Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

David Casinos, mejor lanzador ciego de la historia

El atleta valenciano se cuelga el bronce, su 22ª medalla, en sus quintos Juegos

Casinos, en un lanzamiento de disco en Río.
Casinos, en un lanzamiento de disco en Río. REUTERS

“Si no encuentras tu camino, háztelo”. Así de claro lo tiene David Casinos (Moncada, Valencia, 1972), considerado el mejor lanzador ciego de peso y disco de la historia. Perdió la vista con 25 años a causa de una retinopatía diabética. “La ceguera me cerró algunas puertas, pero me abrió otras impensables que me han convertido en una persona aún más feliz que antes”, asegura sin resquicios de duda.

Ayer, en el foso del Estadio Olímpico, el atleta valenciano lanzó el disco hasta los 38,58 metros y se colgó el bronce en sus quintos Juegos Paralímpicos. Desde su debut internacional en el Campeonato de Europa de 1999, ha conseguido medalla en todas las competiciones en las que ha participado, incluidos los títulos de campeón olímpico en la modalidad de lanzamiento de peso en Sidney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008, y en lanzamiento de disco en 2012.

Ningún atleta de su categoría suma más títulos que él. “También soy el único deportista con diabetes de la delegación española, tanto olímpica como paralímpica, así que soy el deportista más dulce de España”, bromea.

En su vitrina lucen 22 medallas (17 oros y 5 platas) en Campeonatos del Mundo y de Europa, una trayectoria que le ha valido la concesión de la Medalla de Oro de la Real Orden al Mérito Deportivo. En 2013, además, recibió de manos de los Reyes de España el Premio Nacional del Deporte.

No es la primera vez que le tildan de superhéroe. “No llevo capa, sólo un perro fiel que me ayuda a superar obstáculos. Los verdaderos superhéroes”, dice, “son las personas ciegas que se enfrentan a diario a infinitas barreras físicas y sociales”.

Casinos agranda su leyenda en Río, probablemente su última cita paralímpica. La experiencia no ha cercenado su ilusión. David derrocha ambición, optimismo y un espíritu de superación que explican por qué es el mejor lanzador ciego de todos los tiempos. Es un deportista de pura raza, de esos que cohesionan un equipo. No en vano, fue el abanderado español en los Juegos de Pekín 2008.

Sus primeros años de oscuridad fueron muy duros. Tuvo que abandonar el trabajo en una multinacional y replantearse la vida. “Solo me quedaba la decisión de cómo vivir todo lo que me acontecía, hundirme o luchar. Tomé la mejor opción, la que marcaría mi vida”, dice.

Contó con el apoyo incondicional de su familia y el respaldo de la ONCE. Ingresó en el centro Ignacio de Isatrustegi (Sabadell) y allí empezó su entrenamiento más difícil. Aprendió a moverse por la calle, a coger medios de transporte, a utilizar el bastón, etc… “Todo lo que antes era normal, ahora debía empezar de cero”. Y volvió a su Moncada natal ganándose la vida como vendedor del cupón de la ONCE.

En 1998, “en plena travesía del desierto”, recibió una llamada que despertó de nuevo su ilusión por el atletismo. José Manuel Puchal, Xavó, le invitó a unirse a los entrenamientos de un grupo de deportistas de alto nivel. “Esos comienzos fueron de gran ayuda y autoestima. Mis mayores éxitos deportivos los conseguí con Xavó, desde los años 1999 al 2004. Los récords mundiales y europeos fueron gracias a él, mi entrenador y mi amigo”.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.