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El Madrid vuela con piloto automático

Los blancos lo fingieron todo en Alemania, menos la victoria

Marco Asensio celebra su gol ante el Bayern en el partido de ida de semifinales de Champions. En vídeo, declaraciones de Zinedine Zidane, entrenador del Real madrid. FOTO: Getty Images / VÍDEO: ATLAS

El Madrid ha aprendido a jugar tan bien la Champions que por momentos se permite no jugar al fútbol. Es como jugar a la ruleta rusa creyendo conocer muy bien la bala. En Múnich le bastaron unos minutos de lucidez, como le bastaban a Berlanga al final de sus días. En el Bernabéu va a necesitar algo más que una bala circulando de cabeza en cabeza sin salir nunca. El fútbol las suele cobrar todas, y la deuda dejada en Múnich no se va a pagar sólo con suerte. La Champions está haciendo con el minuto 93 lo que las compañías telefónicas con la televisión de pago: dejártela hasta que te acostumbres para sacártela el día de un Bayern-Madrid. Sé de lo que hablo.

Tuvo un puñado de minutos el Madrid, y un golazo de Asensio, que está construyendo sobre la leyenda de la antigua bestia negra su propio mito fundacional, pero ni juntando todos esos minutos superaron en número las ocasiones del Bayern. ¿Por qué? ¿Por qué al mejor jugador del partido, listo para ejecutar el 2-0, se le va un control que no se le va a un cadete? ¿Por qué Lewandowski, un asesino en serie, falla solo delante del portero sin mandarla siquiera a portería? ¿Por qué cada balón rebotado a medio metro de gol salió hacia fuera y no hacia dentro? El fútbol es un deporte sin respuestas. Esas preguntas en muchas ocasiones se las tuvo que hacer el Madrid; son preguntas que hoy se está haciendo el Bayern.

Menos la victoria, el Madrid lo fingió todo en Alemania. Fingió incluso tener el control del partido, como si el balón lo cediese en lugar de no poder mantenerlo. Se atrevía poco el Bayern, y en eso tienen que ver los años de dominio europeo del Real. Pero a la media hora los alemanes descubrieron la impostura. Fue cuando organizaron un contragolpe de un saque de puerta. De un saque de puerta se pueden hacer muchas cosas en la vida, desde aquello de Tamudo a Toni hasta un gol en propia puerta, pero montarle un contragolpe a un equipo ya colocado defensivamente tiene mérito. Fue como si hubiese dos balones en el campo y el Madrid sólo viese el imaginario. Hasta Navas sigue esperando, a estas horas, el centro de Kimmich.

El Madrid pareció enderezar el partido al final de la primera parte, cuando Cristiano Ronaldo disimuló una chilena imposible. Otra vez Carvajal, y de nuevo un balón bombeado con Cristiano a punto de tumbarse encima de él. Acomodó el cuerpo y empezó la liturgia, dejando al portero y la defensa quietos como en la cola de un velatorio, y después de un segundo, al ver que no llegaba con ninguna parte de su cuerpo, remató con Marcelo. Completaba así su conversión en Hugo Sánchez, que marcaba los goles con la derecha, con la izquierda, con la cabeza y con Butragueño. Menos mal, eso sí, que esta vez Cristiano no se quitó la camiseta.

Y quizás, después de todo, sea ése el gran mérito del mejor Madrid de nuestra era: que ganar al Bayern en Múnich unas semifinales de Copa de Europa se someta a tal escrutinio de pureza en el juego. Como dar por hecho la felicidad y ponerse a elegir gama.


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