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Jota Peleteiro: “Cuando alguien me pone trabas, más me pico”

Jota Peleteiro, con la camiseta del Eibar.
Jota Peleteiro, con la camiseta del Eibar. GTRESONLINE

A José Ignacio Peleteiro (A Pobra do Caramiñal, A Coruña), 24 años, todo el mundo le llama Jota, el apodo que le pusieron sus hermanas. Fue la perla del Celta, que probó fortuna en el Madrid y triunfó en el Eibar consiguiendo el ascenso a Primera, antes de marcharse al Brentford de la Segunda inglesa. Tras un año exitoso en la Championship ha vuelto a Eibar cedido tras superar una lesión de tobillo.

Pregunta. ¿Qué hacía un coruñés como usted en las categorías inferiores del Celta?

Respuesta. Bueno, la verdad es que yo soy de Puebla del Caramiñal que está a una hora de Coruña y a una de Vigo, y la verdad que tenía opciones para ir a uno u otro lado, pero las condiciones que ponía el Celta eran mejores que las del Deportivo. El Celta me ponía un taxi para ir a entrenar. Unos días me llevaban mis padres y otros días me llevaba el taxi.

P. A esa edad, se sentiría como un señor en el taxi...

R. Bueno, tampoco. Yo tenía relación con la empresa del taxista que era de la zona y venía siempre el hijo. Nos conocíamos de toda la vida.

P. Pero sería la admiración de los chavales del pueblo.

R. Hombre, cuando eres pequeño, juegas en un gran club y siempre causa una cierta sensación. Pero al final, en un pueblo, siempre eres el niño que juega en el Celta.

P. Llegó muy pronto al fútbol profesional, al debutar frente al Barça B, pero luego se atrancó.

R. Yo tenía 18 años y entonces alternaba el primer equipo y el filial. Y ese año jugué cinco partidos más. En el filial jugaba todo. Esos dos años son de transición, yo era un niño y competía con adultos pero en el filial marqué 16 o 17 goles y el segundo año también. En ese momento el Celta y yo comenzamos a tener nuestros primeros tira y afloja.

Pude elegir entre Deportivo y Celta, pero elegí ir a Vigo porque me ponían un taxi

P. Y el taxi se paró.

R. No [se ríe]. Ahí ya tenía contrato profesional. Ya tenía ofertas. Y les dije que si no formaba parte de la primera plantilla tenía otros lugares a donde ir. Esos dos años fueron para crecer en el filial y me sirvieron muchísimo. De hecho me ficha el Real Madrid para jugar en el Castilla y aprendí mucho porque ese segundo año era el capitán y el que llevaba el equipo a la espalda aunque tenía solo 19 años.

P. Y en el Castilla no juega. Y le ha costado debutar en Primera, hasta hace dos jornadas en San Mamés, y con el Eibar. Siendo una gran promesa y sin llegar a ser una realidad. ¿No le llego a carcomer esa ambición?

R. No, porque si no debuté es porque no quise. Porque yo el año que vuelvo al Celta tengo cinco o seis ofertas de Primera, pero yo lo que quería era dar el cambio a Inglaterra. Y allí he crecido muchísimo porque no mucha gente va a Inglaterra y el primer año marca 11 goles y juega 39 partidos. Como no tenía prisa, y confío mucho en mí, prefería la Championship con el contrato que firmé. La Championship está al nivel de la Primera española, porque económicamente es muy potente, se pagan 13 millones por un delantero, algo que no se hace en España.

P. Da la sensación de que es una alma independiente, que va por libre.

R. Nunca he sido una persona de seguir al rebaño. No me preocupa lo que diga la gente. Quizás en Vigo pensaron: “¿Cómo se va a la Championship cuando podía renovar?”. Pero si ves lo que hay por detrás y las ofertas... Creo que hasta ahora me equivocado poco.

P. O sea que confía en sus posibilidades y asume el riesgo. Ahora ha aceptado venir al Eibar, que ha crecido como club y deportivamente, pero no deja de ser una opción arriesgada.

R. A mí me pueden hacer lo que quieran que seguiré creyendo en mí. El año del Castilla, yo no juego nada y sigo pensando que todo va bien. Al año siguiente vengo a Eibar y no lo hago pensando a ver qué va a pasar. Es verdad que no siempre ha sido fácil. Mucha gente piensa: “Jota Peleteiro, el niño bonito del Celta, que va al Madrid, que piensa que es un camino de rosas. Y luego Inglaterra”. Y detrás hay mucha mierda, gente que intentó poner trabas, y al final si no confías en ti mismo, salir de ahí es muy difícil. Por eso, cuando alguien me pone una traba a mala leche es peor, porque aún me pico más.

Nunca he sido una persona de seguir al rebaño. No me preocupa lo que diga la gente

P. ¿Qué fue lo primero que pensó al llegar a Eibar la primera vez?

R. Si le soy sincero, la primera vez dije: “A ver cómo voy a pasar este año aquí”. Le cuento la historia: yo entro por la zona de los talleres de automóviles. Y la verdad es que le dije a mi mujer: “¡¡¡Uuufff!!! A ver cómo estamos aquí”. Pero luego llego al centro y veo un montón de gente por la calle y pienso: “¿Qué pasa, hay fiestas? Y me decían: “¿Qué dices? Si no hay nadie porque es agosto”. Y luego me di cuenta de que Eibar es un sitio que tiene su encanto, que es pequeño pero le sobra vida.

P. ¿Y cómo vivió Jota Peleteiro, en Londres?

R. Ese año mi mujer viajaba bastante. Nos juntamos cuatro: Marcos Tébar, Joan Prats, Betinho, un chico portugués, y yo que vivíamos en la misma torre.

P. ¿Eso le dificultó aprender inglés e integrarse?

R. Sí, sí. No hablo un inglés perfecto pero entiendo todo y puedo comunicarme perfectamente. El club me ponía una profesora, pero había días difíciles. Allí, entrábamos a las nueve y media e igual hasta las tres no llegábamos a casa. Allí se desayuna y se come en el club y luego hay un vídeo.

P. ¿Qué Eibar se ha encontrado?

R. Como club, es más grande. Cuando estás en Primera todo cambia. Antes era un equipo pequeñito, del pueblo, de una economía superbaja. En cuanto al juego está mucho más arriba que de mitad de tabla. El año que subió todo el mundo lo veía como el Eibar de Primera, pobrecito, las historias bonitas, ahora tiene una solidez económica, crece cada día. Tenía ganas de volver porque el proyecto se estaba haciendo bien, con una economía fuerte y eso era importante para mí.

P. En su salida del Brentford, cedido, ¿quien puso más?

R. El club no quería que saliese. Yo les hablé muy claro. Me reuní con el director deportivo y le dije que era el momento de salir por circunstancias personales y futbolísticas. Ellos en verano se cerraron en banda y pedían 10 millones de libras a los equipos ingleses, porque entre ellos se piden más. Se pusieron un poco en guardia, luego nos sentamos y me dijeron: “Si sientes que no vas a estar aquí al 100% lo hablamos”. Y me dijeron que la única forma de irme era renovar por un año más y cederme. No te vamos a vender ahora por tres millones cuando tu valor igual es seis o siete. Esa es la única opción.