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Ancelotti juega con su nieto Alessandro

Contra la costumbre de concentración cuartelaria de los grandes clubes, el entrenador del Bayern prepara el partido con el Atlético en un hotel de la Castellana, en un clima familiar

Ancelotti en la presentación de su autobiografía.
Ancelotti en la presentación de su autobiografía. EFE

Las concentraciones de los grandes clubes de fútbol se parecen cada día más a acantonamientos militares prevenidos contra la guerra bacteriológica. El día previo a los partidos de Champions estas grandes instituciones de la industria que más crece en Europa se refugian en asépticos hoteles de cinco estrellas herméticamente cerrados para evitar el espionaje y la contaminación acústica que producen los hinchas. A ser posible, las directivas y los técnicos escogen establecimientos construidos en lugares apartados. Cuanto más inhóspitos, mejor se cotizan entre los directores deportivos.

El Bayern Múnich es distinto. El equipo bávaro se aloja en un viejo hotel palaciego del Paseo de la Castellana, a unos metros de la glorieta de Emilio Castelar. Las puertas están abiertas, los viandantes entran y salen, unos inversores hablan de no sé qué “modelo de negocio” alrededor de una mesa servida con café, y en el hall hay un señor de 59 años jugando a las escondidillas con Alessandro.

Alessandro tiene tres meses y ya arquea las cejas como su abuelo. El niño está en brazos de Katia, su madre, y el señor es Carlo Ancelotti, el entrenador del Bayern, que juega con su nipote.

El responsable del más popular de los equipos alemanes encuentra un momento de calma para reírse con el nieto antes de comer con el resto de la expedición y preparar el último entrenamiento, en el Calderón. Este miércoles por la noche espera el Atlético. Pero ni el recuerdo punzante del 4-0, el resultado que obtuvo la última vez que visitó el Manzanares, en la primavera de 2015 con el Madrid, parece turbar al entrenador italiano.

Hace una dulce mañana otoñal en la Castellana. Las acacias todavía verdean al sol de octubre y el tráfico es un caos. Detrás de una columna de mármol Xabi Alonso da una entrevista en alemán para la televisión del club. Dice algo sobre el Atlético: “Eine gute mannschaft… sehr defensiv!”.

Pep Guardiola tardó 40 años en decidirse a aprender la lengua de Goethe para entrenar en Alemania. A sus 34, Alonso dice que quizás, tal vez, a lo mejor, con el tiempo, resuelva hacerse entrenador. La verdad es que Alonso hace mucho que decidió ser lo que ya tenía incorporado en su carácter y en su cultura. Alonso se ha resignado a ser él mismo. Un entrenador.

En cuestión de años veremos a Alonso al frente de uno de esos grandes equipos que jalonan el vértice de la pirámide financiera de la industria más próspera de Europa. Solo queda por saber si concentrará a sus muchachos en recónditos acantonamientos asépticos como cinturones de Gucci o aprenderá de Ancelotti a vivir sin miedo al ruido de las bocinas.

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