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Dominic Thiem, el fenómeno silencioso

Con un perfil mediático bajo, el austriaco está llamado a heredar el dominio en la tierra de Nadal, al que se medirá el viernes en las semifinales: "Está física y mentalmente preparado", advierte su entrenador

Thiem, durante el partido frente a Nadal.
Thiem, durante el partido frente a Nadal. REUTERS

Novak Djokovic, todavía defensor del título, se arrastraba sobre la arena pastosa de la Suzanne Lenglen, después de resbalar y ser abatido (7-6, 6-3 y 6-0, en 2h 15m) por el joven e imponente Dominic Thiem. Este, austriaco de 23 años, había llevado a cabo una majestuosa exhibición de facultades con la que vino a decirle al mundo que todo lo que se dice, escribe y vaticina sobre él está en lo cierto, que es un fuera de serie y que a menos que haya un golpe de timón inesperado su historia tiene muy buena pinta. Thiem va cogiendo forma y ascendencia en el circuito, y para refrendarlo, un recital ante el último campeón y mañana un careo en las semifinales con Rafael Nadal.

Al de Manacor le benefició la desgracia de Pablo Carreño, forzado al abandono (6-2 y 2-0, con solo 51 minutos de reloj) debido a una lesión en la zona abdominal. No hubo miga en la Chatrier, no pudo haberla, pero sí la hubo, y abundante, a solo 500 metros de allí, en la Lenglen, donde la grada francesa asistió a la caída de un relámpago austriaco del que se barrunta que puede ser el heredero de Nadal en la tierra batida.

“Está llamado a ganar algún día este torneo, pero confiemos en que no sea este año”, indicó el balear, quien al igual que el resto de los pesos pesados del vestuario (los Federer, Djokovic, Murray...) tiene una elevadísima consideración de Thiem, semifinalista el año pasado en Roland Garros (cedió contra Nole) y el tenista que encabeza la próxima gran generación de la ATP junto al alemán Alexander Zverev (20 años).

“Su proyección es muy importante. Es un jugador que le pega extremadamente fuerte a la pelota, muy duro. Es muy potente, en general: servicio, revés, derecha… Se tira mucho encima de la bola y tiene un potencial enorme para dejarte con pocas opciones. Tendré que hacerle jugar en largo, en posiciones incómodas para él. Ha hecho una gira de tierra fantástica y la realidad es que o juego a mi mejor nivel o no tendré opciones de pasar”, amplió el de Manacor, que este curso ya se ha cruzado tres veces con él: dos favorables, en las finales de Barcelona y Madrid, y después en los cuartos de Roma, donde el advenedizo fue más contundente.

"¡Su bola iba tan fuerte que me movía la raqueta!"

Hasta ayer, cuando derribó a Nole, el austriaco había tenido un tránsito silencioso por el torneo. Se había deshecho previamente de Bernard Tomic, Simone Bolelli, Steve Johnson y Horacio Zeballos. “Es un fenómeno, tiene tiros muy pesados. Es un crack. Tiene un saque sólido y con la derecha te destruye. Su revés es buenísimo, pero la derecha te desarma. ¡Su bola iba tan fuerte que me movía la raqueta!”, describe este último. “Tiene un gran futuro y no está lejos de poder ganar Roland Garros”, deslizó Johnson.

Es un crack. Tiene un saque sólido y un gran revés... Pero, sobre todo, su derecha te destruye

Horacio Zeballos

“Está física y mentalmente preparado”, apuntaba antes de desembarcar en París su preparador, Gunter Bresnik; “el problema de Dominic sigue llamándose Federer, Nadal y Djokovic. Para un jugador joven como él, emocional y sensible, no es fácil mantener un nivel tan alto durante todos los partidos. Debe aprender”.

Con un perfil mediático bajo todavía, se le apoda Dominator y lo del tenis le viene de familia, pues sus padres (Wolfgang y Karin) y su hermano (Moritz) son profesionales. Comenzó a empuñar la raqueta a los seis años y no se le advierte ningún tipo de estridencia ni salida de tono, porque la suya ha sido una ascensión discreta, respetando las formas y los tiempos.

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