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Maialen Chourraut, brava y de oro

La donostiarra escala del bronce de Londres en K1 slalom al primer cajón del podio con un recorrido perfecto en Río. En semifinales obtuvo el tercer mejor tiempo

Maialen Chourraut, tras ganar el oro. Foto: GETTY

"¡Bien, joder, bien!”, gritaba Maialen Chourraut desde su kayak después de concluir su bajada. Una bajada espectacular, perfecta, sin fallos. Una bajada que dominó de principio a fin y que paró el cronómetro en 98,65s. Nadie superó su tiempo, ni siquiera la australiana Jessica Fox, la favorita al oro, que bajó antes que ella y se quedó finalmente con el bronce.

Piragüismo Aguas Bravas Piragüismo Aguas Bravas
· K-1 Femenino
Oro Maialen Chourraut (ESP) 98.65
Plata Luuka Jones (NZL) 101.82
Bronce Jessica Fox (AUS) 102.49

“¡Bien, joder, bien!”, gritaba Maialen. Feliz, con cara de saber que había hecho algo grande. Desde la zona técnica la aplaudía Xabi Extaniz, su técnico, marido y el padre de la pequeña Ane, que tiene tres años y la acompaña, junto a una cuidadora, a todos los entrenamientos y competiciones. Ayer también, después de la competición, correteaba de un sitio a otro, con cara de alegría, mientras esperaba abrazar a su madre.

Xabi llevaba un par de días repitiendo que este recorrido le favorecía a Maialen porque no suponía quebraderos de cabeza como el de las eliminatorias —de hecho, se saltó una puerta en la primera manga y fue sancionada en una maniobra complicada por la irregularidad de los movimientos del agua—. También llevaba días diciendo que la veía tranquila y concentrada. Y nadie mejor que él para saber su estado de ánimo.

"No sentía el agua"

“Hoy ha sido un día de tensión, de nervios, y de un sueño en la cabeza: el oro. Maialen tiene mentalidad ganadora, ha salido ganadora desde que se ha levantado esta mañana”, contaba su entrenador. “Entre la semifinal y la final le he dicho que si no sacaba medalla la mandaba a dormir al sillón”, bromeaba. Ni Maialen ni él, sin embargo, calificaron la bajada de perfecta como a todos los espectadores no expertos que estaban en las gradas. “La bajada perfecta no existe. Ha tenido alguna trayectoria no muy buena, pero tiene recursos suficientes para tirar adelante, es lo que siempre ha hecho porque es una trabajadora”, proseguía Xabi que suele grabar en vídeos los entrenamientos de Maialen porque es tan meticulosa, tan perfeccionista y tiene tantas ganas de mejorar, que revisa una y otra vez todo lo que esté en sus manos.

Dijo su entrenador que se dio cuenta de que era oro sólo cuando llegó a meta. “En la bajada ha tenido algún pequeño problema y pensé que no llegaría a hacer 98 que era el tiempo que habíamos calculado para ganar el oro. ¡Lo ha hecho, lo ha hecho!, empecé a gritarle a los otros técnicos cuando vi el tiempo”, relataba con Ane en brazos. La propia Maialen tampoco había sido consciente de que estaba camino del oro. ¿Has tenido un momento en la bajada de decir: qué bien voy?”, le preguntaron cuando se bajó del podio. “Para nada, al contrario, no tenía buenas sensaciones, no sentía mucho, no lograba sentir el agua. Iba como un robot, paso a paso”, explicó.

Acababa de colgarse al cuello la medalla —“¡pesa lo suyo eh!”— y de darse cuenta de lo que había conseguido. Ella, que dice estar insoportable los días previos a la competición, tanto que no quiere que nadie le hable, estaba, o al menos se le veía, extremadamente tranquila esta mañana cuando a las 11 llegó al White Water Stadium y se puso a hacer cola para pasar los controles de seguridad. “Estoy bien, vamos a ver hoy”, decía. Transmitía serenidad.

 “Es una peleona”

 Nada que ver con la garra que saca luego en las aguas bravas. Es una competidora nata, peleona, luchadora, en la canoa sabe ocultar sus miedos, paranoias y temores. Ahí sentada, con esas manos grandes y fuertes, parece una roca. Al podio, durante la ceremonia, se subió con los brazos en alto y apretando los dientes. Como si aún no hubiese terminado la bajada. Y al final, ya con las últimas notas del himno, sonrió feliz. Relajada. Sabedora de que había conseguido lo que se había propuesto desde Londres donde fue bronce y perdió el oro por un pequeño error al que, cuatro años después todavía le daba vueltas.

“Es muy peleona, organizada y disciplinada. Sé lo que ha trabajado para conseguir este oro, desde Londres no dejó de pensar en ello. No tenía grandes dotes físicas cuando empezó en esto, ni la espalda que tienen las que dominan esta disciplina. Pero es trabajadora y muy competitiva, desde niña siempre se ha dejado el alma en todo”, decía su padre, Iñaki, mientras la esperaba para darle un abrazo.

Mailaen, madre y deportista, ahora es también campeona olímpica. “Las madres hoy en día tienen dificultades para conciliar trabajo y maternidad, es una asignatura pendiente de la sociedad y me gustaría que tuvieran más facilidades. Nosotros hicimos una apuesta y la hemos ganado: tener una hija y llevarla a todas partes. Ser madre, deportista y compaginarlo todo y en todas partes parece fácil, pero no lo es. Pero hoy hemos ganado la apuesta”, dijo enseñando su medalla de oro.

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