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‘Einstein’ del fútbol solo hay uno

Messi celebra un gol al Valencia.
Messi celebra un gol al Valencia. AP

“La verdadera señal de inteligencia no es conocimiento sino imaginación”. Albert Einstein

Por segunda vez en un mes José Mourinho, el entrenador del Manchester United, cargó contra “los Einsteins” de los medios. Tenía toda la razón del mundo.

Primero fue como respuesta a las críticas que recibió en septiembre después de que su equipo encadenara tres derrotas consecutivas. “Sé que el mundo está lleno de Einsteins… Así es el nuevo fútbol, lleno de Einsteins”.

Cuando el portugués volvió a aludir con sarcasmo al genio alemán fue en defensa de su centrocampista francés, Paul Pogba, el fichaje más caro de la historia del fútbol. Pogba no había hecho gran cosa esta temporada hasta el jueves, cuando marcó dos goles contra el Fenerbahçe. En la rueda de prensa tras el partido Mourinho dijo: “En las bocas de algunos de ustedes pasa de ser el peor jugador de la Premier League al mejor en 48 horas... Me refiero a los medios, especialmente a los Einsteins”.

Sí. Mourinho tiene toda la razón. Los exjugadores o los entrenadores fracasados que opinan en la televisión, los periodistas que escriben las crónicas de los partidos, los que tenemos la osadía de confeccionar columnas semanales sobre nuestro deporte favorito nos pronunciamos con exagerada —muchas veces absurda— autoridad. Como si el fútbol fuese igual de susceptible a la verdad empírica que la teoría de la relatividad.

Pero eso no significa que los Einsteins profesionales no tengamos nuestra utilidad social, que los que padecen nuestras homilías estén necesariamente perdiendo el tiempo. Nuestra labor consiste en alimentar los argumentos de los cientos de millones en todo el mundo que también se convierten en Einsteins cada vez que el tema fútbol sale en conversación.

Se supone, eso sí, que existe una jerarquía de opinadores. Solemos otorgar una especial preeminencia a los entrenadores en activo. Después vienen los entrenadores y jugadores retirados, seguidos por los jugadores que aún juegan y, en último lugar, los periodistas deportivos. Como todo es relativo, cada uno elige dar más credibilidad a algunos que a otros, siempre según los prejuicios individuales.

Tomemos como ejemplo el acontecimiento del fin de semana en Inglaterra, el partido que marca la vuelta del hijo pródigo portugués al club de sus amores: el United de Mourinho contra el Chelsea que una vez encarnaba Mourinho. Durante muchos años lo que decía el entrenador portugués era palabra de Dios para los fans del Chelsea. Hoy se dividen entre aquellos que se aferran a la antigua fe y los que la perdieron tras la pobre actuación de su Chelsea la temporada pasada, que acabó con su despido. Mourinho solo tendría que decir después del partido que el United perdió, si pierde, debido a una conspiración arbitral o algo por el estilo para que la totalidad de los aficionados del Chelsea dejen de creer en él y vean por fin la razón que hemos tenido todos aquellos que llevamos años diciendo que es un payaso.

Implícita en la gracia que suelta Mourinho sobre los Einsteins está el mensaje de que él sí es un auténtico genio. Pero ni él ni ningún otro entrenador poseen la fórmula para interpretar el fútbol porque la fórmula no existe. Son apenas más capaces de acertar que el futbolero medio a la hora de fichar a un nuevo jugador o de anticiparse a cómo va a transcurrir un partido. Ni el que muchos consideran ser lo más cercano a un Einstein que existe, el entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, pudo dar con el plan para evitar la paliza que le daría el Barcelona en la Champions el miércoles pasado. En cuanto a los Einsteins de los medios que Mourinho señala, son muy listos en sus análisis una vez que ha sonado el pitido final, pero les hacemos un favor si evitamos examinar lo que dijeron antes del comienzo del partido.

Solo hay uno con derecho a proclamarse el Einstein del fútbol. Es el que menos opina, el que calla la boca y habla con los pies, el que metió el hat-trick número 37 de su carrera para el Barça en aquel partido contra el City, el científicamente verificado como mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Conocimientos, análisis o capacidad de expresarse en palabras no serán su fuerte, pero la imaginación y el talento que proceden de su cerebro son para el fútbol lo que el de Albert Einstein fue para la física. Messi es un genio. Todo lo demás son tonterías.

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