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El triste epílogo de Conchita Martínez

Tras asumir el mando en un momento convulso y devolver la cohesión, la técnica cierra su capitanía entre la frialdad federativa y el distanciamiento de los jugadores. Ferrero o Bruguera, el posible relevo

Conchita Martínez, durante una eliminatoria con España.
Conchita Martínez, durante una eliminatoria con España. AP

Asumió el mando cuando nadie, o muy pocos, se atrevían, después de un periodo intempestivo en el que se produjo una guerra abierta entre los altos cargos y los jugadores, con todo el mundo a la gresca y la casa patas arriba, con el tenis español dividido y la herida profundamente abierta. Y, ahora, momento del adiós, Conchita Martínez se marcha por la puerta de atrás, sin la intención de provocar ningún incendio pero con la desazón provocada por la frialdad de los dirigentes y la distancia que han marcado los tenistas, tibios en el mensaje y, sobre todo, elocuentes a través de los silencios.

Hace una semana, la Real Federación Española de Tenis (RFET) anunció que prescindía de la capitana de los equipos de la Copa Davis y la Copa Federación. Después de tres cursos al frente del primero y cinco del segundo, su contrato vencía en diciembre, aunque los rectores decidieron adelantar la marcha. “No es un despido, sino una no renovación, que son dos conceptos muy distintos”, precisan desde la Federación, cuyo anuncio fue correspondido con la respuesta de la preparadora: “No merecía un final así de irrespetuoso”.

Desde entonces, reproches soterrados desde una y otra parte y, por encima de todo, el frío distanciamiento de los jugadores y las jugadoras. Y es que ningún tenista, motu proprio, mostró un apoyo explícito a Martínez cuando se hizo pública la salida, mientras que a su llegada (julio de 2015) recibió el soporte unánime de todos ellos. Dice la ya exseleccionadora que, después de hablar con varios pesos pesados, estos le aseguraron no haber sido consultados para nada, mientras que desde la Federación se transmite la idea contraria.

“Hemos ido haciendo sondeos desde hace meses y la cosa está clara…”, explican. “En el mejor de los casos, la respuesta fue la indiferencia…”, agregan desde la RFET, que hoy reunirá a su junta directiva con el objetivo de determinar al sucesor de Conchita. Para la Copa Davis se barajan dos opciones, la de Juan Carlos Ferrero (exnúmero uno y ganador de Roland Garros) de forma prioritaria y la de Sergi Bruguera (tres del mundo y bicampeón en París) como alternativa; y para el cuadro femenino, María José Martínez, Anabel Medina y Vivi Ruano completan la nómina de candidatas.

Reconocimiento, ciclos y méritos

Mientras tanto, la excapitana se marcha dolida. Acepta la decisión, pero no las formas. Entiende Martínez que su figura y su labor en el banquillo merecen mayor reconocimiento que un gracias y un adiós, y un poco más de tacto que una citación en un despacho y encontrarse al abrir la puerta ya el anuncio. “A lo mejor podía haberse evitado esta polémica”, afirmaba hace tres días Feliciano López, tras un acto solidario en Getafe. El toledano, uno de los tótems del equipo en la época dorada, sintetizó al ser preguntado el sentir general de los tenistas.

“Ella lo ha dado todo y le tenemos un cariño muy grande”, apuntaba Feli, “pero llega un momento en el que hay que cambiar, todo son ciclos”. Después habló Rafael Nadal, presente hoy en Praga junto a otras figuras para jugar un torneo en honor al australiano Rod Laver: “Entró en un momento traumático y ha hecho un trabajo importante. Nos arropó y nosotros la arropamos a ella”, terció el número uno, luego sumamente directo: “Hablando claro: ha estado tres años en el banquillo y es un tiempo razonable. Hay otros exjugadores de renombre que también se merecen estar en ese lugar”.

Antes, Garbiñe Muguruza se expresó desde la tibieza: “Es un tema delicado. Me hubiera gustado que Conchita siguiera, pero la capitanía la decide la Federación”. Desde las alturas, el presidente Miguel Díaz Román trató de rebajar la tensión. “Han sido todo alabanzas, porque Conchita es historia de nuestro deporte”, indicó el lunes; “nosotros decidimos en base a una serie de criterios porque nuestra directiva está compuesta por gente del tenis que no toma decisiones porque sí, estas cosas no se hacen a la ligera”.

Dos años de tregua

Y, ¿por qué se comunica ahora? “Para empezar se hace por ella misma, porque así no se queda fuera del mercado y si quiere trabajar con algún jugador tiene margen”, esgrimen de partida desde la RFET; “y además, los jugadores ya están diseñando sus calendarios para 2018, de modo que es más fácil interpretar su voluntad de participar o no en el equipo. Esa información es básica para el que venga y para nosotros, porque la propuesta que podamos presentarle varía en función de la mayor o menor implicación de los tenistas”.

En consecuencia, la polémica del tenis español vuelve a avivarse después de un par de años de tregua en los que Martínez logró el regreso al Grupo Mundial de la Copa Davis (cuatro eliminatorias solventadas y dos derrotas) y la Fed Cup, aunque con las chicas volvió a descender hace unos meses, sin Muguruza ni Carla Suárez en la convocatoria. Se marcha la aragonesa después de reconstruir, pacificar y cohesionar, suavizando la transición generacional –con ella, Nadal intervino en dos series, en Dinamarca e India– y dando entrada a los nuevos aires de Pablo Carreño (26 años) o Jaume Munar (20).

Sin embargo, se va Martínez entre una nube de neutralidad y silencio, ante una relativa indiferencia que supone un triste epílogo para la excapitana.

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