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El secreto de las viejas botas de Del Bosque

Una exposición recuerda la historia de la selección a través de recuerdos cedidos por sus futbolistas y sus grandes trofeos

El exseleccionador nacional de fútbol, Vicente del Bosque, junto a las botas que llevó durante los ocho años en los que entrenó a La Roja.
El exseleccionador nacional de fútbol, Vicente del Bosque, junto a las botas que llevó durante los ocho años en los que entrenó a La Roja. EFE

Vicente del Bosque entró y salió de la selección española con las mismas botas. Todo el mundo quería regalarle otras, pero no se dejaba. Durante los ocho años que ocupó el cargo, entre 2008 y 2016, usó las mismas, que mimaba cada día con crema hidratante para que no se cuartearan. Con ellas pisó el césped de Johanesburgo donde España se coronó campeona del mundo (2010) y el estadio de Kiev donde ganó la Eurocopa (2012). Solo se desprendió de las viejas botas cuando decidió que ya no necesitaba unas nuevas; el verano de 2016, al dejar la selección, las donó a su museo. Desde este miércoles y hasta el final del Mundial, estarán en una muestra sobre La Roja en la sede de Telefónica en Madrid.

Los recuerdos se guardan en la memoria, pero de ahí pueden escaparse, y cuando no hay pruebas materiales, los demás, los que no lo vieron, pueden dudar. Para aprisionar instantes o exhibirlos, hay que recurrir a fotografías u objetos. De esa premisa se levantó una industria, la del souvenir, y se alimentan, también, algunos museos. Siempre hay alguien que guardó algo. Y un recuerdo privado puede convertirse, con el tiempo, en un tesoro colectivo. “Llamando a exjugadores o a sus familias conseguimos muchas piezas emblemáticas de Amancio, Parra, Iribar... Fueron muy generosos”, cuenta Rocío Fernández, directora del Museo de la Selección. Una vez salen del entorno casero, esos objetos se exhiben en vitrinas y se colocan cronológicamente, de forma que la suma de recuerdos particulares sirve para contar una historia compartida. En este caso, la trayectoria de La Roja.

La muestra reúne unas 200 piezas. El visitante puede ver la primera equipación, la de los Juegos Olímpicos de Amberes (Bélgica) en 1920, donde España logró la plata: camiseta roja con un león amarillo en el pecho y pantalón blanco. El seleccionador, Paco Bru, desfiló en frac y pajarita. Los integrantes del equipo, al que un periodista francés llamaba “la furia roja”, habían salido de Galicia (3), País Vasco (15) y Cataluña (3). “Eran los únicos acostumbrados a jugar sobre césped”, explica Fernández. El portero, Zamora, dio nombre al premio al mejor guardameta de la temporada, y Pichichi, al goleador del año. Era sobrino nieto de Unamuno.

Un poco más adelante, en una vitrina, hay algo parecido a la parte de arriba de un pijama. Es la camiseta, con botones, de la selección en el Mundial de Brasil de 1950. Luego vienen las botas de Pereda, de la primera Eurocopa que ganó España, en 1964, contra la URSS (la selección había quedado fuera de la primera edición, en 1960, porque Franco se negó a que los soviéticos pisaran el país).

La exposición incluye un abombado balón, el que se utilizó en el primer Mundial, de 1930, comprado en una subasta. Al principio cada país llevaba el suyo, y a veces, había lío. El esférico de Rusia se llama Telstar 18 en homenaje al primero que se hizo para el Mundial de 1970 con motivos negros, para que se viera bien en televisión. En la muestra se exponen los distintos esféricos oficiales, incluido el querido Jabulani con el que Iniesta marcó el gol de Sudáfrica.

Hay trozos de césped de Johanesburgo —“se trajo en un tupper”, recuerda Fernández—; un bombo cedido por Manolo —que no podrá llevar a Rusia—; la camiseta del gol de Torres en la Eurocopa, y por supuesto, los trofeos del Mundial y las tres Eurocopas. Se puede escuchar la retransmisión de los 12 goles a Malta, narrada por José Ángel de la Casa, o ver los carteles de Miró, Chillida, Tapies, Saura... para “el que fue el Mundial del Arte, el de 1982”, en palabras de la directora del Museo. También ella ha querido aportar un recuerdo personal. “Forges me regaló unos fascículos que hacía de los Mundiales. Y quise que estuvieran aquí, que los vieran todos. Les tengo mucho cariño”.

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