Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

La turbina de Katie Ledecky abre brecha

La estadounidense inicia la cosecha de oros de su equipo recortando dos segundos su marca mundial de 400m libre

Ledecky, con la medalla de oro en los 400m libre.
Ledecky, con la medalla de oro en los 400m libre. REUTERS

Berta Ledecky tenía 82 años cuando invitó a sus hijos y a sus nietos a Praga, en el verano de 2007. Allí los Ledecky nacidos y educados en Estados Unidos se reencontraron con la rama familiar que permaneció en la antigua Checoslovaquia tras la Segunda Guerra Mundial. Cierto día, la abuela Berta los llevó a visitar el cementerio judío y les mostró las tumbas de los muertos y las placas de los desaparecidos. Unos, víctimas de los nazis, otros, represaliados por los comunistas. Todos judíos. Como el abuelo Jaromir, un científico que huyó del régimen prosoviético en 1948 para instalarse en Nueva York, en donde conoció a Berta, y donde fundó una próspera saga de abogados y empresarios. Katie Ledecky, que estaba muy unida al abuelo Jaromir, jamás olvidará aquella mañana.

La mejor nadadora de la piscina de Río dice que el recuerdo de sus abuelos la acompaña constantemente. Como un acicate. La clase de combustible que inflama su ambición desaforada por dejar una huella imborrable de su paso por este mundo. Nunca hay una explicación puramente biológica para los fenómenos descomunales y el récord que batió Ledecky en su empeño por colgarse el oro en 400 metros libre, el domingo por la noche en Brasil, trasciende los límites del análisis deportivo. Lo repiten los técnicos, los biomecánicos y los entrenadores. Todos examinan el primer 50 como si en ese largo se concentrase lo más asombroso. Lo recorrió en 27,73s. La velocidad a la que Federica Pellegrini nadó el primer 50 (hizo 27,34s) cuando batió el récord del mundo de 200m libre en los Mundiales de Roma en 2009. Que Pellegrini empleara un bañador de plástico que la ayudó a flotar, un tipo de material ahora prohibido por la FINA, exalta la proeza de la estadounidense.

Ledecky nadó el primer 50 medio segundo más rápido que la más rápida de sus perseguidoras, la canadiense Brittany McLean, que acabó quinta, incapaz de aguantar. La revoltosa afición brasileña hizo un paréntesis de silencio mientras la chica de Washington surcaba el agua transparente, cada vez más alejada del resto, cada vez más sola, como envuelta en una burbuja de irrealidad. Siempre más allá de la frontera del récord que ella misma estableció en 2014. La calma que envolvió el pabellón fue tan profunda que solo se oía el golpe de los empeines de los pies de las nadadoras sobre la superficie rota.

Hosszu, plusmarca en 200m estilos

Nuevo récord para Katinka

Hosszu, la húngara, oro en 400m estilos, récord del mundo incluido, avanza con paso firme. Este martes se lanzaba a la piscina para disputar las series de 200m estilos y no defraudó. Se jugaba un puesto en la semifinal que se disputaba de madrugada. Y no solo se llevó el mejor tiempo, sino que se adjudicó un récord olímpico: 2m 07,45s.

Belmonte, a semifinales con el 15º tiempo.

La nadadora española sufrió para pasar el corte de la prueba de 200m estilos. Este martes compite en 200m mariposa.

Fue como el batido de siete hélices persiguiendo a una turbina. La turbina de Katie abrió una diferencia que se sustanció en la descarga energética sostenida, regular, potente. Se habría dicho que las piernas de la nadadora de 19 años iban conectadas a los pulmones y el corazón de un caballo. Con una cadencia de seis patadas por ciclo de brazada, parecía que la movía un elemento irreflexivo y mecánico. “El objetivo que me propuse fue hacer 3m 56,46s, o mejor”, dijo, sin mostrar demasiada emotividad, al salir del agua, con la frente más blanca y amplia que nunca. “Ver ahí esos 56s estuvo realmente bien”. Ledecky conquistó así el primer oro de la natación femenina de Estados Unidos. De paso rebajó su propio récord mundial en dos segundos: de 3m 58,37s a 3m 56,46s. En el agua eso es mucho tiempo. Equivalente a una generación o más.

 

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información