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SEGUNDA DIVISIÓN

Xu Gembao, el chino que rompió con la maldición futbolera de Lorca

El exseleccionador de China compró el Lorca FC por un millón de euros y en un año lo subió a Segunda ejerciendo de presidente y técnico

El presidente de la región de Murcia, Fernando López Miras, junto a Xu Genbao Ampliar foto
El presidente de la región de Murcia, Fernando López Miras, junto a Xu Genbao EFE

Es difícil imaginar un municipio más condenado futbolísticamente que Lorca. El Club de Fútbol Lorca Deportiva, fundado en 1969, desapareció en 1994. El Lorca Promesas Club de Fútbol, fundado en 1986, dejó de existir en 2002. El Lorca Deportiva Club de Fútbol, inaugurado en 2002, fue descatalogado en 2015. El Ciudad de Lorca, creado en 1999, se disolvió tras una larga agonía, en 2009. No había manera de que los equipos profesionales prosperaran en la ciudad del castillo.

La maldición se suspendió hace poco más de un año cuando el empresario chino Xu Gembao examinó el mapa de España en busca de club para comprar. Que no lo ahogaran las deudas, que no estuviera en las islas porque allí reinan los inversores alemanes, que le permitiera tener el control accionarial, y que el mar se encontrara próximo, de acuerdo con el ancestral sistema filosófico taoísta del feng shui. El club La Hoya Deportiva, situado en La Hoya, una pedanía de la ciudad de Lorca, reunía estos requisitos. Solo cargaba con 70.000 euros de deuda en Segunda B y su situación en el cosmos, de acuerdo con las reglas de la antiquísima geomancia china, era fenomenal.

“Íbamos hacia La Hoya por la carretera y de repente aparcó en el arcén”, recuerda Joaquín Romeu, director general del proyecto. “Se bajó, señaló una nube en el cielo y dijo que representaba una señal providencial de bienvenida. ¡Estaba entusiasmado!”.

Gembao compró el club en enero de 2016 al empresario agricultor Luis Jiménez, famoso en la zona por vender 45.000 kilos de brócoli diarios. Pagó 1,3 millones de euros y le cambió el nombre por el de Lorca Fútbol Club.

En España no le conocía nadie. Pero en China, el sobrenombre de Gembao es rotundo: Padrino del Fútbol Chino. A los 71 años, se ufana de poseer un récord único. Nadie ganó dos Ligas chinas, nadie ascendió a tres clubes a la Primera china, y nadie fue jugador profesional, fundador de un club, entrenador y presidente. El carácter pionero del fútbol asiático le permitió multiplicarse. Comenzó por crear una academia en una isla de Shanghai a la que solo se accedía por barco. Con la primera generación de jugadores armó un equipo, el Dongya; lo ascendió a Primera y le brindó una reputación. En 2012 la autoridad portuaria de Shanghai se lo compró por 40 millones de euros.

Gembao empleó el dinero en divertirse. La adquisición de un club de fútbol en España fue exactamente una forma de entretenimiento. Invirtió 900.000 euros en fichajes y pagó salarios de hasta 4.500 euros al mes. Pero nuca se igualó con los clubes que más gastan en Segunda B. Lo que distinguió a la aventura fue el método. Lo explica el empresario chino Bin Wang, que ejerció de traductor presidencial, pues Gembao no habla ni una palabra de castellano. “En su filosofía”, dice Bin, “él pretende que los entrenadores no lo traten como presidente sino como asesor. Que se dejen ayudar. Él a los técnicos les decía: ‘‘¡Yo no quiero tu trabajo! ¿Para qué? ¡Este es mi dinero y lo cuido más que tú!”.

El presidente gusta de dar charlas tácticas con rotulador y pizarra. Despidió a dos entrenadores por rechazar este intervencionismo.

“En los primeros meses echamos a dos técnicos, Iñaki Alonso y Julio Algar, porque no les gustaba ver al jefe en el entrenamiento”, cuenta Bin. “Él no quería molestar pero veía que el equipo jugaba mal y les daba su opinión. Hasta que veía que el equipo estaba sin vida. Entonces: ¡a la calle! Él en China jamás echó un entrenador. Aquí hay un conflicto. La gente piensa: ‘¿Qué sabe un chino de 70 años que viene de un país sin tradición de fútbol?’ No lo escuchaban. Entonces, ¡adiós!”.

El goleador, Rafael Fernández Chumbi, se admiró de las charlas que cada lunes les impartía el presidente armado de un rotulador y una pizarra en la que trazaba flechas tácticas. “Tenía un pensamiento muy distinto del nuestro”, dice Chumbi. “Él está en España para aprender y disfrutar del fútbol siendo propietario de un club y llevándolo todo a cabo. Vivía en un hotel junto al campo de entrenamiento, le gustaba ver al equipo trabajar y hablaba con los jugadores mediante un traductor. Es un tío muy cercano. Cuando las cosas no iban bien nos lo hacía ver. Le gustaba hablar de fútbol y dar su versión de cómo tenía que jugar cada uno. Si yo hacía un mal partido me lo decía con un toque de humor”.

