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Gloria, alcohol y redención: la historia de Tony Adams

El nuevo técnico del Granada, ex jugador del Arsenal, superó el alcoholismo para seguir triunfando en el fútbol, que ahora le da una oportunidad desde los banquillos

Tony Adams, el nuevo entrenador del Granada, capitán del Arsenal durante 14 años, se erigió como el mejor zaguero de Inglaterra en los años 90, tocó fondo con la bebida, salió del pozo de la mano de Arsène Wenger y ahora, 15 años después de su retirada y totalmente rehabilitado, intenta brillar en los banquillos con el club nazarí como primer gran escaparate.

Tony Adams, en su presentación.
Tony Adams, en su presentación. REUTERS

Tony Adams (Inglaterra, 50 años) fue el capitán del Arsenal durante 14 años, de los 21 a los 35, y el jugador más joven en ponerse el brazalete en la historia del club londinense. Fue también uno de los integrantes del famous four (Dixon, Bould, Adams, Winterburn) que conformó la defensa del Arsenal durante los mejores años de su historia. Fue el mejor zaguero inglés de su época y levantó 12 títulos: cuatro Ligas, tres FA Cup y dos Copas de Liga. Pero al tiempo que se convertía en una leyenda, en Mr. Arsenal, como se le conocía, fue atrapándose en el alcohol. La bebida, de la que se alejó con la ayuda de Arsène Wenger en 1996, truncó la vida y frenó la carrera del hoy entrenador del Granada, donde tratará de reivindicarse en su nuevo reto: ser entrenador.

Debut con 17 años, capitán a los 21

El 5 de noviembre de 1983 un joven central de solo 17 años llamado Tony Adams se enfundaba por primera vez la camiseta gunner. Empezaba la carrera del líder de la mítica línea defensiva del Arsenal.  Solo tres años después, la llegada al banquillo de George Graham supondría el impulso definitivo a su carrera, que cambió en 1988, cuando con solo 21 años se convirtió en el jugador más joven de la historia en ponerse el brazalete de capitán del Arsenal. No tardó mucho en levantar títulos. Los gunners alzaron la Premier en 1989 y 1991. Pero pronto empezó a también a frecuentar los pubs de la ciudad de Londres, a intercalar el éxito con el alcohol, su perdición.

Atrapado en el alcohol

A la gloria del Arsenal a final de la década de los 80, le siguió el fracaso en los primeros años de los 90. Su título en 1991 fue el último antes del auge del Manchester United y el preludió del hundimiento de Tony Adams. Su agonía se prolongó hasta pasado el verano de 1996. Entretanto, altercados nocturnos, caídas por las escaleras que le llegaron a costar 29 puntos de sutura, altas tasas de alcoholemia al volante y hasta 57 días en prisión por una condena de cuatro meses al estrellar su coche cuando conducía borracho. Nada frenaba su deseo de beber. “Podía jugar al fútbol y emborracharme. No sabía quién era, estaba asustado. Estaba perdido”, reconoció Adams hace unos años en una entrevista para Canal+. Emborracharse era una constante en una época del fútbol inglés en la que salir beber en equipo era casi una religión. “Salía alguna vez porque me sentía presionado para ir. Tony o alguno decía: ‘vamos a salir, estamos todos y salimos todos". Si no ibas, sabías que el resto no lo iba a ver bien”, desveló uno de sus compañeros en el Arsenal.

El alcohol frenó su vida profesional y arruinó la personal. “Muchas veces era una verdadera lucha saltar al campo. Era una parte de mi vida en la que pasaba más tiempo en el pub que entrenando”, cuenta Adams. Con su mujer inmersa en problemas de drogadicción y sus hijos lejos de casa, Tony encontraba en el alcohol y las barras de los pubs londinenses su mejor y casi único refugio. En el campo agudizaba su calvario, pero mantenía el nivel. “Siempre estaba fantástico, no se le notaba”, decían. Solo lo sentía él. “Creo que un par de veces jugué estando bebido. Una fue contra el Sheffield United. La noche anterior me emborraché y cuando me levanté seguía borracho. En ese momento no podía estar sobrio porque mi solución era volver a beber. Era mi solución y mi problema. No podría haber jugado aquel partido sin beber”, confesó.

La mala situación del Arsenal tras la temporada 1994/1995, la peor desde la irrupción de Adams, desembocó en el cese de George Graham. Si la llegada del técnico escocés supuso el impulso definitivo para el defensa, su marcha dio pio a su peor momento. “Mi vida personal era un desastre en ese momento. Me abandoné, abusé del alcohol como nunca lo había hecho”, desveló el actual entrenador del Granada. Llegó Bruce Rioch al banquillo, pero Adams siguió atrapado. Hasta que una lesión que le llevó al hospital a principios de 1996 lo cambió todo. Tocó fondo y empezó a levantarse. O al menos, a intentarlo. “Llevaba 12 años bebiendo y durante 11 y medio no quise parar. La bebida había sido mi mejor amiga”

Llegada de Wenger, liberación y vuelta a la gloria

Pero aquellos días en el hospital le hicieron darse cuenta de que realmente estaba siendo su gran enemiga.  Adams sintió por primera vez el deseo de frenar, pero no pudo. "Quería dejar de beber, pero seguía haciéndolo. Eso me asustó de verdad", dijo. Lo intentó refugiándose en su verdadero mejor amigo, el fútbol. Pero sin él volvía a caer. Le pasó tras la Eurocopa de 1996. "Cuando terminó el torneo, no había fútbol para mantenerme sobrio. Me deprimí, bebí durante seis semanas, toqué fondo y, finalmente, me rendí. Me dejé llevar y, gracias a Dios, tuve un momento de claridad", aseguró. 

Tony Adams, en el 2000.
Tony Adams, en el 2000.

Un día de agosto de 1996, como muchos otros, acudió a un bar. Quería beber. Sentado junto a pinta, rompió a llorar cuando un camarero le preguntó por su estado. Ahí comenzó su liberación. "Sabía que era el momento, que estaba derrotado". Apoyado en Arsène Wenger, que llegó ese verano al banquillo del Arsenal, empezó a reencontrarse. Dejó el alcohol, encontró la paz y tuvo tiempo para levantar dos Premier League y dos FA Cup más. Después de 22 años y un último doblete de Liga y Copa colgó las botas en 2002 como el segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta del Arsenal, 688. "Tuve lo que hacía falta para jugar al fútbol, pero no lo que me hacía falta para la vida", asegura Tony Adams, presente eternamente en su casa, el Emirates Stadium, con una estatua que le recuerda como el mejor capitán que ha tenido el Arsenal.

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