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El ocaso de Usain Bolt ralentiza los 100 metros

El jamaicano y el ganador, Justin Gatlin, no ven relación entre las marcas bajas de la final y la mejora en los controles antidopaje

Final de la carrera de 100 metros. Ver fotogalería
Final de la carrera de 100 metros. AFP

La final de los 100m puede entenderse como la del crepúsculo jamaicano (solo un bronce, Bolt, para la nación dominadora de la década), la resurrección norteamericana (oro y plata, Gatlin y Coleman, para el imperio del norte, algo no visto desde 2001) y el regreso a la lentitud.

Usain Bolt quedó tercero en su última final de 100m con 9,95s, un tiempo muy lento para los límites que él mismo hizo posibles. Tan lento que apenas se citaba más que en las clasificaciones, y abajo, a todos aquellos atletas que en las finales mundiales u olímpicas de la era Bolt corrían en ese tiempo.

Tan lento que 9,95s solo valió un bronce en la final de Moscú 2013, que Bolt ganó en 9,77s. Y el campeón, el redimido Justin Gatlin (si, aceptando las doctrinas calvinistas, solo la victoria se considera señal de redención), ganó con 9,92s, un tiempo que tampoco le habría valido de mucho en cualquier final de las últimas décadas. De las 14 finales disputadas desde los Mundiales de Roma 87, solo dos atletas, en 1995, Bailey, y en 2003, Collins, consiguieron el oro con un tiempo más lento. El propio Gatlin corrió en 9,88s para ganar el Mundial de Helsinki, y con tiempos mucho mejores no fue capaz de derrotar a Bolt en ninguna final hasta Londres 17: en Pekín 2015 corrió la mejor final de su fina (9,80s) y perdió por una centésima ante el jamaicano un año en el que llegaba a la cita con la mejor marca previa de todos, 9,74s; 9,89s en los Juegos de Río 2016, a ocho centésimas del que antes de su bronce del sábado quería ser recordado como el imparable, el imbatible.

Solo un atleta ha bajado de 9,90s en en 2017 y ninguno de 9,80s, marcas que parecían hasta sosas en los tiempos del rayo, y solo 17 de los 10s. En la conferencia de prensa de los medallistas, una periodista resumió todos los datos en la conclusión, lógica, de que se ha corrido este 17 más lento que nunca y se atrevió a preguntar a los tres, a Bolt (30 años), la imagen brillante, Gatlin (35), la sombría del caballero negro, y Coleman (21), la ingenua juventud, si algo tendría que ver el hecho de que hubiera controles antidopaje más estrictos en los últimos años. Y ni necesitó recordar que todos los más grandes de la década, salvo Bolt (Blake, Powell, Gay, Carter…) habían dado positivo en los últimos años.

Bolt, tras la final de Londres.
Bolt, tras la final de Londres. Getty Images

La pregunta permitió ver la verdadera cara de Bolt, que casi salta de la silla con un cómo te atreves a acusarme entre risotadas coreadas por el resto de presentes y dijo, retórica en acción: “¿A ver, a ver, qué quieres decir, qué insinúas?”. Luego, más lentamente, elaboró su respuesta mientras recibía gestos de aprobación de sus compañeros y rivales. “Estoy seguro de que los tres nos sentimos ofendidos por tu pregunta. Yo he trabajado muy duro; Justin ya purgó su pena [pasó una sanción de cuatro años el campeón] y ha superado todos los controles una y otra vez. Y yo también los he superado. Y el chaval solo está llegando y lo hace muy bien. Ha rendido lo máximo para probar al mundo que va a ser uno de los grandes. Hay tantas cosas que pueden afectar el tiempo de un 100m, puede haber lesiones y hay veces en las que las cosas no van tan bien como esperar, así que nos has faltado al respeto, nos sentimos ofendidos, ¿te enteras? Hemos hecho grandes cosas a lo largo de los años. Sí, ha sido una final lenta, pero el espectáculo ha sido grandioso. ¿Te enteras?”

Y Gatlin le cogió el micrófono y remachó: “Aún somos seres humanos. Trabajamos muy duro mientras vosotros, los periodistas, os pasáis el día sentados ante el ordenador. Por supuesto que a veces no nos salen los mejores tiempos, pero lo que hicimos esta noche es lo mejor que el mundo puede ofrecer, la carrera más emocionante de todo el año. No me hables de algoritmos o de dopaje…”

Coleman asumió su papel. “Creo que ya lo han dicho todo”, dijo, y los periodistas rompieron a reír.

 

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