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Jordan Spieth manda en el Open Británico entre los supervivientes

El estadounidense es líder con dos golpes de ventaja tras una jornada muy difícil marcada por el viento y la lluvia

Jordan Spieth, durante la jornada.
Jordan Spieth, durante la jornada. REUTERS

No hay Open sin viento ni agua. El cielo convirtió la jornada de este viernes en el grande británico en un día de supervivientes. No se trataba de dejar la bola cerca sino a salvo, de hacer que volara lo más bajo y menos posible, y de rezar para que en el momento del putt no se levantara ninguna diabólica racha que estropeara cualquier cálculo. “Salen bogeys sin querer”, resumió Jon Rahm, una de las víctimas del tremendo meneo que pegó al viento y la lluvia a los jugadores. El de Barrika acabó la ronda con cuatro sobre el par en el día, tres arriba en total. Sergio García, que es perro viejo, fue de los únicos ocho golfistas que vistió de rojo su casillero (-1). Rafa Cabrera Bello acabó en tablas con el campo después de +3 en la jornada, y Pablo Larrazábal hizo las maletas con seis arriba en total (+4 en el día). No hubo prisioneros. Sí un rey: Jordan Spieth, líder con dos golpes de ventaja sobre Matt Kuchar, y tres sobre Ian Poulter y Brooks Koepka. Solo hay nueve jugadores bajo el par en la clasificación.

La clasificación

1. Jordan Spieth (EE UU), 134 golpes, seis bajo par.

2. Matt Kuchar (EEUU), 136 golpes, -4.

3. Ian Poulter (Ing) y Brooks Koepka (EEUU), 137 golpes, -3.

5. Richie Ramsay (Esc), 138 golpes, -2.

6. Rory McIlroy (Irl.N.), 139, uno bajo par.

10. Rafa Cabrera Bello, 140, en el par.

24. Sergio García, Ricky Fowler (EEUU), 142, +2.

35. Dustin Johnson (EEUU), Jon Rahm, 143, +3.

Fuera del corte se quedaron Pablo Larrazábal (+6) y Phil Mickelson (+10). Hoy, tercera jornada.

Spieth firmó -1 en las peores condiciones. En el turno de tarde la lluvia se unió al viento de la mañana y convirtió el campo en una carrera de obstacúlos. La tormenta obligó a detener el juego unos minutos. En ese laberinto, dos momentos retrataron el golf de genio de Spieth. Bajo el aguacero, el estadounidense se sacó de la chistera un golpe desde el collar del green del 10 para salvar el par. Y en el 15 firmó un eagle que marcó las diferencias entre él y el resto. Mientras los demás sobrevivían, para él era otro día en la oficina.

En 2015, Spieth llamó a la revolución. Ganó el Masters y el US Open, y fue segundo en el PGA y cuarto en el Open. Tiger Woods ya tenía sucesor. Y aunque 2016 fue un año seco en grandes, el joven sigue alimentando las comparaciones con Tiger. Ambos son los dos únicos golfistas en ganar al menos 10 torneos del PGA antes de cumplir los 24 años. Woods sumó 15. Spieth, que cumple los 24 el próximo jueves, suma 10, dos esta temporada en la que ahora puja por el Open.

Detrás de Spieth, los supervivientes. A Rahm se lo llevaban los demonios. Tres bogeys en los tres primeros hoyos pusieron a prueba sus nervios. Y ya se sabe que el vasco no es de naturaleza calmada. “Ha sido el viento”, decía; “los dos primeros putts han ido bien tirados, pero el viento los ha quitado de la línea”. Las explicaciones lógicas no le valían entonces. Al primer fallo, torció el gesto. Al segundo tiró el hierro al suelo. Luego golpeó la bolsa con el palo. Volvió a tirar el palo al suelo. Miró al cielo enfadado. Resopló. A Rahm el talento que le sobra le hace ser impaciente por ganar y ganar. Cuando se frustra, sale la bestia. “Pero no es falta de concentración”, explica. “El campo te da y te quita. Es saber manejarlo. No hace falta ningún esfuerzo mental especial. Hoy hacer pocas era jugar muy bien al golf”.

A los tres bogeys seguidos del arranque —sus malos comienzos de jornada se le acumulan— sumó Rahm otros cuatro consecutivos en la segunda vuelta (11, 12, 13 y 14) y si salvó el tipo fue gracias a los birdies de los pares cinco (15 y 17). Al caprichoso viento se unieron las molestias que sufre el vasco en los isquiotibiales del muslo derecho, y que le llevaron al acabar la jornada al fisioterapeuta.

También en la camilla terminó Sergio García, por una lesión en el hombro derecho (al golpear un arbusto con el palo en el cuatro, un gesto de cabreo) que le hizo tomar antiinflamatorios. Su ronda de -1 tuvo doble mérito. El Niño fue muy agresivo desde el tee, como demostró con el driver en el hoyo cinco, un par cuatro, para dejar la bola al borde de green y embocar el putt. Un eagle soberbio. “Pero cuando el viento sopla así, hay que estar muy fino...”.

“El viento hace el campo lo más difícil posible”, apuntó Rafa Cabrera Bello. Quién mejor para sobrevivir que el canario. Pronto vio cómo se le esfumaban los números rojos que había arañado a base de esfuerzo. “Y eso que he jugado bien, muy bien”, lamentó. “Ha sido un día muy difícil, muy duro, un día para aguantar, sobrevivir. Le pegas un golpe bien y ves que la bola se va 30 metros a la derecha”. Cabrera, en el par, dice que se ve con opciones de victoria. Spieth tiene por ahora la palabra.

Clasificación completa del Open Británico.

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