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El Barça es un alma en pena

Apenas queda rastro de La Masia, el punto de conexión indispensable entre el campo y la grada, y el equipo es más que nunca un estado de ánimo: Messi

Reacción de Messi tras encajar el Barcelona el gol del Leganés.
Reacción de Messi tras encajar el Barcelona el gol del Leganés.ALBERT GEA / REUTERS

A juzgar por el aspecto del Camp Nou, que registró la peor entrada de la temporada, y por la bronca de los espectadores con el entrenador y algunos jugadores como André Gomes, nadie hubiera dicho anoche que la directiva del FC Barcelona se dispone a construir un estadio más grande y lujoso dentro de un plan lúdico-festivo denominado Espai Barça.

A buen seguro que nada más llegar al campo ningún aficionado culer identificó en el mensaje de Bartomeu al presidente de una institución necesitada de un discurso reparador y motivador después de la catástrofe de París. El método Rajoy se impone desde hace tiempo en la junta del Barça: los problemas se arreglan solos o se pudren, incluso si de por medio está Messi.

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Nadie había podido pensar que la defensa formada en su día por Alves, Piqué, Puyol y Abidal (y si se quiere Alba y Mascherano), sería sustituida contra el Leganés por la que integraron Sergi Roberto, Umtiti, Mathieu y Digne, síntoma de un problema estructural y también de una inversión fallida en fichajes (122,8 millones), rematada por la adquisición del anónimo Alcácer.

Igualmente resultaba complicado imaginar una línea media azulgrana en la que se juntaran Rakitic, André Gomes y Rafinha. Apenas queda rastro de La Masia, la fábrica de medios del Barça, santo y seña de su estilo, signo de identidad y familiaridad, el punto de conexión indispensable entre el campo y la grada, se siente quien se siente en el palco del Camp Nou.

Ni siquiera con el 1-0, se reconoció al tridente, garantía de victoria, protagonista de un triplete y un doblete en los dos años pasados, la máquina de meter goles y de hacer dinero del Barça. El contragolpe más rápido y efectivo del mundo se paró por más que Neymar siga corriendo como si no pasara nada, capaz de forzar en el minuto 89 el penalti de la victoria contra el Leganés.

Ni Luis Enrique era Luis Enrique. Ahora juega al parchís y ya no transmite rebeldía ni competitividad, pese a decir que tiene la mejor plantilla desde que llegó al Camp Nou. A un técnico azulgrana se le supone capacidad para intervenir y corregir los partidos y no para ser motivo de controversia de la propia hinchada, que le nota extraviado y superado, pendiente de Messi.

El 10 no celebra los goles, ni siquiera cuando sirven para ganar de penalti en el último minuto, nada que ver con cuanto ocurrió en Mestalla, día en que reprendieron a los barcelonistas por festejar una victoria con fórceps (2-3). La tristeza de Messi es contagiosa y descorazonadora porque como advirtió Guardiola la suerte del Barça depende sobre todo de hacer feliz al 10.

Y el rosarino está apesadumbrado aunque el equipo todavía opta a la Liga y la Champions y se guarda la final de Copa. Hay quien interpreta en la melancolía de Messi el gesto de la derrota porque siente que nada mejorará de aquí al 8-M cuando llegue el PSG. El barcelonismo teme al mañana después de constatar que la goleada de París difícilmente tiene remedio en el Camp Nou.

El 4-0 no fue un accidente sino el síntoma de un problema de difícil arreglo porque no se encuentra el punto de inflexión, falta liderazgo, y la hinchada ya se pregunta por las relaciones de los jugadores con el técnico después de las declaraciones en el Parque de los Príncipes. El club es presa de la desorientación y la desconfianza, como si hubiera vivido engañado hasta París.

Nadie reconoce al Barça campeón sino que se ve a un equipo desnaturalizado que vaga como alma en pena, incapaz en la vida de ir a remolque, ahora mismo sin épica, ensimismado con Messi. La solución es tan sencilla como compleja: conseguir que Messi vuelva a reírse, señal de victoria, incluso en el supuesto de que el marcador del domingo diga que el Barça perdió en el Calderón.

El Barça es más que nunca un estado de ánimo: Messi.

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