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Saúl Ordóñez, la perla del mediofondo español, se pierde el Mundial

Víctima de las circunstancias, el atleta berciano, campeón de España de 800m, solo consigue la mínima con el plazo cerrado

Mundial de atletismo Londres Ampliar foto
Saúl Ordóñez celebra su victoria en los 800m del Campeonato de España. EFE

Cuando ya empezaba a anochecer en Barcelona el domingo 23 de julio, Fermín Cacho le preguntó a su amigo Miguel Ángel Mostaza: “¿Quién va a ganar el 800?” “Saúl Ordóñez”, le respondió el afamado mánager de atletas, que estaba sentado a su lado en las gradas del Estadio Serrahima, espectadores de los Campeonatos de España. “Anda ya”, replicó Cacho, incrédulo. “No te lo crees ni tú”.

La del 800 masculino era la final estrella de los campeonatos. Álvaro de Arriba, Daniel Andújar y Kevin López, los tres grandes favoritos, forman parte de la crème de la crème del atletismo español. Kevin, el más veterano, dejó el récord español en 1m 43,74s, una marca de nivel mundial, hace cinco años; los más jóvenes, Andújar y De Arriba, medallista en los europeos en pista cubierta, habían rozado el 1m 45s pelado una semana antes en Madrid. Ante ellos, Ordóñez, de 23 años, berciano de Salentinos, apenas podía lucir públicamente un pasado de subcampeón de Europa sub 23 en 2015, y una marca en la frontera del 1m 47s. Pero unos cuantos, y su agente, Mostaza, era uno de ellos, sabían que valía mucho más que eso.

En la pista, lo demostró. Corrió por la cuerda, sin gastar apenas, los primeros 700 metros, y en la recta final solo se movió cuando De Arriba inició su sprint después del cambio de ritmo de Kevin, que iba en cabeza. A los dos los superó Ordóñez con su zancada muy ligera y muy ágil, fácil, de pura clase, de esas que no exhiben el esfuerzo que hay detrás de ella, y abrió los brazos en triunfo un metro antes de la meta como lo hacían Coe, Borzakowski, Robeto Parra o Reina, su ídolo, y otros cracks de la distancia con final terrible. Es el mejor español del momento en la distancia. El gran rematador. Un ganador que no estará en Londres, donde el viernes comienza el Mundial de atletismo en un estadio olímpico rodeado de hierbajos y de recuerdos nostálgicos de los Juegos de 2012, como la mochila de periodista que aún lleva Jonathan Edwards, aún recordman mundial de triple salto ante quien todo se detiene en el centro de acreditación, y el color morado vuelve a ser el rey. El miércoles, cuando, inevitable en Londres en agosto, llovía de narices aterrizó en Heathrow el grueso del equipo español, que con el director técnico Ramón Cid al frente se aloja en un hotel junto a la Torre. Entre los atletas han viajado Kevin López, Álvaro de Arriba y Daniel Andújar, los derrotados por Ordóñez, que no consiguió la mínima a tiempo, y no por culpa suya.

La serie A del mitin de Madrid, la carrera en la que sus coetáneos de la generación del 94, De Arriba y Andújar, habían logrado las mejores marcas de su vida, y asegurado su presencia en el Mundial de Londres, no la pudo correr Ordóñez porque los organizadores, justamente la federación española, no le admitieron. “Intenté que le hicieran un hueco, pero me explicaron que habían contratado a muchos extranjeros a los que no podían dejar fuera, y condenaron a Saúl a la serie B”, explica Jorge González Amo, responsable de medio fondo del comité técnico nacional, a quien se le llevan los demonios cuando recuerda el incidente. “Como su marca de referencia no era buena no quisieron creerme cuando les dije que estaba para hacer lo que quisiera… Y por eso no tendremos en Londres al mejor”. Los ocho primeros del 800 de Madrid del 14 de julio bajaron de 1m 45,90s, la mínima de Londres. La prueba tuvo una gran repercusión en Egipto, pues, con 1m 44,92s, Mohamed Ahmed Hamada, el segundo clasificado, logró el récord nacional del país de las pirámides. Ordóñez ganó con facilidad la serie B, pero, sin una liebre que marcara un ritmo acelerado, su marca se quedó en 1m 46,96s.

Ordóñez dejó el Bierzo a los 17 años para matricularse de Geografía en la Universidad de Valladolid. “Fui directo a entrenarme con Uriel Regueros, el hijo de Elías, porque otra gente estaba con él y me habían hablado muy bien”, dice Ordóñez, una persona que no deja que las mezquindades de los demás le amarguen la vida. Se siente berciano, pero no es un patriota de los lugares, solo de su familia y de su gente, de sus amigos, por lo que ni se siente especialmente gallego, pese a correr en un club gallego y haber pasado tiempo en O Barco, ni castellano, pese a vivir en Pucela y pese a sufrir los provincianismos. La federación castellanoleonesa, por la que corre, le ha retirado la beca de residencia después de fichar por el New Balance, uno de los mejores de España, porque no es un club castellanoleonés. “El atletismo no lo es todo en mi vida. Intento sacar el máximo partido a todo lo que hago. La vida está para que intentemos realizarnos en algún sentido. Hay que moverse, hay que tener curiosidad”.

Cuatro días después del campeonato de España, el jueves 27, Saúl Ordóñez ganó el mitin de Pamplona con 1m 45,27s, una marca conseguida en una prueba enteramente nacional (David Palacio y Jonathan Gaveta fueron sus liebres, pagadas a medias por Mostaza y el organzador) y que le habría llevado a Londres si el plazo no se hubiera cerrado el martes. “Cuando gané el campeonato de España, como no tenía mínima, no me dolía lo de no ir al Mundial”, dice. “Pero el jueves, volviendo de Pamplona a Valladolid tras lograr esa marca, sí que me dio rabia, me duele, sí. Jopé, nunca he sido internacional en un Mundial… Habría sido el golpe de mi carrera”.

Jorge González Amo, un milquinientista en los Juegos de México 68, anda siempre a la busca de la siguiente joya de la distancia. “Saúl será el mejor de la próxima generación de 1.500m, es al que todos esperamos”, dice. Y Ordóñez, le oye y espera. “Seguiré haciendo 800m y 1.500m, pero yo qué sé en qué acaabré. El 1.500 tiene fama de ser la distancia de los mejores, pero día a día endré que ver en qué voy mejor…”