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No hay vida sin Holanda

La orange no competirá en el torneo de 2016 a pesar de que el número de participantes pasó de 16 a 24 y de quedar tercera en el Mundial de Brasil 2014 y segunda en Sudáfrica 2010

Robben, en el Mundial de Brasil.
Robben, en el Mundial de Brasil. EFE

Una veintena de hinchas holandeses apostados en la barra de un bar del Algarve abren una cuestación para pagar el billete de vuelta del seleccionador Dick Advocaat. Holanda acaba de perder con la República Checa después de que el técnico haya sustituido a Robben y los aficionados no tardan ni media hora en reunir el dinero suficiente para repatriar a su técnico después de la segunda jornada de la Eurocopa 2004. No quieren abandonar Portugal a mitad de junio sino que aspiran a disputar la final del 4 de julio en el estadio Da Luz de Lisboa. Holanda llegará hasta las semifinales con la dirección de Advocaat. Así vive casi siempre Holanda.

Ahora mismo resulta imposible imaginar un torneo de selecciones sin su presencia y más si se celebra en Francia. No hay mejor afición para disfrutar del campeonato que la orange ni un equipo que alimente más el debate futbolístico que el de la Naranja Mecánica, famosa por sus gloriosas derrotas desde que perdió el Mundial de 1974 en Alemania. Quizá está de duelo por la muerte de Johan Cruyff. No competirá en el torneo de 2016 a pesar de que el número de participantes pasó de 16 a 24 y de quedar tercera en el Mundial de Brasil 2014, segunda en Sudáfrica 2010 y ser la número 1 del ranking de la FIFA en 2011.

La regresión ha sido imparable: se pasó del juego de posesión y posesión, de masticar la jugada, a prescindir de la figura del 4

Al igual que sucedió también en 1984, no habrá marea naranja en las gradas de los estadios ni en los campings, y los fotógrafos y las cámaras se quedarán sin las imágenes recurrentes de los zuecos, sombreros y vestimentas coloristas en los momentos de apuro, cosa todavía más extraña si se tiene en cuenta que Francia es con Alemania el país en el que más veranean los holandeses, siempre pendientes del equipo nacional para organizar sus vacaciones, resignados a mirar por televisión la Eurocopa, el torneo que ganó en 1988 con una volea monumental de Marco Van Basten ante Rinat Dassaev.

Van Basten, en la Eurocopa de 1988.
Van Basten, en la Eurocopa de 1988.

Aquel gesto resume la perfección de Holanda. No ha habido un gol más bonito ni tampoco otro título que celebrar en una selección históricamente protagonista de multitud de debates alrededor del juego, y especialmente de la táctica y el estilo, los egos e incluso respecto al racismo y los pleitos entre los ajaccied y los internacionales no pertenecientes al Ajax. Holanda ha evolucionado tanto que acabó por extraviarse en la cancha y ceder el know how del fútbol a selecciones como Alemania y España, ganadoras de los últimos Mundiales, y en el caso de La Roja de dos Eurocopas.

La regresión ha sido imparable en los últimos torneos: se pasó del juego de posesión y posesión, de masticar la jugada (4-3-3), a prescindir de la figura del 4 (Krol, Koeman, Frank de Boer), para defender con un doble pivote en 4-2-3-1 (tiempos de Engelaar y De Jong), hasta prescindir de los extremos y acabar en la Copa del Mundo de Brasil con un dibujo 5-2-3. Han pasado entrenadores de calado muy distinto, desde Rinus Michels hasta Guus Hiddink o Van Marwijk, la mayoría holandeses —el último extranjero fue el austriaco Ernst Happel en 1977-1978—, algunos en viajes de ida y vuelta, todos identificados de alguna manera con el juego orange. A veces incluso se ha recurrido a equipos alternativos en momentos óptimos de forma, como fue en su día el AZ Alkmaar. Y no se ha parado de dar vueltas a la idea de que siendo muy ofensivos convenía defender mejor para poder alcanzar el triunfo. Tanta seriedad en detrimento de la alegría ha derivado en que la selección de los yernos ideales se convirtió en el equipo de los cuñados insoportables desde que los veteranos invitaron a Van Basten a contener mejor en la Eurocopa de 2008. Un holandés de nombre Hiddink que entrenaba a Rusia acabó entonces con el discurso intimidador de un equipo que había dado buena cuenta de rivales como Italia y Francia.

Holanda se ha retirado al cuarto de pensar en busca de reinventar el juego y recuperar la iniciativa, consciente de que su presencia en los torneos no se espera para que gane sino para que enseñe a jugar al fútbol, o cuanto menos se pueda discutir sobre lo bueno y lo malo, el método y la retórica, contenciosos muy extendidos en Ligas como la española o la alemana. Los holandeses operan ahora como perfectos sparring de los clasificados para la Eurocopa. Danny Blind ha reunido a un plantel cuya edad media es de 23 años —no pasaba desde 1964—, gente como Kevin Strootman o Vincent Janssen, ya no parece haber sitio para las viejas glorias, salvo para Robben, y de momento ha alcanzado para contar victorias ante Polonia y Austria. El asesor de Blind es Advocaat, el mismo del Algarve al que los aficionados querían devolver a Holanda. Los seguidores oranje se entretienen hoy en responder a la pregunta. ¿Quién quiere que gane la Eurocopa? La mayoría apuesta por Bélgica. La vida en Francia no será fácil sin Holanda.

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