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Indoor Skydiving, el deporte del siglo XXI

¿Le gustaría saber que se experimenta en el paracaidismo sin subirse a un avión? Pruebe el Indoor Skydiving

Eduardo Salete iniciándose en el "Indoor Skydive" Ampliar foto
Eduardo Salete iniciándose en el "Indoor Skydive" Madrid Fly

El sueño del hombre ha sido siempre volar, desde Ícaro hasta Da Vinci, desde los hermanos Wright a Félix Baumgartner. Volar es un sueño, tanto por el día como por la noche. Todos hemos surcado los cielos en alguna ocasión mientras dormíamos. ¿Cómo podría resistirse alguien a la experiencia de volar? Por eso he tenido que probar el túnel de viento que se encuentra cerca de mi casa: Madrid Fly. Un año viéndolo, una y otra vez, mientras pasaba con el coche, el primer túnel de viento para paracaidistas indoor de Madrid, frente a mis narices… Tenía que probarlo. Así que sin más me presenté en sus instalaciones. No niego que al principio iba con una cierta impresión de que estaba accediendo, más que a una actividad deportiva, a una especie de atracción de parque temático. Qué equivocado estaba.

Nada más entrar en las instalaciones de Madrid Fly, la presencia de una gigantesca construcción de cristal de 4,6 m de diámetro por 8 metros de altura domina la escena: el túnel de viento. Pero antes de introducirse en el ingenio y "remontar el vuelo como un gavilán", hay que prepararse.

En seguida me equiparon con el mono de vuelo, casco y gafas, lo que activó mi impaciencia, quería meterme en el túnel ya. Pero, claro, se necesitan unas instrucciones, no te dejan ir a lo loco. Así que mi instructor, Alberto, me dio las primeras directrices de vuelo en el aula. La posición de vuelo neutra para permanecer estable, que es una mezcla entre Spiderman y una mantis religiosa al acecho; posiciones de las manos para rotar; posición de manos y piernas para avanzar y retroceder; posición de cuerpo para subir y bajar y desplazarse de un lado a otro. Y, ¿cómo no?, un código de comunicación por signos de manos ya que en el tubo no se oye nada, hay que tener en cuenta que uno se introduce en una especie de secador gigante con viento de velocidad 180 Km/h, por lo menos. ¿Todo correcto? Todo correcto, la teoría me la sabía…veríamos la práctica.

Nada más entrar en el túnel me di cuenta de que volar y levitar son dos cosas distintas. Deseche toda idea de ingravidez tipo Superman que pueda usted tener sobre el vuelo. Volar requiere resistencia muscular. La flotabilidad neutra se experimenta cuando se bucea y la densidad del cuerpo se equilibra con la del agua. Por eso los astronautas de la NASA se entrenan en una instalación gigante subacuática para trabajar en las condiciones más parecidas de ingravidez (el Neutral Buoyancy Laboratory) con el fin de poder realizar sus “caminos espaciales” más allá de la atmosfera terrestre.

Beneficios vuelo indoor

Indoor Skydiving, el deporte del siglo XXI
Balder

Sentir la sensación del salto en paracaídas pero evitando la aprensión a la altura.

Fortalece musculatura en general por ejercicios isométricos.

Aumenta el sentido de la propiocepción

Puede quemar hasta 2000 Cal al día

No tiene impacto en rodillas

Genera endorfinas

Reduce estrés y efectos de la depresión

Aumenta la autoconfianza

En el túnel de viento, para mantener una posición de equilibrio, uno debe mantener una postura y una tensión muscular. Es cierto que los bisoños mantenemos una tensión mayor de lo necesario, como pasa en casi todos los deportes outdoor cuando se empieza. Pero estar en mitad de una corriente con un control del cuerpo limitado, porque la técnica todavía no se domina, se traduce en un mayor esfuerzo. Volviendo a los astronautas, los primeros “paseos espaciales”, fuero un desastre porque los astronautas no podían controlar sus cuerpos en ingravidez y volver a la nave, lo que les supuso un esfuerzo físico que les llevó a los límites, en algunos casos de la muerte.

