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Gales descabalga a Irlanda en el Seis Naciones de rugby

El ‘XV del Dragón’ se reivindica (22-9) y aleja a su rival de un torneo que podrían asegurar el sábado los ingleses

George North conduce el balón.
George North conduce el balón. REUTERS

Irlanda no demostró hechuras de campeona en Cardiff. Ante un rival herido y sin opciones, el XV del Trébol no aprovechó sus ocasiones ante el rival y entregó un partido que necesitaba para encarar la cita final ante Inglaterra en Dublín. Los veteranos galeses respondieron a las críticas de un torneo mejorable y dejaron a su rival necesitado de una carambola. El triunfo galés deja a Inglaterra, líder del torneo (13 puntos) con punto de partido: si gana este sábado a Escocia (9 puntos), revalidará título. Irlanda necesitaría los tropiezos de ambos y la ayuda de Italia. Al cuadro celta le faltó esa habilidad para sortear la circunstancia que tanto esgrimen los ingleses.

El encuentro no era baladí para Gales, en riesgo de caer del octavo puesto en el ranking mundial -los bombos se cierran en mayo- y verse en otro grupo de la muerte. Su seleccionador interino, Rob Howley, ha repetido la alineación que cayó con estrépito en Edimburgo pese a las críticas y el aviso particular del propio staff galés a la concentración defensiva de George North. Quizás de ahí el grito mayúsculo que entonó el ala cuando posó el oval en el primer ensayo del encuentro, culminando junto al córner una meritoria continuación del medio-melé Rhys Webb hacia la hueste de galeses que cabalgaba por la derecha.

La marca galesa llegó justo cuando Jonathan Sexton estaba siendo examinado por un rodillazo accidental en la cabeza. Fue una noche accidentada para el 10 irlandés, amonestado por ensuciar sobre la línea de marca irlandesa un balón con el que Jonathan Davies ya se relamía. La acción premió el progresivo dominio local ante una Irlanda que campó de salida en terreno rival sin sacar rédito suficiente. Como en sus dos derrotas previas, Gales mandaba al intermedio (8-6).

El guión sería esta vez diferente. El XV del Dragón apenas sumaba tres puntos en las segundas partes de esos partidos, cifra que dobló en apenas cuatro minutos. Debía defenderse Irlanda con uno menos en los ocho minutos que le quedaba de sanción a Sexton. Lejos de dormir el juego, perderían una pelota que sería pateada a su línea de cinco metros. Visiblemente tocado, Conor Murray no pudo deshacerse de ella y Gales no desaprovechó el regalo. Webb, la mejor noticia galesa en el torneo, volvió a exhibir rapidez en la toma de decisiones para sacar el balón de la plataforma y asistir a un North desmarcado que aseguró sin apuros el doblete.

Sexton volvió con su equipo nueve abajo y el estadio, esta vez techado –Irlanda aceptó la propuesta galesa- en ebullición. La necesidad, con sus esperanzas en el precipicio, empujó a los verdes a una posesión eterna de 26 fases que Gales, rocosa en su retaguardia, supo mantener fuera de su zona de marca, así que Sexton tuvo que canjearla por tres puntos. Intentó recuperar Biggar el colchón con un drop que se estrelló en el poste porque Irlanda, con todos sus deslices, seguía a tiro.

Fallones en los saques de touch –Irlanda tenía los mejores números del torneo desde la banda- los irlandeses nunca renuncian al pie. Halfpenny, un valor seguro, no pudo campear con tanto tráfico aéreo y sus fallos al embolsar pusieron a Gales a la defensiva. Acabó imitando el error de Murray y pisó con el balón fuera del campo para interceptar una patada irlandesa.

Segundos después, una plataforma verde estaba clavando la bandera en la zona de marca cuando el colegiado señaló la evitable obstrucción de Henshaw. Todo un tiro al pie.

No sería el último jaque que salvaría Gales. Enjaulados, concedieron a seis minutos del final una melé a cinco metros tras verse sin opciones de sacar el oval de su zona de marca. Volvió a fallar en la ejecución Irlanda, con más velocidad en las manos que en la cabeza. El XV del Dragón salió de su trinchera tras un golpe de castigo y cerró el partido en una patada de Sexton bloqueada por Faletau y ensayada por Jamie Roberts. Cardiff celebraba con orgullo la victoria que, paradójicamente, podría hacer campeona a Inglaterra.

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