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Javier Fernández logra el bronce de patinaje en los Juegos de Pyeongchang

El madrileño conquista la segunda medalla española de la cita olímpica, tras la de Regino en snowboard. Yuzuru Hanyu revalida el oro

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Javier Fernández, con la bandera española tras ganar el bronce. Getty

Un jadeante Javier Fernández (Madrid, 26 años) se queda mirando la valoración de los jueces. Acaba de completar un programa largo sin grandes fallos, fiel a la estrategia prudente que ha seguido hasta los Juegos de Pyeongchang. La espera, junto a su entrenador Brian Orser y la coreógrafa Tracy Wilson, dura unos segundos hasta que aprieta los dientes y suelta un “OK” con aires de aprobación y resignación. El madrileño no es un deportista de alardes ni golpes en el pecho, pero su ambición es colosal, sobre todo ante el último reto olímpico de su carrera, al que respondió este sábado con un bronce extraordinario, muy cerca de ser plata. Fue la segunda medalla española en Corea, y la última salvo sorpresa mayúscula, tras la del malagueño Regino Hernández en snowboard cross.

Javier alargó el palmarés invernal del apellido Fernández. Hasta la cita de Pyeongchang España no conseguía subirse al podio en unos Juegos desde 1992, cuando otra Fernández (Ochoa) y de nombre Blanca, se colgaba el bronce en eslalon. 20 años antes, su hermano Paquito inauguró la vitrina nacional con un oro en Sapporo 72.

“No es de oro ni de plata, pero para mí sí que lo es. Todo el trabajo que hemos hecho ha servido para conseguir un sueño. Me he quitado un peso de encima, me quité la espina que tenía clavada desde Sochi”, exclamó Fernández con el bronce en el cuello, sobre el podio que se le escapó hace cuatro años por 1,18 puntos. “No creo que esté en los próximos Juegos, por eso esta medalla es tan importante”, añadía a Eurosport el español, que en principio disputará en marzo el Mundial y después planificará su retirada, algo que podría hacer de manera gradual.

Unos minutos antes, un programa libre de 197.66 puntos le hizo sumar, con el corto del viernes, un total de 305.24, solo 1,66 por debajo del japonés Shoma Uno, que le arrebató la plata casi en la fotofinish. El oro fue para el compañero de entrenamientos del español en Toronto (Canadá), el japonés Yuzuru Hanyu, impecable en Corea, donde sumó 206.17 en el largo, 317.85 en total. Nadie encadenaba dos victorias olímpicas desde 1952.

Sobre el hielo, Fernández hizo eso que siempre le ha pedido su entrenador: ceñirse al plan, dejarse de improvisaciones, que fue lo que le costó el podio en Sochi. Frente a la complejidad técnica de sus rivales más jóvenes, con programas más físicos con hasta seis cuádruples, el salto más difícil, él mantendría los tres que ya llevó a Rusia. Lo hizo con su quijotesco Hombre de La Mancha, el homenaje al personaje de Cervantes que tanta justicia hace a su delirante empeño: un español triunfando en un deporte de hielo entre japoneses, estadounidenses y otras potencias. Una vez más, el patinador nacido en un país con menos de 20 pistas de hielo, y apenas 500 fichas federativas, desafiando al establishment del patinaje. Nadie en su país había ganado un campeonato europeo y él ha sumado seis seguidos; nadie se había subido al podio en un Mundial y él conquistó dos (2015 y 2016), arrebatándole el trono a Yuzuru Hanyu, uno de los talentos más extraordinarios que ha dado el patinaje.

Fernández exhibió un programa prácticamente limpio, sin caídas, pero dejó en doble uno de los tres cuádruples, tipo salchow, lo que le hizo perder la plata. Esa medalla fue finalmente para Shoma Uno, que le superó aunque en uno de sus saltos se fuera al hielo, una de las cosas que más le cuesta entender al ojo inexperto. La nota del español se quedaba en 197,66, lejos de los 216.41 que logró en el Mundial 2016, su tope, una marca que le hubiera dado el oro. Fue bronce, porque su programa largo solo fue el cuarto con más nota.

El medallista agradece el apoyo a través de sus redes sociales.

Ni siquiera Hanyu fue el mejor del día, aunque la suma le llevara a revalidar el oro. Ejecutó cuatro cuádruples, demostrando que había llegado a los Juegos totalmente recuperado de su lesión en el pie derecho —su rendimiento se había mantenido oculto desde noviembre—.

El mejor programa libre lo realizó el estadounidense Nathan Chen, el nuevo rey del cuádruple, que se convirtió en el primer patinador en aterrizar seis. Aunque su desastroso corto del viernes (acabó entonces el 17º) no le permitió ser más que quinto.

La medalla de bronce de Javier Fernández pone el broche a una carrera que se acerca a su último capítulo. Una leyenda de pionero sudada y escrita a golpe de cuádruple, fruto de una unión imposible entre el hielo y España. Una unión que a partir de ahora estará siempre bañada de bronce.

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