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El Celta festeja su condición europea

El cuadro gallego se sitúa a cuatro puntos de la champions tras ganar a un Granada que trendrá que sufrir

Guidetti controla ante Babin.
Guidetti controla ante Babin. AFP
Celta

4-2-3-1

Eduardo Berizzo

13

Rubén Blanco

2

Hugo Mallo

22

Cabral

20

Sergi Gómez

8

Pablo Hernández

9

2 goles Gol (p) Gol Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Aspas

14

Orellana

10

Nolito

21

Cambio Sale Jony Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Planas

5

Cambio Sale Radoja

Marcelo Díaz

11

Cambio Sale Wass

Guidetti

13

Andrés

18

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Miguel Lopes

2

Lombán

6

Babin

3

Biraghi

16

Doucouré

19

Isaac Cuenca

27

Peñaranda

21

Cambio Sale Fran Rico

Krhin

23

Cambio Sale Robert Ibáñez

Rochina

9

1 goles Gol Cambio Sale Barral

El-Arabi

Granada

4-4-2 (D.P.)

José González

El Celta europeo quiere más. Ha vuelto a ganarse el derecho a jugar competición continental donde no se asomaba desde que en 2006 entró en ella con Fernando Vázquez a los mandos. Antes, en 2003, con Miguel Ángel Lotina al frente entró en Liga de Campeones. Ahora tiene tres partidos para soñar con repetir ese hito, debería remontarle cuatro puntos al Villarreal.

Las dos últimas veces que jugó el Celta en Europa acabó bajando esa temporada a Segunda, pero el presente del club celeste no permite pensar en gafes porque le sobra fútbol y capacidad para enfrentarlos. Ante el Granada salió como un ciclón, luego supo sufrir y acabó mostrando madurez para gestionar un marcador favorable en un partido rico en vaivenes. Partió dominador el Celta, cuidadoso para no equivocarse con balón y propiciar la respuesta rival, incisivo cerca de la meta, productivo en varios sectores, pero sobre todo en la derecha, donde Iago Aspas operó de extremo para desnudar a Biraghi. En el primer cuarto de hora los incendios generados fueron tantos que al Granada no le llegó la manguera. Se acabó quemando por el lado del lateral italiano, que hizo un mal control en el área y cuando quiso enmendarlo fue a golpear la pelota y se encontró con Guidetti, que se había cruzado ante él para sacar fruto de su torpeza. El penalti lo transformó Aspas.

La desventaja en el marcador evidenció los problemas del Granada, cuyo plan inicial consistió en replegarse y tratar de lanzar a sus dos delanteros nada más recuperar. Le falló la presión porque el Celta abre el campo como pocos y se despliega en ataque de tal manera que a veces da la impresión que se necesitan quince jugadores para neutralizarles. Sin balón, el Granada se dedicó a perseguir celestes, cuando quiso aplicar otros conceptos, iniciar desde atrás y activar a sus mediocentros se encontró con que el Celta ocupaba muy bien los espacios en la fase defensiva. Tuvo que curtirse el partido para que los andaluces encontrasen más presencia, flaquearon los de Berizzo, que siempre pasan por momentos en los que bajan su trepidante ritmo. Lo aprovechó el Granada para buscar sus opciones, para encontrar por fin a El Arabi y Peñaranda, incluso para rematar al larguero tras una falta frontal que Rochina puso en la testa de Lombán.

El descanso le sentó bien al Granada porque salió bien ajustado sin balón, subió líneas, recuperó más arriba y llegó con más hombres al área. Empezó a mostrar su potencial ofensivo, que no es poco. Por ejemplo el de Peñaranda, un portento con pecados de juventud, con una tendencia nociva a explotar la acción individual. Tuvo el gol en una acción en la que no vio a El Arabi, desesperado por rematar solo en el corazón del área. No es la primera vez, pero pocos minutos después el empate llegó gracias a un alarde de poderío suyo. Peñaranda es lo que en la calle se conoce como un “chupón”, pero es un futbolista de enormes condiciones, una joya por pulir.

Pleno de pegada, el Granada buscó primero una liza a la carrera, luego simplemente se convirtió en dominador. Al Celta tampoco le incomoda el frenesí, pero por momentos se desajustó de manera peligrosa para sus intereses. Y comenzó a sufrir porque además José González envió al equipo adelante sin ambages, con el empuje y la ambición que da la proximidad del abismo. Empató tras un remate lejano de Fran Rico en un gol con un final medio chusco porque el centrocampista pontevedrés del Granada remató en resbalón y la pelota se envenenó al tocar levemente el pie de El Arabi.

El partido estaba para el Granada, pero cuando se juntan Nolito y Iago Aspas surge la magia. Respondieron casi de inmediato con un gol pleno de sutileza y precisión, una obra de arte. Así que el partido volvió donde estaba, pero con un Celta que ya se sabía la lección. Ante un rival ansioso, se junto atrás con más hombres, guardó la pelota y hasta asustó a la contra bastante más que en minutos precedentes. Se vació el Granada en busca de un empate que hiciese granero ante un calendario en el que le resta recibir al ya salvado Las Palmas, pero también acabar ante Sevilla y Barcelona. Sigue fuera del descenso, pero dentro de unas semanas puede acordarse de Balaídos.

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