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Luis Enrique, una renuncia a la carta

La goleada en París propició que Luis Enrique y el Barça pactaran que el mejor momento para que el técnico anunciara su anunciada salida fuera después del partido contra el Sporting

Luis Enrique, esta mañana en la Ciudad Deportiva del Barça. En el vídeo, el anuncio de que deja el Barcelona.

La directiva del FC Barcelona y Luis Enrique pactaron que el técnico anunciara su decisión de no continuar a partir del 30 de junio en el equipo azulgrana después de la disputa del partido de ayer contra el Sporting en el Camp Nou. La catástrofe del Parque de los Príncipes, escenario del que el Barça salió goleado (4-0) en la ida de los octavos de final de la Champions, propició que el club y el entrenador encontraran finalmente “la fecha idónea” para comunicar una salida que se intuía desde el pasado mes de agosto, cuando Luis Enrique comunicó a Albert Soler y Robert Fernández, director de deportes profesionales y secretario técnico respectivamente, que difícilmente continuaría a partir de junio en el Camp Nou.

Aunque ambas partes coincidieron en darse un tiempo para ver cómo evolucionaba la temporada, circunstancia que al fin y al cabo podía obligar a replantear la cuestión, desde el club siempre se tuvo la sospecha de que la decisión del técnico era irreversible, incluso en el caso de que los resultados continuaran siendo excelentes: Lucho ha ganado 8 de los 10 títulos disputados en el Barça. Así que tanto el entrenador como los responsables deportivos azulgrana trabajaron de alguna manera con una renuncia a la carta, a utilizar por tanto cuando coincidieran los intereses, en función de los resultados, cosa que se dio después de la goleada encajada contra el Paris Saint Germain.

La mejor manera de no asociar la partida de Luis Enrique al marcador que se dé el próximo miércoles en la visita del campeón francés al Camp Nou era desvelar públicamente que la decisión ya era firme antes de su disputa: la remontada o la eliminación no influirán en el adiós de Lucho. Fuentes próximas a la junta aseguran que en el contrato del asturiano no figuraba ninguna cláusula por la que su continuidad o no se tuviera que anunciar en marzo o abril, antes del 30 de junio. La visita del Sporting, un adversario en principio asequible, más que el Celta, que el sábado visita el estadio, se presentaba como un escenario que ni pintado para el anuncio de Luis Enrique.

Tanto el consejo que preside Bartomeu como Lucho aspiran a que la decisión ayude a cohesionar el equipo en su intento de ganar la Liga y la Copa y de no renunciar a la Champions. Ahora mismo difícilmente puede haber un mejor reclamo para acudir el miércoles al Camp Nou que el de estar con los jugadores y el entrenador frente al PSG. El Barça aguarda a que las palabras de su técnico marquen un punto de inflexión para que los jugadores se reactiven después de que su juego haya caído pese a las goleadas contra el Alavés y el Sporting. No hay que olvidar que la mejor reacción azulgrana después de la crisis de Anoeta en 2015 se dio después de que el presidente anunciara la convocatoria de elecciones.

Bartomeu convocó a los socios a las urnas en verano y destituyó a Andoni Zubizarreta, una decisión que debilitó a Luis Enrique. El sustituto, Robert Fernández, tiene un perfil más de gestor que de ideólogo futbolístico, circunstancia que aumentó el poder, y también la soledad, de Lucho. Las diferencias entre la junta y el técnico se han advertido precisamente en el mercado de invierno, al igual que ya pasó la temporada pasada: entonces no se fichó a Nolito y ahora se discute sobre la necesidad de contratar o no a un sustituto de Aleix Vidal. A Luis Enrique se le nota cansado y con dificultades para animar a un plantel que a su juicio era el mejor desde que llegó al Camp Nou.

A pesar de tener conocimiento de la decisión de Luis Enrique desde hace ya meses, los máximos responsables del Barça aseguran que todavía no ha iniciado negociaciones formales con ninguno de sus posibles sustitutos, ni siquiera con Valverde ni Sampaoli. La elección es especialmente compleja porque el nuevo entrenador no solo deberá atender al estilo azulgrana, sino también al perfil de la plantilla, y muy especialmente a la edad de los pesos pesados: Messi cumplirá en junio 30 años, los mismos que tiene Piqué y también Luis Suárez. Y el capitán Iniesta y Mascherano ya cumplieron los 32. No quiere el club prescindir de ninguno y menos de Messi, cuyo contrato acaba en 2018. La directiva va a tomarse su tiempo, igual que ha ocurrido con Luis Enrique.

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