Quizá la analogía sea un poco exagerada, porque en el túnel del viento uno jamás se siente inseguro. Por un lado el instructor corrige tus posiciones constantemente, por otro, un técnico en cabina regula la potencia de la corriente para que tu cuerpo despegue sin que salgas por el techo disparado y, por último, por mucho esfuerzo que sea haga, la sensación de vuelo es muy agradable. No es como en el espacio, creo. Pero lo cierto es que al principio el control del cuerpo se hace difícil.

Volar como terapia

Una de las consecuencias de volar que experimenté fue la sensación de bienestar. Del túnel del viento uno sale con una sonrisa, no sé si le echan algo al aire en Madrid Fly o es que volar genera endorfinas suficientes para pasar el resto del día feliz. Pero esta sensación es generalizada, algunos llaman al túnel del viento la “máquina de la risa”.

Por ese motivo, no es extraño descubrir que vuelo indoor se utiliza como terapia rehabilitadora en pacientes oncológicos infantiles. La Asociación Infantil Oncológica de Madrid ha llevado a cabo un proyecto donde niños de 7 a 15 años, que han padecido o padecen cáncer, fueron introducidos en el vuelo indoor. Los expertos observaron mejorías físicas, sobre todo en equilibrio dinámico y monopodal, pero también un aumento en la percepción de autoeficacia, autonomía y autoconfianza de los niños. Estos resultados, a la vez que el entusiasmo mostrado por los niños, ha llevado a seguir utilizando las instalaciones para este y otros colectivos con discapacidades.

Las sesiones de vuelo son de 2 minutos. Más que suficiente, teniendo en cuenta que un vuelo en paracaidismo suele durar entre 40 segundos y 1 minuto. Pero sobre todo, porque después de estar 2 minutos con casi cada músculo en alerta, un descanso viene genial. Así que mi instructor y yo nos alternábamos cada 2 minutos con una pareja de “voladores expertos”. Al cabo de poco uno interioriza posición y maniobras básicas de forma eficiente. Puede girar, subir y bajar y desplazarse hacia delante y atrás “autónomamente”. En total, estuve volando 15 minutos. Al día siguiente no había ni un solo músculo de mi cuerpo que no gritase de agujetas nunca experimentadas, sobre todo intercostales y glúteos. Pero las ganas de volver a volar mitigaban cualquier "daño colateral". A la semana siguiente regresé para realizar otros 15 minutos de vuelo, pero ahora que sabía a qué me enfrentaba, la diversión fue mucho mayor. ¡Incluso conseguí desplazarme lateralmente!

Y ahora la parte negativa: esto engancha. La sensación de vuelo es terriblemente adictiva. Engancha tanto que, si los de Madrid Fly me dejan, me hago un curso de volador en otoño. No sin antes probar el salto en paracaídas para saber si efectivamente se siente lo mismo que dentro del túnel. Ya le contaré…

Un deporte por derecho propio

Dos
Dos "pro-flyers" entrenan en el tunel del viento Balder

Los túneles de viento son instalaciones fantásticas para el entrenamiento de paracaidistas outdoor, tanto deportivos como militares, sobre todo porque se puede entrenar mucho más tiempo en un día a menor coste que lanzándose desde un avión, pero, además, porque un túnel de viento no depende de la climatología. Sin embargo, de estas instalaciones ha surgido un nuevo tipo de atleta: el “volador” indoor deportivo, con todas las de la ley.

Volar requiere de destreza, técnica y desarrollo muscular, debería ver usted la forma física de los voladores avanzados o de los instructores. Si yo fuese rico como Dwayne Johnson me construiría un túnel de viento para entrenar en mi casa. Este sí que sería un aparato de teletienda para hacer ejercicio de los de “con 15 minutos basta”.

La pericia que demuestran los voladores avanzados es fascinante. Giros vertiginosos, subidas y bajadas veloces, estabilidad casi instantánea, posturas imposibles. Los practicantes expertos de este deporte del siglo XXI, ejecutan maniobras con una plasticidad tal que el resultado es una especie de ballet aéreo, algo casi mágico. Es de los pocos deportes de “acción” que son espectaculares de ver in situ y por televisión. Existen dos competiciones internacionales anuales los Wind Games y los World Cup of Indoor Skydiving, donde los voladores expertos compiten en pruebas de velocidad, o en tándem  Freestyle donde muestran coreografías fantásticas.

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