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Ona Carbonell conquista su plata individual más valiosa

La figura española de la natación sincronizada queda segunda con 93,653 puntos en la final de solo técnico, la mejor ejecución de su carrera, tras la magnífica Kolesnichenko

Ona Carbonell Ampliar foto
De izquierda a derecha, Ona Carbonell, Svetlana Kolesnichenko y Anna Voloshyna tras la final. AFP

Ona Carbonell obtuvo su plata más valiosa en Budapest. Sucedió en la mañana de este sábado en la final de solo técnico, la primera final de un total de siete en el programa del mundial de natación sincronizada que se celebra en la capital húngara. Los jueces puntuaron su ejercicio con 93,653 puntos, calificación que convalida la mejor ejecución de figuras individuales de su larga carrera. A sus 27 años, cuando las rivales con las que comenzó a competir en las grandes citas ya se han retirado, ella se demostró que puede seguir creciendo. El oro, sin embargo, todavía resulta inalcanzable. Svetlana Kolesnichenko, la última perla del obrador de Rusia, una joven de 22 años con una larga experiencia en la alta competición, fue capaz de conservar el extraordinario nivel de la escuela que representa.

La vocación innovadora del equipo español siempre chocó con el molde riguroso que la academia impone a las coreografías de la rutina técnica. Este ejercicio obliga a las participantes a completar una sucesión pautada de siete figuras básicas que parecen sencillas pero que exigen un gran esfuerzo aeróbico. La serie obliga a la misma concatenación a todas las participantes. Según la nomenclatura del manual, estas maniobras son, por orden de ejecución: barracuda con espagat, marsopa con giro de tirabuzón, posición de cola de pez y flamenco, salida de manta raya, tirabuzón combinado y barracuda simple. Cada una de estas posiciones exige remar cabeza abajo, en apnea, levantando el cuerpo hacia la superficie o por encima de ella. Cuanto más superficie de agua se recorra, cuanto mayor sea la elevación de las piernas en el aire, y cuanto más precisos y veloces sean los movimientos, mayor es el grado de valoración de los jueces.

Nadadora de potencia, precisión y gracia, Kolesnichenko hizo una exhibición de libro de cada una de las figuras. Consiguió 95,203 puntos, apenas unas centésimas menos que los 95,268 logrados en el solo mundialista de 2015 por la ya legendaria Svetlana Romashina. De baja por maternidad después de coronarse en los Juegos de Río, Romashina cedió el centro de la escena a Kolesnichenko, una muchacha sin atributos especialmente visibles que cuando se mete en el bañador es capaz de expresar un compendio de virtudes únicas.

Ona, experta en la faceta más interpretativa de la sincronizada, ha ganado fuerza con los años. Ese estado atlético superior le permitió manejar el manual de figuras con maestría y elevar la consideración del tribunal como nunca. La plata hizo justicia a una dedicación que es imposible sin sentir verdadero amor por este deporte.

La ucraniana Anna Voloshyna, con 91,999 puntos, completó el podio de Budapest. El bronce de la talentosa Voloshyna fue más abordable gracias a la retirada de China de la competición del solo técnico. Japón, modelo de saber hacer en esta materia, quedó cuarta.con 90,763 puntos.