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San Antonio y la sencillez del éxito

Mientras los Warriors arrasan, otro conjunto amasa victorias en voz baja y está a unos pocos partidos de los indiscutibles líderes

Popovich y Parker. Ampliar foto
Popovich y Parker. AFP

La mayoría de los aficionados de la NBA están al tanto de que Golden State Warriors ha estado destrozando a sus rivales como si el equipo de Curry fuese una espada láser y sus oponentes la apacible barriguita de un ewok. Su racha inicial de 24 victorias consecutivas les ha servido para colocarse cómodamente en la cabeza de la clasificación de la liga con un margen medio de diferencia de puntos en sus victorias que hace las delicias de los amantes de la estadística. No hay duda: son el mejor equipo de la NBA, ¿verdad?

Puede. Pero también puede que no. Porque mientras el equipo de Oakland arrasaba, otro conjunto ha estado amasando victorias en voz baja y está unos pocos partidos por detrás de los indiscutibles líderes. De hecho, el margen medio de puntos en sus triunfos es unas pocas décimas mejor que el de los Warriors.

Ese equipo es San Antonio Spurs.

Nunca encontré un equipo (al menos en EEUU) que funcionase tan eficientemente como los Spurs

Llegados a este punto sólo tengo una simple pero importante pregunta: ¿Cómo lo siguen haciendo? Todos los años escribo que seguro que éste es el último en el que los Spurs serán competitivos y, también todos los años, sucede algo que parece que casi no tiene sentido. Casi.

Un verano, cuando era jugador, me llamaron para probar una semana con ellos. Mis expectativas eran las normales, pensaba que sería otro equipo más de tantos, o sea, otro grupo moderadamente disfuncional. Para mi sorpresa descubrí que el personal de apoyo miraba a la gente a la cara y les hablaba como si estuviesen en el mismo orden evolutivo. Los entrenadores tenían un trato personal y eran amables. El equipo era cordial y acogedor. Incluso Tim Duncan era, digamos, majo.

Al final de la prueba le comunicaron a mi agente que aunque lo había hecho bien, no estaban por la labor de desprenderse de su entonces ala-pívot suplente. Me quedé triste pensando en lo que podría haber pasado si hubiese sido un poco mejor o si su ala-pívot suplente hubiese sido un poco peor. Me preguntaba si aquel podía haber sido mi Shangri-La baloncestístico, el lugar que llevaba buscando toda mi carrera.

Sin mucho más tiempo partí hacia mi siguiente destino. Y después al siguiente, al siguiente y al siguiente. En el camino nunca encontré un equipo (al menos en EEUU) que funcionase tan eficientemente como los Spurs, algo cuanto menos un poco exasperante. No sólo porque de haberlo hecho mi vida hubiese sido más fácil, sino porque su fórmula era muy sencilla y no requería de trucos ni fuegos artificiales. Se trataba de ser puntual, tratar a todo el mundo con corrección y trabajar duro.

En definitiva, los Spurs ejemplifican una verdad que todos aprendemos cuando crecemos: la mayoría de la gente es poco profesional en su trabajo. Algo alentador y deprimente a partes iguales. Alentador porque explica que alcanzar el éxito es sencillo.

Y deprimente exactamente por la misma razón.

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