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Schubert, el entrenador “más valiente” contra el que Guardiola jugó

Número 1 de su promoción, estuvo a prueba 53 días antes de ser nombrado técnico del Borussia Moenchengladbach

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AP

“Es el entrenador más valiente contra el que he jugado”, aseguró un día Pep Guardiola, que necesitó cinco partidos antes de ganar al Borussia Moenchengladbach; en la Bundesliga empató dos y perdió otros dos con el Bayern Munich —el último, en el Allianz Arena, obligó a atrasar una semana el tercer alirón del catalán en Alemania— y no fue hasta el duelo de la Champions League, hace unos días, con el Manchester City cuando se quitó la espina. “Te ataca siempre. Pensé que solo lo hacía con nosotros, pero no”, explica el técnico con devoción cuando habla de André Schubert (45 años, Kassel), el entrenador del equipo que mañana se medirá al Barcelona en su primer partido en el Borussia Park.

Es el menor de cinco hermanos, estudió Deporte y Lengua alemana, nunca despuntó como jugador, pero militó en numerosos equipos menores —TSV Rothwesten, FSC Lohfelden, TSV Wolfsange y OSC Vellmar—. Su inquietud manifiesta por los banquillos siempre fue patente al punto que colgó las botas siendo jugador-entrenador del KSNV Baunatal. Fue el número uno de su promoción y, tras licenciarse, trabajó en el Paderborn, un club modesto en el que durante tres años (2006-09) dirigió al filial y, luego, durante otros dos años (2009-11) entrenó al primer equipo, al que subió a la Segunda División alemana.

En 2011 le llegó su primera oportunidad en un club grande, cuando le fichó el St. Pauli, de Hamburgo. Club singular donde los haya, a Schubert le costó pillarle el punto a la filosofía del equipo y de la entidad y, en verdad, sustituir a Holger Stanislawski le costó.

“Eran como la noche y el día”, recordaban tiempo después en el club hamburgués. “A los jugadores les costó mucho aceptar su metodología”. “Si un jugador no actúa con profesionalidad tengo un problema. Soy perfeccionista y exijo mucho, a veces demasiado”, reconoce al hablar de aquellos días, en los que empezó a ganarse fama de ser muy pesado, demasiado tenso, y de estar demasiado pendiente de datos y estadísticas, ninguneando las sensaciones.“Es un entrenador de ordenador”, dijo de él el centrocampista del Bayern, Mehmet Scholl con cierto desprecio. Duró un año en el St. Pauli y empezó a trabajar para la Federación Alemana, al mando de la sub-15, hasta que recibió una llamada del Borussia y entró en el filial. Allí a Schubert se le precipitaron los acontecimientos. Lucien Favre, entrenador del primer equipo, dimitió por enésima vez del Borussia —“dimitía una vez a la semana”, recuerdan en el club—, en aquella ocasión tras encadenar cinco derrotas consecutivas en la Bundesliga y otra con el Sevilla en la Europa League.

Si un jugador no actúa con profesionalidad tengo un problema. Soy perfeccionista y exijo mucho

André Schubert

El club de los Potros trató de convencer a Favre de que siguiera y lo consiguió. Pero el hoy entrenador del Niza llegó a casa tras la reunión, llamó a la agencia de noticias DPA, y pidió que anunciara su renuncia a Alemania, que comunicara que había roto con el Borussia. El club, tiró del filial como solución inmediata. Y pensó en Schubert para llevar las riendas de un equipo joven, trabajado por un entrenador metódico y moderno.

Schubert llevaba nueve partidos en el filial y resultaba una opción interesante, pero en la casa había recelos sobre sus métodos de trabajo y dudaban en los despachos, así que estaba ejerciendo a prueba, sin contrato con el primer equipo. Lo hizo durante 53 días. Cumplidos esos dos meses, firmó como entrenador y a final de temporada, metió al equipo en la Copa de Europa por vez primera en 37 años.

Todavía hoy la afición del Borussia sigue dividida sobre el fútbol que practica su equipo, porque la personalidad de Schubert, poco dado a los populismos, no concede lo más mínimo a la grada. Pese a ello, hay quien le llama Harry Potter, porque hizo magia para conseguir un milagro: “No tengo ninguna varita mágica, tengo a magos sobre el campo, eso sí”, responde.

A Schubert se le echa en cara una frase en la que despreció trabajar en el fútbol profesional. “Nunca dije eso, solo dije que no lo necesito necesariamente”, sostiene con un ordenador en la mano. Probablemente, dentro lleva desmenuzado al Barcelona. “Es un loco, un estudioso del fútbol, un hombre capaz de sacar lo mejor de cada jugador”, dice Rainer Bonhof, vicepresidente y leyenda de los Potros.