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El Estudiantes cae al pozo

El conjunto del Ramiro de Maeztu se expone por segunda vez en 68 años de historia a un descenso que ya evitó en 2012 cuando los trámites administrativos corrigieron el resultado en la pista

Juancho Hernangómez, ante el UCAM Murcia
Juancho Hernangómez, ante el UCAM Murciaacbmedia

El 6 de mayo de 2012, ante el Murcia, el Estudiantes selló su primer descenso en 64 años de historia. Hoy, en la plaza de toros de Illumbe selló ante el Gipuzkoa (78-73), llegó el segundo viaje al pozo de la LEB. Entonces, las renuncias a su plaza en la Liga Endesa de Menorca y CB Canarias –que luego la logró comprando la licencia del Alicante- propiciaron el rescate de Estudiantes en la repesca administrativa de septiembre después de 30 días en el infierno. En esta ocasión, podría repetirse la historia. Tras la reciente decisión de la ACB de mantener el canon de acceso a la máxima competición (3,1 millones de euros más IVA)  -en contra del dictamen de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia sobre su ilegalidad-, solo hay un ascenso asegurado: el del Ourense, que el verano pasado, tras una procelosa negociación, pactó una incorporación en diferido a la Liga Endesa. El conjunto gallego ocupará, en principio, la plaza del último clasificado de la ACB, el Gipuzkoa. Pero la opción de algún otro ascenso está tan difícil como en años precedentes. Tanto Palencia, campeón de la LEB Oro; como Melilla y Huesca, que disputan la final del playoff; ya han declarado su “imposibilidad” de afrontar el pago de los cerca de 7 millones que se necesitan para lograr la plaza en la élite (sumando el canon, la aportación al fondo de regulación de ascensos y descensos y el aval de garantía) y sus problemas para cumplir el resto de requisitos: un presupuesto económico mínimo, la inexistencia de déficits sin justificación, la necesidad de estar al día en los pagos a los jugadores, y la obligación de presentar un certificado de estarlo también con la Agencia Tributaria. A expensas de lo que ocurra en los despachos, Estudiantes, con un patrocinador sólido como Movistar pero unas arcas tan endebles como las de sus competidores, ha vuelto a caer en la espiral que le mantiene a la deriva en los últimos años.

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Tres veces campeón de Copa, cuatro veces subcampeón de Liga, 24 participaciones en competición europea, un subcampeonato en la Copa Korac, una Final Four y una infinidad de talento formado en su cantera y repartido por todo el baloncesto español jalonan la historia del club del Ramiro de Maeztu, uno de los seis que fundaron en el año 1956 la Liga Nacional, lo que ahora es la ACB (Liga Endesa), y el único, junto al Madrid y el Joventut —el Barça suprimió la sección en el curso 1960-61 y bajó en el 63-64—, que nunca ha perdido la máxima categoría. A mediados de los 90, en tiempos de apogeo, Estudiantes llegó a tener el quinto presupuesto de la Liga con unos 500 millones de pesetas de la época, en 2005 aún se mantenía entre los ocho primeros con 7,5 millones de euros, pero en 2010 vio cómo su hucha languidecía y pasaba a ser el 12º con poco más de cuatro millones de euros. Subsistió con solvencia durante años vendiendo las joyas que producía su cantera (Herreros, Reyes, Jiménez, Sergio Rodríguez, Carlos Suárez...) y superó el concurso de acreedores. Pero los bandazos deportivos y la crisis se lo han vuelto a llevar por delante.

Una veintena de jugadores y un par de entrenadores (Diego Ocampo y Sergio Valdeolmillos) han pasado este año por la plantilla en un vaivén similar a la que llevó al equipo al pozo en 2012. Aquel curso se dio un volantazo al proyecto. De nada le sirvió a Luis Casimiro alcanzar los playoffs ligueros, disputar la Copa del Rey y realizar un meritorio papel en la Eurocup la temporada anterior en pleno concurso de acreedores. El club apostó por Pepu Hernández, entrenador colegial entre 1994 y 2005 y emblema de la institución. Al proyecto se sumaron el capitán, Carlos Jiménez, y Rodrigo de la Fuente, que debutaba con 35 años en el primer equipo tras salir del Ramiro de Maeztu con 18 años. Pero la idea pronto se torció. Con Pepu, el Estudiantes solo fue capaz de ganar seis partidos de 22 en la Liga. Flores, Wright y Simmons, que compartían agencia de representación con el técnico, resultaron un fiasco y la condena se hizo inevitable. Llegaron al rescate Kirksay, Deane, Lofton y Bullock —cuatro estadounidenses, uno con pasaporte francés, otro con visado búlgaro—. Solo Kirksay alcanzó los 10 puntos de media de valoración.

Valdeolmillos, cabizbajo tras caer ante el Murcia
Valdeolmillos, cabizbajo tras caer ante el Murciaacbphoto

Esta temporada el club pasó página al digno periplo de Txus Vidorreta, al que relevó Diego Ocampo, y para sostener a su núcleo de canteranos fichó consecutivamente y sin éxito a Tony Mitchell, Brandon Thomas, Vladimir Stimac, Zach Graham –todos ya fuera del equipo- además del notable Laprovittola, Pumprla y Levon Kendall, los últimos en llegar. Todos ellos se sumarán a una larga lista de jugadores con una hoja de servicios intrascendente (Garnett, Sanikidze, Young, Lewis, Brewer, Welsch, Asselin, Ellis, Fisher, Finley, Nunnally…) en la última década. Un periodo en el que el Estudiantes solo acudió a la cita con los playoffs en una ocasión (2010) —cuando no faltó durante 16 años consecutivos, entre 1990 y 2006—. Un periodo en el que siguió desprendiéndose del talento de su cantera y en el que abrió la puerta a los foráneos que mejores prestaciones ofrecieron como Pancho Jasen, Caner-Medley, Pietrus o Popovic.

De la Fuente, tras el descenso en 2012
De la Fuente, tras el descenso en 2012efe

La última plantilla colegial que levantó un título, la Copa del Rey, en Vitoria en 2000, entrenada por Pepu, estaba integrada por 10 canteranos (Azofra, Jiménez, Alfonso y Felipe Reyes, Gonzalo Martínez, Aisa, Robles, Muñoz, Asier García y Arranz) y dos norteamericanos solventes (Chandler Thompson y Shaun Vandiver). Ahora la catarsis de refundación pasa por volver a mirar al patio del colegio Ramiro de Maeztu, donde lanzan a canasta los 1.000 niños y niñas de la cantera que son la esencia romántica de un club abocado al funámbulo por la coyuntura económica y su suspenso en filosofía.

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