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Mark Taimánov, ajedrecista ruso represaliado por perder con Fischer

La URSS hizo de él un paria tras su derrota ante el maestro estadounidense en 1971

Taimánov durante una partida en 1956
Taimánov durante una partida en 1956 AFP

El periodismo es a veces injusto con personajes de gran interés, como Mark Taimánov (1926-2016) fallecido el lunes en San Petersburgo. Nacido en Járkov (Ucrania), fue uno de los mejores ajedrecistas del mundo a mediados de siglo, y un eminente pianista, y actor, y decía que las mujeres eran su gran pasión. Pero se hizo famoso por las dramáticas consecuencias de perder por 6-0 ante el estadounidense Bobby Fischer en cuartos de final del Torneo de Candidatos de 1971 en Vancouver (Canadá).

“En el Kremlin estaban convencidos de que me había dejado ganar por Fischer. Y el castigo fue durísimo, como ajedrecista y pianista. No podía viajar al extranjero, escribir artículos, dar conferencias o conciertos o clases o entrevistas en televisión ni exhibiciones; me quitaron el sueldo mensual y las condecoraciones. Pasé de ser una gloria nacional a un paria, que vivía de la caridad de sus allegados”. EL PAÍS tuvo la suerte de entrevistar a Taimánov en enero de 1988 en el Club de Escritores de Moscú. Hasta entonces, el gran maestro nunca se había atrevido a hablar con un periodista extranjero sobre el episodio más duro de su vida, pero el espíritu de la glasnost (transparencia informativa) propugnado por Mijaíl Gorbachov le había quitado el miedo.

Para las autoridades de Moscú era inconcebible que una de las estrellas de la URSS (donde el ajedrez era una pasión nacional) pudiera perder por goleada ante nadie, y menos aún frente a un “enemigo”. Por fortuna para Taimánov, Fischer ganó en semifinales también por 6-0 al danés Bent Larsen: “Alguna mente preclara del Kremlin debió de pensar en la improbabilidad de que un soviético y un danés coincidieran en dejarse ganar por un estadounidense. Y entonces me aliviaron un poco las sanciones, y al menos ganaba dinero para comer”, nos contó el represaliado con una sonrisa irónica.

Su aterrizaje en el ajedrez fue a través de la música y el cine. A los 11 años, cuando ya tocaba bien el piano, le propusieron ser el actor principal de la película Concierto de Beethoven, para lo cual tuvo que aprender a tocar el violín a marchas forzadas. Ese brillo polifacético le valió una invitación especial para estudiar lo que quisiera en el Palacio de los Pioneros de Leningrado (actual San Petersburgo), donde los niños con talentos especiales acudían por las tardes. Eligió el ajedrez, y su primer entrenador fue nada menos que Mijaíl Botvínik, multicampeón del mundo y gran patriarca de la explosión popular del ajedrez en la URSS.

Así empezó una carrera larga y muy brillante, sólo lastrada por su falta de instinto asesino y el trauma de la derrota ante Fischer. Pero con muchas compensaciones en otros campos, como los innumerables conciertos a dúo con la primera de sus cuatro esposas, Ljubov Bruk, incluidos por Philips Classics en su colección Los mejores pianistas del siglo XX. Todo ello no le impidió casarse cuatro veces, en plena coherencia con una de sus frases más significativas: “Las mujeres son la mayor pasión de mi vida”.

Taimánov fue el ejemplo perfecto de lo que dijo otro grande del ajedrez, Siegbert Tarrasch, hace un siglo: “El ajedrez, como el amor y la música, hace felices a quienes lo practican”.

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