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“En la Villa se puede vivir”

Equipos de obreros, fontaneros y de limpieza trabajan contra reloj para arreglar los desperfectos. Parte de la delegación española asegura que no hay “nada traumático”

Algunas de las torres de la Villa Olímpica. Ampliar foto
Algunas de las torres de la Villa Olímpica. Getty

El Comité Organizador de Río 2016 reconoció este martes que 19 de las 31 torres de la Villa Olímpica necesitan reparaciones. Los apartamentos hospedarán a 15.000 deportistas y de momento hay 2.391 personas alojadas, entre ellos 600 atletas de 129 países. A un ritmo frenético y con jornadas de más de 12 horas, más de 600 electricistas, fontaneros y obreros se han puesto manos a la obra para arreglar desde goteras a techos y desatascar cañerías.

Algunas delegaciones como las de Holanda, Estados Unidos e Italia ya habían contratado sus propios trabajadores para mejorar los acabados de sus apartamentos. Parte del equipo español de tiro, que llegó el día 24 a la Villa —competirán los días 6, 7, 8 y 9 de agosto—, se encontró con que su apartamento (de la torre 27) estaba sin terminar por lo que tuvo que instalarse en otro de la torre 28.

“Es mejorable, pero no traumático. Faltan detalles, sí, pero se puede vivir aquí. No es tu casa, claro, pero también depende de cómo se vaya adaptando cada uno”, contaba, por teléfono y desde Río, Dani Mon, responsable del equipo español de tiro. Los “detalles” de los que habla son: algunos enchufes que no funcionan, algunas habitaciones un poco pequeñas, la falta de teles —aunque le han prometido que las habrá en los próximos días—, que el agua sale con poca potencia, la justa para ducharse, y que una de las tiradoras, Sonia Franquet, se encontró con el baño atascado.

La expedición italiana, por su parte, se encontró con apartamentos (los de la torre 20) en los que había lavabos sin tuberías y desagües de duchas no conectados que terminaron inundando el piso de abajo. También detectaron problemas de luz, limpieza y agua caliente. Tanto es así que han contratado, pagándolo de su bolsillo, a un equipo de fontaneros, albañiles y electricistas para que termine las obras antes de que llegue el grueso de los atletas. Mientras tanto, el CONI (Comité Olímpico Italiano) ha hecho un llamamiento a sus atletas para que se adapten a las condiciones.

Traslado a hoteles

La ceremonia de apertura será el 5 de agosto, pero muchos deportistas, los que tienen competiciones los primeros días, ya han llegado a Río. Tras las quejas de la delegación australiana, que el domingo, después de testar las instalaciones encendiendo todas las luces y abriendo todos los grifos, decidió marcharse de la Villa, otros equipos también cogieron sus maletas y se marcharon a un hotel. Los argentinos, que llegaron el lunes, y los suecos también relataron problemas en los pisos.

Río 2016 ha prometido tenerlo todo listo este viernes. Así también lo asegura Dani Mon. “Fuimos los primeros en llegar, pero poco a poco las cosas irán mejorando. La comida es buena, el wifi funciona y el sistema de transporte también y es bastante rápido. Lo único extremadamente lento fue el trámite para pasar las armas [de tiro] de los deportistas en el aeropuerto. Nos tuvieron más de cuatro horas en la aduana, cuando en Europa, normalmente, se tarda hora y media. Salvo en Bakú, nunca habíamos estado esperando tanto tiempo”, explica.

Los organizadores y las constructoras responsables de la obra, por otra parte, esquivan responsabilidades y se han empeñado en resolver cuanto antes los problemas en la Villa Olímpica, entre otras cosas porque la chapuza está dañando la imagen de la urbanización que será vendida tras los Juegos. De los 3.604 apartamentos, se han cerrado tan solo 250 contratos de venta.

Olor a gas

Este martes, un poco antes del medio día, un ejército de limpiadores buscaba la entrada de la Villa. Cargados con cloro para limpiar suelos, alcohol, cubos, escobas y estropajos, fueron movilizados para limpiar siete torres de apartamentos de los atletas. La orden era clara: “Tienen que entregarse hoy [por el martes]”. Entre las decenas de trabajadores que entraban y salían había también un grupo de técnicos de una compañía de gas que iba a comprobar posibles escapes. Varios de los apartamentos de la urbanización olímpica presentan un fuerte olor a gas, según comentaban entre ellos. Los desperfectos no fueron las únicas reclamaciones de las delegaciones, los atletas relataron suelos inmundos.

Del transporte de Atlanta 96 a los váteres dobles de Sochi

Antes de que empiece la competición y el espectáculo deportivo más grande del mundo lo nuble todo, es el momento de las quejas. No solo en Río, donde el equipo australiano hizo saltar todas las alarmas el domingo, cuando se negó a instalar a sus deportistas en la Villa Olímpica y los distribuyó en hoteles de la ciudad hasta que la organización subsanara los fallos. En Sochi, los últimos Juegos Olímpicos de Invierno, hace dos años, se hicieron virales los váteres dobles y algunos desperfectos en los hoteles que decenas de periodistas, muchos de ellos aburridos ante la falta de competición, compartían en las redes sociales. También las quejas sobre la falta de pericia con los idiomas de los voluntarios o las dificultades para llegar a las sedes de la montaña debido a los rigurosos controles de seguridad. Hay deportistas que aún recuerdan que los autobuses se perdían entre sedes en Atlanta 96. A los obreros trabajando hasta el último momento en Londres 2012. O los problemas de wifi en el Parque Olímpico los primeros días de afluencia masiva de periodistas.

Son anécdotas que forman parte del paisaje olímpico habitual los días anteriores a que la llama olímpica arda, cuando los organizadores corren contra el viento para que todo esté perfecto el día indicado. En este caso, el 5 de agosto de 2016, cuando queden inaugurados oficialmente los XXXI Juegos Olímpicos modernos.

Aunque hay algunos que dicen que lo visto en la Villa Olímpica de Río no tiene comparación con las quejas de otras ediciones —y es verdad que es difícil recordar otro caso de un equipo que se negara a instalarse en su alojamiento oficial—, lo normal es que los organizadores subsanen los defectos detectados (y los nuevos que aparecerán) y todo quede en nada cuando empiece lo bueno. El grueso del equipo español sale en un chárter desde Madrid el viernes. Para entonces puede que la Villa ya no sean el hotel de los horrores descrito.

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