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Carlos Garrote, campeón del mundo en K1-200

Ningún piragüista español había hecho doblete en el Mundial y en el Europeo. "Todavía no me lo creo. Es una recompensa a un año complicado", dice

Carlos Garrote celebra el oro en el K1-200.
Carlos Garrote celebra el oro en el K1-200. EFE

Carlos Garrote celebró con un salto de alegría al agua la medalla de oro en el K1-200. Fue un final tan ajustado que nada más cruzar la línea de meta se giró hacia su entrenador, que le sigue en bicicleta en un carril sin asfaltar al lado del campo de regatas, para preguntarle si había sido primero o segundo. Levantaba el dedo indice, él, casi seguro de que había sido medalla de oro. Las pantallas lo confirmaron unos segundos después (35,25 para el español; 35,36 para Arturas Seja y 35,51 para Evgenii Lukantsov).

Garrote se subió entonces a la piragua y se tiró al agua gritando. Le rescató una moto para llevarle la zona del podio. Allí se volvió loco de alegría y empezó a correr hacia la zona de los aficionados españoles. "Somos campeones del mundo", gritaba, mientras los medios oficiales de la competición le perseguían, micrófono en la mano, para la primera entrevista a pie de podio. "Somos campeones del mundo", repetía. Nadie en el piragüismo español ha hecho lo que Carlos Garrote hoy: un doblete de oro después de ganar el Europeo en junio. "¡Madre mía lo que hemos hecho, madre mía lo que hemos hecho!", repite sin parar el piragüista español de 27 años.

"Ha sido un año espectacular, veníamos con las expectativas muy altas y de ser campeones de Europa. La presión se notaba un poco, pero hemos convivido con ella y esto es la guinda que quedaba al pastel de esta temporada. No puedo estar más feliz. Sabía que me jugaba bastante, lo tenía que hacer por toda la gente que ha estado apoyándome todos los días y sobre todo por los malos momentos que hemos pasado mi entrenador y yo. Creo que ha sido la recompensa a un año complicado y fantástico a la vez del que estoy muy orgulloso", cuenta Garrote envuelto en dos banderas de España mientras le gritan desde la grada: "¡Vaya la que has liado Carlos, vaya la que has liado!". En la zona del podio le paran cada dos por tres los presidentes de varias federaciones internacionales para felicitarle.

Garrote ha llegado a este histórico doblete tras un año complicado. En agosto de 2017, en República Checa, celebraba la plata en el K4-500 junto a Toro, Cooper y Germade. No estaba Saúl Craviotto, que descansaba en pleno año sabático. Meses después de aquella medalla, Garrote se tuvo que bajar de esa embarcación. En la criba que hubo en Trasona, el barco capitaneado por Craviotto fue más rápido que el que capitaneaba Garrote. El zamorano tuvo que volver a empezar y en otra disciplina. "Fue un momento muy duro, el peor de la temporada", dice Carlos, ya con la sonrisa feliz de campeón del mundo.

“Quedar segundos en el Mundial de 2017 a seis décimas de Alemania fue todo un éxito. Era, además, el estreno del K4-500. Con esas condiciones digo que casi te sientes con el derecho de, por lo menos, seguir perteneciendo a esa embarcación. Y Carlos, por lo que fuera, desde el principio se veía fuera. Los selectivos lo descartaron y hubo que resetearle entero, no solo deportivamente sino psicológicamente”, cuenta Luis Brasero, técnico de Garrote. El abrazo que se han dado al final de la prueba ha durado varios minutos. "Me ha dicho al oído que soy muy obediente y que hemos disfrutado mucho este año. Yo sigo sus pasos y mira hasta donde hemos llegado...", desvela Garrote.

¿Y cómo se hace eso de resetear? “Nos sentamos a ver todo lo que le había pasado y todas sus vivencias y expectativas, queríamos ver si habían sido buenas más allá de un mal resultado deportivo. Queríamos ver si él realmente se encontraba a gusto. Estuvo de bajón un tiempo: normal, eres subcampeón del mundo y no puedes seguir. Pero se fue por ahí unos días y cuando volvió cambió la actitud, afrontamos el selectivo del K1-200 que teníamos tres semanas después y el cambio fue radical. Lo ganó y encima ganó el oro en el Europeo [de junio en Belgrado] sin haber tenido casi tiempo para prepararlo”, contesta Brasero.  “Los demás le podemos ayudar, pero del pozo tenía que salir él para descubrir dentro lo que te hace feliz. Descubrió que lo que realmente quería era el 200. Desde el europeo a ahora todo ha sido mejorar y con una situación muy estable”, añade.

"Luis trabaja psicológicamente muy duro conmigo y me ha venido muy bien. Siempre está encima mío, me dio la motivación exacta para llegar a ese selectivo del K1-200 que se ganó como se pudo porque no había para más después de todo el bajón. Llegué ahí y una vez ganado, sabía que iba a ser un año muy bonito porque todo lo malo había pasado y sólo quedaba disfrutar y hacerlo lo mejor que podía", dice Garrote. Y tan bien lo ha hecho que acaba de proclamarse campeón del mundo. Sólo deja de hablar para abrazar a su sobrino que llega corriendo.

“La mayor virtud es la de ser un deportista ambicioso, muy bien dotado y muy capacitado para esta prueba, es un deportista de velocidad pero tiene un físico muy finito y a la vez a nivel fibrilar es muy explosivo. Es un buen prototipo para esta prueba de velocidad”, le define Brasero.

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