífico escalador, pese a que es el mejor contrarrelojista de los escaladores y la Vuelta podría decidirse el martes siguiente, el 11S, en los 32 kilómetros cronometrados entre Santillana y Torrelavega. “Día a día me estoy autoconvenciendo a mí mismo de que puedo ser un corredor de tres semanas”, dice Izagirre, cuya victoria más resonante, en Morzine tras la Joux Plane en el Tour del 16, la consiguió en una 20ª etapa. “En la Vuelta siempre sale gente nueva que sube al podio o entra entre los cinco primeros, y yo soy un nuevo”.

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