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Pablo Laso: “La identidad de este equipo es el mayor título”

El entrenador del Real Madrid alcanza este jueves ante el CSKA (18.00, Movistar+) los 500 partidos al frente del banquillo blanco y repasa con EL PAÍS los hitos de sus siete temporadas en el club

Pablo Laso, entrenador del Real Madrid
Pablo Laso, entrenador del Real Madrid

Desde la salida del Real Madrid del Pablo Laso jugador, en 1997, hasta su segunda llegada al club, en junio de 2011, los blancos solo ganaron cuatro trofeos en 14 cursos. En su séptima temporada en el banquillo, el técnico vitoriano, de 50 años, colecciona 13 títulos y un excelso recorrido competitivo que esta tarde, ante el CSKA en Moscú (18.00, Movistar+) alcanza la frontera de los 500 partidos.

Pregunta. ¿Qué hace falta para cumplir esa cifra en el Real Madrid?

Respuesta. Ganar. Yo no pienso así y voy más allá de la inmediatez del resultado. Creo que el éxito es una consecuencia del trabajo pero, en mi puesto, ganar es muy importante.

P. ¿El siguiente reto son los 734 de Lolo Sainz?

R. Nunca he pensado en las cifras. Si cuando estábamos buscando casa en Madrid le hubiera dicho a mi mujer que íbamos a estar siete años aquí habría cambiado hasta nuestra idea de familia. Ni ella ni mi entorno creían que iba a durar tanto, pero a mí se me ha pasado muy rápido porque he tenido mucho trabajo. Ahora no pienso en alcanzar a Lolo. Ojalá. Pero me motiva el día a día, no el largo plazo.

P. ¿Cuál fue el primer contacto para su fichaje?

R. Fue con Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros durante el campeonato de España júnior en Galicia, en mayo de 2011. Había terminado la temporada con San Sebastián, nos fuimos a comer y hablamos de muchas cosas, también del Madrid. Después, en junio, estaba de vacaciones en Vitoria y recibí la llamada definitiva. Se hizo todo muy rápido. Era una gran oportunidad, un reto grandísimo, pero estaba convencido de que podía salir muy bien. Tenía muchas ideas y el Madrid tenía grandes jugadores. Venían de una etapa dura pero consideraba que podía aportar cosas positivas para crecer todos. Conocía la casa de mi etapa de jugador. Mi llegada no fue un ‘dónde voy’ sino regresar a un territorio conocido.

P. ¿Pensaba que iría tan bien?

R. Sí. Yo era el que más confianza tenía. Desde que existe la ACB he estado en todas las ediciones salvo en dos o tres, entre jugador y entrenador. Al final esto es baloncesto y llevo toda mi vida en esto. A veces se toman decisiones creyendo que son las mejores y luego no lo son y otras en las que todo el mundo cree que no es la correcta y aciertas.

P. ¿Cómo se hace para prolongar tanto un ciclo competitivo?

R. Intentando que ni la victoria ni la derrota nos cambie. Mantener la identidad no es fácil porque cuando pierdes parece que todo está mal y cuando ganas parece que todo es perfecto. Tengo la suerte de trabajar con gente que mira siempre hacia adelante. No dejamos de pensar en cómo ser mejores mañana y eso empieza con el trabajo con los chicos de 13 años. Ahora todos estamos encantados con Doncic, pero el trabajo para que ahora sea un jugador tan importante empezó hace mucho tiempo. En esta etapa hemos sufrido las salidas de jugadores clave a la NBA como El Chacho o Mirotic y si se va Luka tampoco podremos hacer nada. Ojalá se quedara aquí mil años, pero ninguna situación puntual nos ha hecho cambiar la idea de lo que queremos ser como equipo. Aquí no se puede decir ‘y ahora ¿qué?’. Siempre hay que reinventarse para mantener el hambre individual y colectiva.

