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Bruno Hortelano: “Ya no tengo dolor en la mano”

El velocista, que sufrió un accidente de coche en septiembre, relata que no ha tenido aún “un entrenamiento absolutamente normal” porque trabaja en un plan a largo plazo

Márquez y Hortelano, en posición de salida, en unas oficinas del circuito de Austin. Ampliar foto
Márquez y Hortelano, en posición de salida, en unas oficinas del circuito de Austin.

La cabeza puesta en los Juegos Olímpicos de Tokio, en 2020. Casi como cualquier atleta que sueñe con una medalla. La vida de Bruno Hortelano, el mejor velocista español de la historia, ganador del 200m en el campeonato de Europa del verano pasado, ha vuelto prácticamente a la normalidad. En septiembre del 2016, después de quedar semifinalista en los Juegos de Río, sufrió un terrible accidente de coche en el que a punto estuvo de perder la mano derecha. Hoy piensa en cómo llegará al Mundial que tiene este mes de agosto, en Londres.

“Llegó a nosotros con lo que llamamos una mano catastrófica, que significa que están lesionadas todas las partes de la mano: la piel, los tendones, los huesos, la circulación… y la verdad es que su progresión ha superado nuestras expectativas”, explica el traumatólogo Xavier Mir, experto en cirugía de la mano y uno de los doctores que forma el equipo de actuación especial de MotoGP. Él le hizo la segunda (y posteriores) intervenciones quirúrgicas que necesitó, a petición del propio Hortelano, operado de urgencia en el madrileño 12 de Octubre. Y ahora se han reencontrado en Austin, donde se celebra el gran premio de las Américas.

El atleta, explica el médico, que ha hecho un seguimiento exhaustivo de la lesión, tiene todavía margen de mejora; además, no se descarta que se le practique alguna operación más en el futuro para mejorar la movilidad. “Tiene algún déficit de extensión de los dedos, pero ayer estuve cenando con él y, por ejemplo, corta perfectamente la carne”, indica Mir. Y añade: “Yo estaba muy preocupado por las salidas, cuando tuviera que competir. Pero me ya ha explicado que tampoco es tan importante, porque los velocistas no se impulsan, solo se apoyan”. Y así lo certifica él mismo: “Entiendo que había dudas, pero lo he entrenado y no habrá ningún problema para nada”.

El relato de Hortelano derrocha optimismo, como su sonrisa y sus gestos. Porque además de la movilidad, también ha recuperado la fuerza, como confió desde el principio. Desde marzo está entrenándose, como hacía antes, con Adrian Durant en la Universidad de Cornell, en Nueva York –allí estudia, también, Ingeniería Biomecánica–, pues hasta entonces había permanecido en España, mayormente en Barcelona, donde podía estar en contacto permanente con los médicos.

Hortelano, en las semifinales de 200m en Río 2016.
Hortelano, en las semifinales de 200m en Río 2016.

Mientras se explica muestra su mano, que ya no está tapada, ni hinchada, y la mueve, para evidenciar sus progresos; extiende los dedos, maltrechos, pero recuperados, con muestras evidentes de las horas pasadas en el quirófano. “Las cosas van bien, me encuentro muy bien. Estoy entrenando, empezando a hacer las cosas con más normalidad y en la mano ya no tengo dolor; me está permitiendo hacer todo normal”.

Asegura que desde año nuevo empezó “a hacer cosas más normales”. La rehabilitación dio paso al entrenamiento físico. Y la preocupación por si podría trabajar bien en el gimnasio, como solía hacer, con pesas (hasta 200 kilos sobre los hombros), empezó a disiparse. No se ha encontrado grandes obstáculos en el camino porque la incorporación a los entrenamientos en otoño e invierno fue muy progresiva. Y afirma que si aún no ha tenido “un entreno absolutamente normal”, también es porque está intentando conseguir una base para poder tener los próximos tres años sin lesiones. Ese es el plan que elaboró con Durant, un plan a largo plazo que tiene un objetivo claro: “Los próximos Juegos de Tokio son, sin duda, el objetivo. Y de aquí hasta entonces hay grandes citas que incluyen el Mundial de este año, el Europeo el año que viene, otro Mundial… Desde aquí hasta entonces hay oportunidad para estar con los mejores”, dice, con convicción.

Claro que como su prioridad es trabajar una base que le permita llegar bien al 2020 no sabe cómo estará físicamente para competir al máximo nivel en Londres este verano. Pero no le preocupa. Lo más difícil estos meses, dice, ha sido tener constancia. “Ha sido un proceso de día a día, de tener la capacidad de trabajar y, pasara lo que pasara, lo que tuviera en la cabeza, mantener la motivación y la regularidad, que es tan importante para nuestro deporte”.

Su jornada en el circuito de Austin la completó una visita a las oficinas de Honda, donde conoció a Marc Márquez, a quien admira desde la distancia. Y ambos posaron para certificar que están listos para la carrera. Cualquiera que sea.

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