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Los Warriors y Cindy Crawford

Necesitamos una dosis de imperfección con la que identificarnos. En las supermodelos puede ser un lunar, en los equipos dominantes puede ser un Rodman o un Maxwell

Stephen Curry y Jobe Bryant. Ampliar foto
Stephen Curry y Jobe Bryant. USA Today Sports

No sé si lo sabéis pero los Golden State Warriors han pulverizado todos los registros del mejor arranque de la historia (18 victorias en 18 partidos, de momento).

“No sé si lo sabéis”, no es una forma de hablar, ni un uso sarcástico como queriendo decir que “seguro que lo sabéis”, sino que literalmente os lo pregunto porque, al menos en EEUU, al tiempo que los Warriors avanzaban hacia su consecución del récord, el foco de la NBA parecía estar en otros menesteres. Por ejemplo, la noche que lo batieron (contra los Lakers), la mitad de los artículos giraban en torno a la paupérrima actuación de Kobe Bryant (1-14 en tiros de campo).

Tengo la tentación de escribir que en gran medida esa falta de atención se debe al carácter generoso del equipo, a una filosofía basada más en compartir el balón que en el poder de una estrella, y que la gente a veces es demasiado idiota como para apreciar esas sinergias (los lectores habituales reconocerán que este análisis suena muy mío).

Pero es difícil sostener ese argumento con un tipo como Stephen Curry, que está promediando 32 puntos por partido con un estratosférico 61% de tiros de dos y un no menos increíble 43% de acierto más allá de la línea de tres puntos.

Paradójicamente, hasta que el equipo californiano no tenga un momento de debilidad seguirá pasando inadvertido en mi país, con la ironía añadida de que lo está haciendo tan bien

Así que si esa no es la causa, ¿por qué no hay más gente hablando de los Warriors?

Bueno, en primer lugar, como dice Luke Walton, asistente interino del equipo, sólo estamos en noviembre. Ya sabéis: vuelva cuando el sexo haya acabado y estemos debatiendo a quién le toca ir primero a la ducha.

Pero también podría ser que los Warriors son demasiado perfectos.

¿Os acordáis de Cindy Crawford? ¡Yo sí! Cuando era adolescente, Cindy Crawford estaba considerada como la mujer más hermosa del mundo y yo… Pues eso, era un adolescente.

No sólo era famosa por su belleza, sino que tenía una especie de marca registrada, el lunar encima de sus labios. No era lo suficientemente maduro como para participar en lo que se escribía en aquella época sobre la importancia de esa mancha, pero puedo imaginar sus conclusiones. El lunar de Cindy Crawford (como el de Marilyn Monroe) daba aún más fuste a su belleza, como esas nubes que nos hacen apreciar aún más el valor del sol (suspiro).

Sea cual sea la analogía, lo que no se puede negar es que los seres humanos necesitamos de esa dosis de imperfección con la que identificarnos. En las supermodelos puede ser un lunar. En los equipos de baloncesto dominantes puede ser un Dennis Rodman (acordaos de los Chicago Bulls de las 72 victorias que los Warriors persiguen desbancar esta temporada) o un Vernon Maxwell (miembro de los Houston Rockets cuyo récord acaban de batir Curry y los suyos).

Y por eso, paradójicamente, hasta que el equipo californiano no tenga un momento de debilidad seguirá pasando inadvertido en mi país. Todo con la ironía añadida de ser un equipo que lo está haciendo tan bien.

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