P. Han ganado 13 títulos y han disputado 18 finales, ¿podía haber sido mejor?

R. Hemos ganado mucho pero soy de los que piensa que podíamos haber ganado más. En Milán, por ejemplo, llegamos con Draper lesionado, con Carroll recién recuperado… y en la final, recuerdo una jugada en la que Bourousis lanza debajo del aro, le hacen falta y el balón hace la corbata y se sale. Si la hubiera metido igual hubiéramos ganado esa final ante el Maccabi. Nos tocó comernos la decepción y seguir trabajando.

P. ¿La peor derrota y el mejor triunfo en este periodo?

R. La peor derrota no sé. Lo fácil sería decir las finales de la Euroliga o el día que me echaron en el Palau en silla de ruedas… Me he lesionado más como entrenador que como jugador. Como triunfo siempre me acuerdo de la final de Copa de 2012 ante el Barça en el Sant Jordi. El primer título. Me contaron que una persona del mundo del baloncesto dijo la noche anterior ‘estos se van a llevar una buena’. Lo dijo un entendido. Yo creía lo contrario y ganamos jugando muy bien. Fue muy importante para que mis jugadores creyeran en el camino que habíamos iniciado. Sin aquello igual no estábamos aquí. No sé lo que hubiera pasado al día siguiente. Fue un partido clave por muchas cosas, no solo por la victoria y por ser la primera Copa del club en 19 años. Fue un punto de inflexión. Después, el año 2015 fue espectacular. No es que ganáramos todo con el primer equipo, es que la cantera ganó todos los campeonatos. Fue irrepetible.

Llull, Sergio Rodríguez y Laso tras ganar la Euroliga de 2015
Llull, Sergio Rodríguez y Laso tras ganar la Euroliga de 2015

P. ¿Siete temporadas después cómo consigue que el mensaje del entrenador siga llegando a los veteranos del vestuario?

R. Saben lo que les exijo. Han podido estar o no de acuerdo conmigo pero nunca han dejado de trabajar. Siempre transmito que en este equipo todo el mundo va a tener su oportunidad y la tienen. Por eso siempre están preparados para dar lo máximo. Felipe Reyes entrena igual hoy que hace siete años. Está más mayor, sí. Y qué. Siempre ha mantenido un nivel competitivo altísimo. No hay mayor orgullo que conseguir que mis jugadores compitan todos los días. Felipe es un gran líder en eso. Llegan jugadores nuevos en su posición y alucinan con él, por eso es tan valioso. Por eso, cuando van entrando jugadores jóvenes como Doncic, ven ese ADN. Eso marca el nivel de compromiso, la exigencia del Real Madrid. Respecto a mis mensajes, hay veces que el silencio es la mejor charla y hay veces que hay que apretar las tuercas como en algún tiempo muerto. Luego llego a casa y mis hijos me dicen ´la que has montado’. Soy así.

P. ¿El mejor elogio en estas siete temporadas?

R. El elogio más bonito es que mi equipo sea reconocible. Que los aficionados se hayan identificado con nosotros. Ese es el título del reconocimiento, por eso no olvidaré nunca la ovación del Palacio tras caer ante el Fenerbahçe en el playoff de 2016. Fue un plus. La identidad es el mayor valor, por eso la exigencia es innegociable. El espíritu define a un equipo

P. ¿Esta temporada está siendo la más difícil por la acumulación de lesiones?

R. Todas las temporadas son difíciles. En esta, la complejidad ha sido muy evidente de cara al exterior porque se nos lesionaron muchos jugadores importantes; Llull antes incluso de empezar. Pero cada año salen y entran jugadores y hay que intentar armar un equipo. Nunca me vengo abajo por las lesiones y no soy de poner excusas. Hemos tenido que reconstruirnos, pero lo bonito del baloncesto es buscar soluciones. La fuerza de un equipo siempre está en el grupo no en las individualidades. También han venido jugadores que nos han dado muchísimo. Cuando fichamos a Chapu la gente decía que era muy mayor y sin embargo fue muy importante. Nos dio otra dimensión. Se retiró y nos jodió a todos, pero nadie es eterno. Nada en deporte es eterno.

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