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El Sporting festeja mientras Getafe y Rayo lloran el descenso

El presidente del Rayo critica a Marcelino y dice que no salió a puntuar en Gijón

El entrenador del Sporting, Abelardo, celebra la permanencia. PACO PAREDES Atlas

El Molinón lo festejó como un título. Y lo es. Pocas alegrías, pocos alivios comparables a los que siente un modesto cuando se libra del descenso en la última jornada y más en un momento en el que los ingresos por derechos de televisión aumentarán de manera exponencial para los equipos que se queden en Primera División. Ahí seguirá el Sporting, que por segundo año consecutivo festejó un triunfo que precisó carambola ajena para acabar de sustanciarlo.

La temporada pasada selló su regreso entre los grandes gracias a su victoria en el Benito Villamarín, pero sobre todo a un gol de Caballero, un delantero del Lugo, en el campo del Girona. Esta tarde ha vuelto a mirar hacia el campo del Betis y recibió una nueva ayuda (2-1) para otro final feliz porque allí cayó el Getafe, que pierde la categoría después de doce campañas ininterrumpidas en Primera.

Se va a Segunda también el Rayo Vallecano, al que de nada sirvió su victoria sobre el Levante (3-1). Su presidente Raúl Martín Presa estalló al final, reconoció que su equipo falló en anteriores jornadas para acabar en el pozo, pero cargó contra la actitud del Villarreal: “El de El Molinón no fue un partido de fútbol porque un equipo no ha competido. No creo que hayan preparado el partido con respeto a la competición y a todos los rivales. Es un gran club y espejo para todos los humildes, es un hecho aislado de una persona que la lleva montando desde el domingo pasado”. Aludía a Marcelino, el técnico del Villarreal, un asturiano que había expresado su preferencia por la salvación del equipo donde se crió, donde jugó y entrenó. A Esnaider también le preguntaron por Marcelino. “Estará contento”, zanjó.

Dedicatorias a Manolo Preciado

El Sporting, que esperaba el fallo del Getafe para tener ventaja, hizo su trabajo (2-0) y seguirá en Primera tras partir con el menor tope salarial de la categoría y severas restricciones de la Liga de Fútbol Profesional para poder reforzarse. “Hemos trabajado muchísimo y luego en el deporte siempre hace falta una pizca de suerte”, reconoció al final el capitán Lora. Hubo dedicatorias a los ausentes, a Manolo Preciado, y a Alejo Caso, utillero del club. En tiempos en los que algunos aluden a todo tipo de pestes sobre los futbolistas profesionales reconforta ver a tipos como Cuéllar, el meta del Sporting, llorar en silencio emocionado en el túnel de vestuarios antes de salir al campo a festejar el éxito con la gente.

La cara del Sporting es la cruz de los dos equipos madrileños. “Desciendo orgulloso, pero muy triste, más en lo personal que en lo profesional”; reconoció Paco Jémez, que se mostró dispuesto a seguir en Segunda con el Rayo “si las cosas se hacen como yo quiero, con el rigor que deseo”. El Getafe buscará también armar un proyecto que le ayude a regresar a Primera.

Ayer era el único que dependía de sí mismo en la carrera por la salvación, pero la exigencia le llegó bien temprano porque antes de cuarto de hora ya sabía que sus dos rivales directos ganaban sus partidos. Había marcado Jony en la primera llegada clara del Sporting contra el Villarreal y anotó el Rayo por mediación de Pablo Hernández para encarrilar un partido que poco después acabó de aclarar un chut de Trashorras desde la frontal que golpeó de manera involuntaria a Jozabed antes de batir de nuevo al Levante.

Las noticias obligaron al Getafe a buscar un nuevo aliento en el Benito Villamarín. Había partido mandón aunque con ciertas precauciones, pero los goles ajenos le obligaron a subir líneas y encimar al Betis. Pero ya con la obligación de marcar perdió el dictado. Guaita sacó un mano a mano a Jorge Molina y a los diez minutos de regresar del descanso marcó Pezzella y El Molinón estalló en júbilo, ni siquiera en el banquillo del Sporting se pudieron reprimir los abrazos.

En ese escenario, un gol del Villarreal salvaba al Rayo, que aguardaba una doble carambola más allá del susto que supuso que Verza descontase de penalti. En esa esperanza murieron los vallecanos mientras en Gijón se gestionaba el gol de Jonny como un tesoro y el rival tampoco exhibía una excesiva codicia.

El Getafe se derrumbó. “No es fácil jugar estos partidos, nos superó la ansiedad”, disculpó su entrenador Juan Eduardo Esnaider. Sin ideas, desordenado en las prisas se encontró con un penalti injustamente decretado por el árbitro Gil Manzano porque Musonda entró trastabillado en el área y se cayó sin que hubiese contacto con Damián. Marcó Rubén y afloró el nerviosismo en el joven Emi Buendía, que perdió los papeles ante Dani Ceballos y dejó al equipo de Esnáider en inferioridad numérica. Tres goles en veinte minutos precisaban y solo anotaron uno.

La desesperación de Vergini (I) y Pedro Léon tras la derrota del Getafe. ampliar foto
La desesperación de Vergini (I) y Pedro Léon tras la derrota del Getafe. EL PAIS

El foco ya estaba en Gijón. Allí marcó Sergio Álvarez a doce minutos del final y todo pareció resuelto. Mientras su estadio saltaba de alegría, al Pitu Abelardo le brotaron lágrimas en la zona técnica. “¡Contra los elementos, contra la propia vida!”, clamó el speaker de El Molinón para glosar el nuevo milagro.

Las lagrimas de los aficionados del Rayo en las gradas de Vallecas. ampliar foto
Las lagrimas de los aficionados del Rayo en las gradas de Vallecas. EL PAÍS

 

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