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Soñé con ser atleta

Es el deporte en el que te pones a prueba tú con tus propios límites, marcado por la soledad, la constancia y en el que las marcas no mienten

Serie clasificatoria de los 100m femeninos en Río
Serie clasificatoria de los 100m femeninos en Río EFE

Todos los deportes tienen su atractivo, sus amantes, sus aficionados pero, sin ningún tipo de duda, sí o sí, el atletismo es el monarca absoluto. El padre de todos, la base de todas las disciplinas deportivas.

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser el hombre más rápido del mundo?, ¿quién no tiene grabada en la memoria la entrada en meta de Fermín Cacho en los 1.500 metros de Barcelona 92?, ¿quién no sucumbió casi de rodillas ante el televisor con aquel duelo entre Carl Lewis y Ben Johnson?

El sonido de los clavos sobre la pista me recuerda, por lo que me provoca, al que se escucha cuando un balón apenas roza la red en un lanzamiento limpio a canasta

Confieso que en mi nómina de ídolos, el Hijo del Viento compartió protagonismo con los grandísimos Michael Jordan y Drazen Petrovic. Antes de ponerme a botar un balón, quizás muchos no lo sepan, crecí soñando con la carrera del día siguiente, con ser la más rápida e incluso pensando en entrar ganadora en el Maratón. El sonido de los clavos sobre la pista me recuerda, por lo que me provoca, al que se escucha cuando un balón apenas roza la red en un lanzamiento limpio a canasta.

Cuando pienso en atletas a los que he admirado ni siquiera tengo necesidad de evocar a grandísimas estrellas foráneas porque hay nombres de nuestro deporte que son imposibles de olvidar. Abel Antón, Javier Moracho, José Luis González, Sandra Mayers, Maite Zúñiga, Fermín Cacho… mientras jugaba al básquet pude compartir Juegos Olímpicos con muchos de estos deportistas a los que admiraba. Eché horas hablando de este deporte con Carlota Castrejana, única deportista española que ha sido olímpica en dos disciplinas como baloncesto y atletismo. Dana Cervantes, Chema Martínez, Mercedes Chilla, Yago Lamela… podría seguir citando nombres que tienen mi completa admiración. En los Juegos de Atenas me marchaba a ver a los atletas trabajar en la pista de entrenamiento. Sentada en la grada, de forma anónima, admirando sus series, su constancia, su elegancia, casi como si fueran gacelas sobre el tartán.

El atletismo es el deporte rey porque es aquel del que nacen todos y el que todo el mundo puede practicar. No se necesita apenas nada material, incluso diría que ni siquiera las zapatillas porque puedes estar tú, tus pies descalzos, tus piernas y tu intención de mejorar. ¿Quién no ha corrido con amigos, o en el colegio, o en la calle? ¿Quién no ha jugado a aquello de ser el más rápido marcando una salida y una meta en cualquier tramo de la calle? Y en cada rincón del mundo sucede lo mismo de manera que en unos Juegos Olímpicos los participantes se multiplican cuando el estadio abre sus puertas para el atletismo. Un deporte en el que te pones a prueba tú con tus propios límites, marcado por la soledad, la constancia y en el que las marcas no mienten. Aquí no hay forma de engordar estadísticas, o estás o no estás. ¡Qué difícil y qué bello!

Vamos a disfrutar con el atletismo, vamos a saltar con Ruth Beitia, a correr tan rápido como Bruno Hortelano, marchemos al ritmo de Jesús Ángel García Bragado… Y esperemos para ver quién es el rey del tartán. En realidad, yo ya no puedo esperar. ¡Qué empiece!

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