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La Vuelta se pone al día con las azafatas

La carrera española suprime los besos en el podio al ganador y rebajará el protagonismo de las mujeres anuncio, que serán asistentes

Chris Froome y dos azafatas en el Tour de Francia.
Chris Froome y dos azafatas en el Tour de Francia. AP

Malos tiempos corren para los organizadores de carreras ciclistas, un deporte antiguo atrapado por fin por la modernidad. A Javier Guillén, el director de la Vuelta le gustaría que estos días sus mayores preocupaciones fueran la confirmación de una buena participación, la tristeza por la ausencia de Alejandro Valverde y la esperanza de que un Alberto Contador en forma le llegue con ganas desde el Tour. Sin embargo, tiene que responder a las demandas de la sociedad, cada vez en guardia contra las modas y comportamientos sexistas y machistas. Y en un deporte tan macho como el ciclismo, estos son muchos y arraigados.

“Las azafatas ya no darán el beso en el podio al ciclista que reciba premios”, dice Guillén, confirmando la información publicada por El Mundo. “Habíamos recibido muchas quejas, y no queremos que esa foto pueda repetirse”.

La Vuelta la organiza Unipublic, una empresa dedicada a la publicidad en su origen, y ese ADN aún rige la mayoría de sus decisiones: hacer lo que sea con tal de que se venda más el producto y sus anunciantes, y, por supuesto, que no genere publicidad negativa. “Mantenemos las cuatro azafatas de podio que teníamos los últimos años, pero establecemos nuevo protocolo de podio. Más que floreros, como se critica, que solo están para salir en la foto, pura presencia, tendrán una función de asistente, dándole el trofeo y el ramo de flores a la autoridad correspondiente, que será quien se los entregue al ciclista”, explica Guillén, por teléfono desde Madrid. En el podio de la Vuelta, que comienza el 19 de agosto en Nîmes, se entregan diariamente el premio al ganador de la etapa, al líder de la general, al maillot de la regularidad, el de la montaña, el de la combinada, y los premios de la combatividad y equipos. “En cada premio intervendrá una de las azafatas y también en un premio, aún no hemos decidido cuál, el asistente será masculino”. También tendrá presencia en el protocolo del podio el exciclista Óscar Pereiro, recientemente nombrado embajador de la Vuelta, que cumplirá un papel similar al que hasta el año pasado realizaba Bernard Hinault en el Tour: saludar a las autoridades y ayudar a los ciclistas.

El Tour Down Under, en Australia, fue la primera carrera que suprimió las azafatas, y en España, la mayoría de las pruebas siguieron su ejemplo. La Vuelta, en su momento la carrera cumbre de la exaltación de las azafatas en todos sus rincones (y había ciclistas y equipos que decían entonces, en los años 90, que era su carrera favorita por la cantidad de mujeres que había), es, curiosamente, la primera gran prueba de tres semanas que modifica y limita su aparición. El Tour mantiene su protocolo de siempre, con dos azafatas por premiado, sonrientes en la foto a su lado, y sin beso. La polémica generada en vísperas de este Tour con las declaraciones del ciclista belga Jan Bakelants (“al Tour me llevaré dos paquetes de condones, nunca se sabe por dónde han andado las chicas del podio”), apenas tuvo repercusión en Francia, y no obligó a ASO, el organizador del Tour, a cambiar sus hábitos. En el Giro de Italia, un país en el que aún usan mujeres en bikini en los anuncios de coches y sofás en la tele y en las vallas publicitarias, dos azafatas con carmín recién aplicado suben al podio con el ciclista festejado y le plantan la huella de sus labios que ellos lucen orgullosos en sus mejillas, la señal de su éxito, el estigma.

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