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Las Palmas empata en la prolongación

El técnico de Osasuna se retiró al vestuario al sentir un dolor en el pecho tras marcar su equipo el primer gol

Sanjurjo intenta controlar el esférico rodeado de rivales.
Sanjurjo intenta controlar el esférico rodeado de rivales. EFE

Osasuna tendrá que esperar. Y si el que espera, desespera, la desesperación le llegó en el tiempo de prolongación cuando tras un barullo en el área, el central amarillo , David García, al que marcaba el central rojillo David García, empujó a la red el balón que había devuelto el poste tras un remate de Boateng. Era el empate canario y la desolación navarra. Su primera victoria no llega, y eso que ante Las Palmas madrugó para marcar a los seis minutos por un penalti de Boateng, que parece afiliado a este tipo de jugadas. El equipo de Quique Setién tarda en entrar en los partidos como si su culto a la paciencia, su gusto por la elaboración le hiciera arrancar con el freno de mano echado. 

Osasuna

5-4-1

Enrique Martín

13

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Nauzet Pérez

11

Berenguer

5

David García

4

Miguel Flaño

15

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Unai García

6

Oier

14

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Fausto

20

Miguel

16

Cambio Sale Bonnín

Fuentes

10

1 goles Gol (p) Cambio Sale Olavide

Roberto Torres

7

1 goles Gol Cambio Sale Jaime

Sergio León

1

Lizoain

12

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Michel

5

1 goles Gol

David García

4

1 goles Gol

Vicente Gómez

15

Roque Mesa

24

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Tana

9

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Livaja

7

Boateng

16

Cambio Sale Asdrúbal Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Aythami

22

Cambio Sale Dani Castellano

Hélder Lopes

19

Cambio Sale Momo

Mateo García

Las Palmas

4-3-3

Quique Setién

Cuando Roberto Torres se dispuso a lanzar el penalti, el técnico osasunista Enrique Martín Monreal se dio la vuelta. No quería verlo. El clamor de El Sadar le anunció el gol y un pinchazo en el pecho le envió al vestuario del que, aunque recuperado ya no salió al campo. El corazón de Martín Monreal late a mucha velocidad, a la misma con la que corría la banda cuando era jugador y la pasada campaña ya le jugó una mala pasada. A los pocos minutos un miembro del servicio medico volvió al campo y levantó el pulgar al banquillo y a los futbolistas anunciando que todo estaba en orden. 

Y al orden se aplicó Osasuna que convirtió su precaución (cinco defensas y cuatro centrocampistas en la alineación) en devoción defensiva. Le dio el balón al equipo canario y juntó líneas como si de una legión romana se tratase. Había reclamado Martìn Monreal que Osasuna fuese Osasuna para lograr la primera victoria y sus futbolistas siguieron la consigna en cuanto a determinación, orden, entrega, disputa, pero el fútbol concebido como elaboración, despliegue, combinación se archivó en la memoria para cuando lleguen días mejores. 

Tras ese gol comenzó el asalto de Las Palmas, su búsqueda desesperada por llegar al área en buenas condiciones, ero su insistencia en el golpeo se realizaba con guantes de seda más que con puños de hierro. Roque Mesa era el faro que indicaba el camino, el tránsito lo hacía Vicente Gómez, un futbolista elegante y vertical, pero todo moría en la cabeza o en los pies de los futbolistas de Osasuna. Era un asedio, sí, pero Osasuna parecía tener los víveres necesarios para resistir. 

En un partido tan sencillo (un frontón) y tan complejo (una sopa de letras), Osasuna encontró incluso el tesoro que no buscaba. En la prolongación de la primera mitad, Roberto Torres cruzó un centro largo que Aythami quiso prolongar de cabeza hacia su portero. Por allí andaba Sergio León, el lobo solitario que cazó la pelota, se desembarazó de David García, el otro central y batió a Lizoain cruzando el balón entre sus piernas. Si el penalti había sido inesperado, el gol de Sergio León resultaba impensable. 

No le quedó otra a Las Palmas que intensificar su asedio, convertirlo en agobio, en una sucesión de centros, libres indirectos y saques de esquina. Si Osasuna volvía a ser Osasuna debía dominar ese juego aéreo. Y sin embargo, se le cayó el cielo. Primero cayó una nube, cuando Vicente Gómez cabeceó con la coronilla un centro endiablado de Livaja. Fue como robarle al equipo rojillo una caja de víveres. A punto estuvo Aythami de obtener el empate en otro cabezazo tras uno de los 12 córners que sacó el equipo de Quique Setién, pero Nauzet se estiró como el chicle para despejar la pelota. Los nubarrones se amontonaban: Boateng disparó desde lejos y el poste devolvió la pelota al campo. 

Los segundos morían deprisa para Las Palmas y lentamente para Osasuna que apelaba al corazón para disfrutar de su primera victoria. Y llegó la prolongación. En el primer minuto de eso que antes se llamaba el descuento, el enésimo centro se enredó en el área, Boateng lo envió al poste, pero apareció David García para marcar el empate. Ahí se cayó el cielo sobre El Sadar. Su defensa numantina dejó una rendija por donde se coló el rival. 

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