Discretos, los futbolistas no cuentan la parte más lucrativa de las charlas. Cada lunes, tras la reunión en el vestuario, Gembao repartía sobres con una prima en metálico para cada uno de los muchachos. "A nuestro presidente hay que darle mucho mérito porque hizo una apuesta económica por un club sin historia y con muchas adversidades", reclama el capitán Cristian Bustos.

"El jefe es un maniático del número tres", observa Bin, el fiel traductor; "siempre dividió sus charlas tácticas en tres partes, tres mensajes, tres ideas, tres pausas".

Como el club original, La Hoya, no tenía infraestructuras adecuadas, los entrenamientos se realizaron a 100 kilómetros de Lorca, en San Pedro del Pinatar, una localidad costera junto a La Manga. "El club, como todo el mundo sabe, tiene un año de vida", dice Bustos. "Hubo una transformación. Cambiaron el nombre de La Hoya de Lorca a Lorca y eso implicó una serie de dificultades. Tuvimos que jugar hasta la jornada 12 en San Pedro del Pinatar".

El Ayuntamiento, a cargo del regidor Francisco Jódar, del PP, tomó distancia. El acceso del equipo al estadio municipal fue restringido. Bin Wang todavía no descubre las razones. "No nos dejaban entrenar en el estadio", se lamenta con ironía. "Todo el mundo dice que China es comunista e intervencionista, pero cuando llegamos a Lorca nos dimos cuenta de que los que intervenían son los políticos de allí. Lorca es una ciudad muy comunista. Ahora el Gobierno chino ayuda al fútbol. El Gobierno de Lorca no. Buscaron unas excusas increíbles para no dejarnos el estadio". 

“Nunca pudimos entrenamos en Lorca ni en nuestro estadio", lamenta Bustos. "Por temas de Ayuntamiento. No nos dejaron. Cuando jugábamos en casa se nos hacía extraño. La afición tardó en engancharse. Al principio la gente estaba fría. Veían que el equipo iba líder pero jugaba a más de 100 kilómetros, los futbolistas no estaban nunca en Lorca. Cada jugador vivía en un sitio: Lorca, Alicante, Murcia, Pinatar… Y luego tuvimos desgracias: se nos lesionaron los dos referentes en ataque: Chumbi y Onwu...".

Asesorado por Joaquín Romeu en la parte administrativa y Paco Zaragoza en la secretaría técnica, Gembao se instaló en el hotel Thalasia de San Pedro del Pinatar. Allí siguió los designios del feng shui y del paladar. Fue devoto del buen arroz, del pescado, del mar y del fútbol, como casi todos los murcianos, y practicó supersticiones que justificó como milenarias. Lo obsesionaron, entre otras cuestiones, el número siete, símbolo ascendente, y la costumbre de hacer las cosas de tres en tres. Gembao sostiene que la base del juego consiste en las conexiones triangulares, los pases a tres bandas, o las paredes, y que todo progreso consiste en una sucesión de asociaciones triangulares. "El jefe es maniático", observa Bin, el fiel traductor; "siempre dividió sus charlas tácticas en tres partes, tres mensajes, tres ideas, tres pausas".

Fue tradición en Lorca que los equipos hicieran ofrendas florales a la Virgen de la Huerta. El santuario de la patrona de la comarca, sin embargo, se quedó sin la ofrenda del Lorca Fútbol Club y el hecho escandalizó al cura guardián del convento, Pedro Valenzuela. El religioso se refirió a la nueva entidad como "ese otro equipo que no es de Lorca".

Bin confesó su perplejidad: "¡Pero es que el jefe es budista!".

Pasaron los meses y antes de que las fuerzas vivas de la ciudad se dieran cuenta el Lorca sumó 600 abonados de la nada, acabó llevando 4.000 personas al estadio municipal, y culminó la temporada regular como líder del Grupo IV por encima del Murcia, el club de la capital autonómica. En los playoffs eliminó a la Cultural Leonesa y al Albacete.

Hoy, después de un camino sinuoso pero, por fin, afortunado, la ciudad de Lorca tiene equipo en Segunda. Feliz por el éxito, Gembao se dispone a venderlo por más de ocho millones de euros. Cumplirá así con una nueva consigna del Gobierno de Pekín y con una oferta monumental de Jack Ma. El empresario más rico de China, dueño del consorcio Alibaba, le ha dicho a Xu Gembao que tiene diez años de plazo. Su misión es fundar un club campeón de la Liga local con al menos diez internacionales chinos que, esperan, puedan disputar la Copa del Mundo que las autoridades sueñan con organizar en suelo patrio. 

 

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