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El Athletic gana muerto de miedo al Málaga

Tras dominar la primera mitad, en la segunda los rojiblancos estuvieron a merced del conjunto andaluz que mereció más

athletic - malaga
Los jugadores del Athletic celbran un gol ©GTRESONLINE

El miedo es como la siesta, algo paralizante, pero cuando te acostumbras a él es como si se te pegasen las sábanas envolviéndote en el vacío. Eso es el Athletic independientemente del resultado. Vaya como vaya, juegue contra quien juegue, líder o colista, el equipo tarde o temprano empezará a agitarse en el césped como si en vez de hierba hubiese una plantación de espinos. Jugaba contra el colista y San Mamés no sabía si eso era bueno o malo. Cuando En- Nesyri, un chicarrón imponente midió al centímetro un centro del belga Lestienne para batir a Kepa, supo que era malo. En realidad, cualquier rival, cualquier partido, cualquier estadio es malo para el Athletic. 12 minutos, que fueron lo que tardó el delantero marroquí en marcar un buen gol, eran demasiado pocos como para que el miedo se plantase en el campo, aunque la tentación del Athletic a sucumbir a sus propios miedos es más que patente.

Pero re accionó y a los cinco minutos de encajar el gol, se obró un milagro. Por primera y única vez, el Athletic construyó en tres toques un triángulo entre Beñat, De Marcos y Susaeta, un rondo de entrenamiento, una rareza en la actual temporada del Athletic. Susaeta la tradujo en gol, sin que en el hecho mediasen Aduriz (400 partidos en Primera División) o Raúl García, otra rareza. Puesto a vivir de las rarezas, el Athletic le dio a vuelta al partido. El volante, que había sido del Málaga, lo cogió el Athletic, especialmente Beñat, el esperado, el rebuscado, que se adueñó del balón y comenzó a rellenar su álbum de pases (más de 40 en la primera mitad) generando una sensación de dominio. La lesión de Adrián disminuyó el potencial del Málaga en el centro del campo y la potencia de De Marcos y el espíritu de Córdoba, siempre puntiagudo (incluso en los errores), le ofrecían continuas líneas de pase. Beñat había acabado con los ronquidos habituales del Athletic y despertado al equipo de su placidez. Al borde del descanso, un saque de esquina de Beñat lo empalmó de volea San José. Y el primer tiempo se fue con un cabezazo de Raúl García al larguero.

¿Se iniciaba el día de la reconciliación con la Catedral? Dos goles en medio partido, un dominio absoluto, salvo en el primer cuarto de hora, la resurrección de Beñat, la recuperación de Córdoba, ya futbolista otra vez para Ziganda, no apellido de ciudad... No. Al Athletic se le volvió a helar la sangre y al Málaga le ardía. Se dio cuenta tras el retorno del vestuario, que el Athletic le invitaba a medir su miedo, a examinar su coraza, a calcular su desorden. Y todo lo hizo. Su abordaje fue rotundo, enorme y el Athletic se hizo pequeño. A alguno se lo tragó la hierba. Lekue, que jamás será un defensa fiable (quizás un extremo razonable) cometió penalti sobre Rosales desorientado, aturdido, rey del desconcierto. San Mamés se mordía las uñas cuando En-Nesyri disparó a media altura fuerte hacia su izquierda y Kepa despejó el balón manteniendo rígida su mano izquierda. Colocación, agilidad y fuerza en la misma acción para un penalti bien lanzado, pero mejor adivinado.

El Athletic y se había metido en un cajón a ver si el Málaga se entretenía en buscarlo y se le iba el tiempo. Más que defender corría, más que marcar al rival se tropezaba, el desorden era magnífico. Rolan, que había sustituido a Lestienne cabeceó a bocajarro y despejó Kepa que repelió también el tiro posterior de En-Nesyri. Lekue definitivamente había sucumbido y Ziganda lo sustituyó por Saborit y el público aplaudió a ambos.

El resto fue sufrir, vivir con el miedo, convivir con la costumbre de padecer como si el fútbol fuera un castigo. Y como tal se lo tomó el público que despidió al equipo con silbidos a pesar de la victoria. El miedo ya es de todos.

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