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Pablo Alfaro: “Hay partido para disfrutar”

El ex jugador del `dream team´, donde Cruyff le cambió todos los conceptos, y mito del sevillismo, analiza la final de Copa que ya se vive en las calles de Madrid.

Final de la Copa del Rey
Pablo Alfaro en una imagen de 2010.

Pablo Alfaro llega hoy Madrid porque como aficionado del fútbol no sé hubiera perdido por nada del mundo esta final de Copa entre el Barcelona y el Sevilla, pero además tiene faena: desde la cabina de RNE, comentará la final entre dos equipos que marcaron su vida. Nacido en Zaragoza hace 47 años jugó la temporada 1992-93 en el Barcelona y durante cinco años, en el Sevilla CF, donde es mito y leyenda. Central de los de antes, eso es, solido y expeditivo, camino de lo que dice espera sea una fiesta llena de fútbol, Pablo Alfaro analiza la final entre dos equipos con hueco en sus recuerdos más emotivos. Si un futbolista simboliza el buen ambiente entre los colores del Sevilla y del Barcelona que tiñen las calles de Madrid en este día de Santa Rita, ese es Pablo.

Pregunta. ¿Qué recuerda de aquel año en el Barcelona?

Respuesta. Me dejó tres títulos, pero eso es lo de menos. Lo disfruté mucho, a nivel vital, y también deportivamente. El sello de aquel equipo te acompaña siempre, vayas donde vayas. Yo siempre podré decir que jugué en el Barça de Johan Cruyff, que en paz descanse, que jugué en el dream team y eso, amigo, en el currículo pesa. Hombre, jugué poquito, pero jugué. Tener a Cruyff de entrenador siempre marca. Tu piensa que yo era un chico de Zaragoza, un muchacho de provincias que aterrice allí sin experiencia y descubrí un mundo.

P. El mundo de Johan Cruyff.

R. Yo llegué al mejor Barça de la historia. Porque hoy es lo que es y tenemos otra perspectiva pero yo firmo a los 20 días del gol de Koeman, en medio de la Barcelona del 92. El Barça acaba de ganar su primera Copa de Europa. Y ahí están Koeman, Laudrup, Romario… y Cruyff. Y Cruyff te marca una carrera en tres meses, te lo digo yo. A mí Cruyff me decía cosas y yo pensaba: “Pero si a mí me han dicho toda la vida que haga lo contrario de lo que me pide este”. Johan me decía que la pelota no la perdiéramos nunca, y a mí toda la vida me decían que en mí posición no tomara ningún riesgo, y Johan que sé la diera al portero… Yo iba aprendiendo sobre la marcha y no era sencillo. Era como un intensivo, como cinco años de universidad en un solo curso. Yo había crecido marcando al hombre y aquí Cruyff me enseñó a defender los espacios, o que la victoria era meter un gol más que el rival, que defender la ventaja era meter otro gol… Eran cosas que yo descubrí en aquel equipo, que no había oído en mí vida.

El Sevilla tiene hambre y variantes tácticas. El Barcelona a Messi, a Iniesta, Suarez... te mata por calidad.

P. Dice que jugó poco, pero jugó. 

R. El nivel era altísimo, no te imaginas. Competía con Ferrer, Nadal, Koeman… ¡jugaba de lateral Eusebio, así que tu mismo! La competencia era muy grande y los entrenamientos de un nivel que no veas. Marcabas a Stoichkov, Bakero, Txiki, Laudrup…. Pero era un grupo humano muy bueno y en ese sentido siempre explico lo mismo: fue fantástico cómo me acogieron. Estuve un año y una pretemporada, pero tengo un recuerdo fantástico.

P. ¿Por qué sé fue?

En el dream team Cruyff me enseñó cosas que no había escuchado en la vida, como defender los espacios

R. Johan fue muy claro. Me dejó claro que me podía quedar, me dijo que estaba encantado, pero me dijo con sinceridad que más de lo que había jugado no iba a jugar y yo era muy joven y quería jugar. Era un equipo para elegidos y yo disfrute una barbaridad.

P. ¿Ya no volvió a cuidar el balón como aquel año?

R. No hombre, el fútbol cambió a partir de entonces hacia esa idea de juego. Mi función siempre fue que el delantero no estuviera cómodo cuando tenía el balón, pero a partir de ahí los equipos propusieron cosas en la línea de aquel Barcelona.

P. Usted fue expulsado 18 veces en 516 partidos.

R. Bueno, esos delitos van prescribiendo. Es que jugué hasta los 38.

Llegue al Sevilla en segunda y lo dejé con un título europeo. Es más dificil ganarte el corazón de la gente que lograr títulos"

P. Ya, y protestaba mucho.

R. No por eso no creas, hablar hablaba poco, daba pocas explicaciones…

P. ¿El Sevilla es su gran amor deportivo?

P. Desde que dejé el Barcelona y llegué al Sevilla pasaron casi siete años, jugué en el Racing, donde volví después, un equipo del que guardo un gran afecto. Pero estuve seis temporadas en el Sevilla, primero jugando y luego trabajando como coordinador del fútbol profesional. Llegué en Segunda y me fui tras un título europeo, el primero. Bueno, me fui en diciembre, al Racing, donde me retiré, pero las primeras rondas las jugué y sentí como mío ese triunfo. Viví los años de Caparrós, que nos enseñó a ser competitivos, y la primera temporada de Juande, los años de la transformación del Sevilla.

P. ¿Como lleva lo de haberse convertido en mito del Sevilla?

R. Un mito no sé, pero querido sí me siento. Ganar partidos y títulos es difícil, pero ganarte el corazón de la gente eso es lo más complicado. A los sevillistas siempre les estaré agradecido. El campamento base de mi vida lo tengo instalado allí, mi mujer es sevillana, tengo dos hijas de allí, a las dos mayores les encanta la ciudad…

P. Si le cuentan cuando llegó a Sevilla que un día viviría un partido como este, ¿se lo cree?

R. ¿Cuando llegué? Eh, estábamos en Segunda. Pero si las cosas se hacen bien…

P. ¿Y qué ha de hacer bien el Sevilla para ganar esta final?

R. Mucho. Con el Barça no basta con hacer las cosas casi perfectas porque el Barça tiene  un problema: el Barça.

P. ¿Messi?

R. Sí. Messi. Y Suárez, Neymar, Piqué, Iniesta. Tiene un problema que se llama calidad.

P. ¿Y el Sevilla?

R. Hambre. Y posiblemente alguna variante táctica más que el Barcelona. Lo que la pasa es que el Barça juega a lo que juega y te mata como sabes que te va a matar. Pero creo que hay partido para disfrutarlo, eso espero, un buen partido disputado. Yo creo en el alto nivel competitivo del Sevilla.

P. La previa del partido ha estado marcada por las banderas. ¿Qué le parece?

R. Mezclar deporte y política no sale bien, nunca. El deporte siempre está muy por encima de eso. Y gracias a Dios, las personas por encima de los políticos.

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