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POR EL ARTÍCULO 13 OPINIÓN i

Oro blanco

Silvia Domínguez, Laura Quevedo y Laura Gil celebran la medalla de plata.

Es complicado expresar lo que significan estos Juegos Olímpicos para el baloncesto femenino español. Somos muchas las afortunadas que hemos tenido la oportunidad de vivir su transición y es imposible no sentir orgullo por cómo han cambiado las cosas en este deporte.

En el baloncesto hemos conseguido que se estén dando los pasos adecuados rumbo a la igualdad, aunque sea poquito a poquito. No se trata tanto de una cuestión de salarios, porque también hay que tener en cuenta lo que se genera, como de otras facetas que ayudan a un deportista su trabajo. Puede que no generemos el retorno económico del baloncesto masculino pero lo que sí creamos es ilusión, lo hemos visto en Río y por ahí se comienza a construir. De la ilusión al interés hay un paso y así hemos crecido y seguiremos creciendo.

España ya no es el ‘ejército de Pancho Villa’. Ahora somos referencia mundial y un modelo a seguir

Hoy no puedo evitar acordarme de la primera vez que fuimos a unos Juegos Olímpicos, en Barcelona ‘92. Aquello significó un antes y un después. Por aquel entonces la Liga española era semiprofesional y las jugadoras apenas se podían pagar sus estudios con lo que ganaban jugando, pero todo empezó a cambiar con la aparición de los patrocinadores. En aquel momento tanto Dorna como Bex apostaron por el deporte femenino y, como coincidieron en el tiempo, se generó una rivalidad en la Liga que acabaría arrastrando a otras ciudades. Muchos equipos vieron lo que suponía fichar a grandes jugadoras y, lógicamente, subió la competencia y el nivel deportivo.

La llegada de foráneas de calidad y el mejor reconocimiento de las españolas la profesionalización. Tanto los clubes como la selección empezaron a competir en Europa, nos abrimos al mundo.

En mis últimos días como jugadora cogí el gusto a contar historietas del pasado a nuestras heroínas y subcampeonas olímpicas. Ellas no podían ni imaginar el sufrimiento de jugar frente a Rusia, Yugoslavia, Checoslovaquia, China… Saltábamos a la pista sabiendo que teníamos muchas papeletas para perder. La cuestión era intentar que fuera por 10 en vez de por 30. Nosotras mismas nos llamábamos el ejército de Pancho Villa. Así nos veíamos. Frente a las esbeltas jugadoras del este, un grupo de pequeñas jugadoras, fuertes y con curvas, pero también con un carácter y una furia que empezó a definir nuestra identidad.

Con esa rebeldía de no querer quedar por detrás nació el hambre de ganar y, además, empezaron a surgir enormes talentos que se fundieron con ese espíritu que nos ha llevado hasta esta plata olímpica. Para mí es como un oro. Oro blanco. España ya no es el ejército de Pancho Villa. Ahora somos referencia mundial en el baloncesto, un modelo a seguir.

Las jugadoras de baloncesto de España celebran la medalla de plata. ampliar foto
Las jugadoras de baloncesto de España celebran la medalla de plata. EFE

Eso sí, en lo que rodea nuestro deporte no todo ha sido color de rosa y es que este metal tiene aún más mérito si observamos el contexto de los últimos años de crisis económica. Pasamos de tener la Liga más competitiva de Europa a un torneo en el que los clubes intentan sobrevivir sin más ayuda que la de algunos valientes patrocinadores a los que hay mucho que agradecer. Como consecuencia de esta falta de poder económico el 89 por ciento de las jugadoras de esta selección se han tenido que marchar fuera de nuestro país y hoy por hoy la vuelta se antoja complicada. Es justo aplaudir a una Federación que, en su momento, supo ver el futuro de esta generación, invirtió en ellas y ahora, tanto en la absoluta como en categorías inferiores, no deja de cosechar grandísimos resultados verano tras verano. Nuestro modelo es el que quieren seguir muchos países y eso es gratificante. ¿Quién nos lo iba a decir?

Se acaba el sueño olímpico. Ya es realidad y poco importa el resultado de la final aunque sí el haber visto a nuestras jugadoras intentando jugar de tú a tú frente a las intocables estadounidenses. Ojalá lo que habéis hecho signifique el empujón definitivo que necesita nuestro deporte para que volvamos a disfrutar del máximo talento en nuestro país. Repito, esta plata es oro y hay que saber aprovecharla.

Gracias amigas por hacernos cumplir un sueño y por permitirnos ver cómo un país entero se emociona con nuestra selección femenina. Sois historia con mayúsculas y que nadie olvide que en 2018 tenemos una grandísima cita con el Mundial de España. Entonces lo podremos disfrutar de cerca, entonces tendremos al lado a las jugadoras que convirtieron el baloncesto en oro blanco. Felicidades de corazón.

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