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Benítez despersonaliza al Madrid

El técnico plantea un duelo contrario a lo ha expresado durante el curso y descompone a un equipo en el que ningún jugador dijo la pelota es mía

Benitez tuerce el gesto en el clásico. Ampliar foto
Benitez tuerce el gesto en el clásico. AP

Advirtió el técnico Rafa Benítez que su equipo jugaría al ataque y desde la alineación reforzó su discurso de valentía y asedio. Ocurrió, sin embargo, que pareció poner un equipo contrario a su filosofía –pues utilizó el manual de Ancelotti-, sin Casemiro en el eje central, el jugador que da equilibrio a su sistema. Pretendió el acoso alto, pero permitió que sus delanteros se desentendieran del ejercicio defensivo cuando el balón superaba su línea, del mismo modo que la zaga se tiró hacia atrás para dejar con demasiados espacios y huecos el centro del campo. Un desbarajuste en cada línea y posición que se tradujo en una paliza del eterno rival y en las sucesivas pitas de la afición al palco, banquillo y césped.

Keylor Navas. Figurante. Las estadísticas se rebelaron contra el portero, que hasta el clásico tenía un aura de muro pero que ya en los dos primeros remates a portería del Barça encajó dos goles. Aunque sí que le hizo una buena manopla a Neymar en un lanzamiento de falta, poco pudo hacer en tres de los cuatro goles encajados [en el de Neymar tocó el esférico sin éxito].

Danilo. Sobrepasado. El lateral brasileño no se mostró nunca en ataque y palideció a cada ocasión que le enfrentaba Neymar. Pasó a la izquierda con la lesión de Marcelo, pero tampoco se cobró su parcela para completar un partido de lo más gris.

Ramos. Desajustado. Con el hombro a la virulé, hizo el esfuerzo por jugar el encuentro. Pero un síntoma de que algo no le cuadraba era que siempre llegó tarde a las jugadas, dando más tarascadas de las necesarias. Debió ver una tarjeta amarilla por una entrada sobre Alves y sí que la recibió con otra a Sergi Roberto. No pudo atar en corto a Luis Suárez, al que le hizo un penalti no señalado, y tiritó con cada ataque rival.

Varane. Desafinado. El central quiso marcar territorio con Luis Suárez al darle una patada a las primeras de cambio. Pero perdió en el juego de la provocación como también perdió el norte sobre el terreno de juego, en muchas ocasiones fuera de lugar por los arrastres del uruguayo. Ni siquiera realizó bien la salida del balón, una de sus muchas virtudes que ante el Barcelona quedaron en agua de borrajas.

Alves le gana a Marcelo un balón aéreo. ampliar foto
Alves le gana a Marcelo un balón aéreo. EFE

Marcelo. A contracorriente. Quizá por el hecho de no tener delante a Messi se relajó en exceso y Sergi Roberto se la hizo pagar a lo grande. Se le atragantaron los movimientos hacia dentro del extremo –como en el primer gol- y sólo se soltó en una ocasión en ataque (su disparo no embocó portería) cuando el partido le requería lo contrario. Se marchó lesionado y, de paso, cabizbajo.

Kroos. Trasparente. El jugador estuvo sobre el césped porque así lo indicaban las alineaciones. Pero su peso en el partido fue mínimo, incapaz de articular el ataque del Madrid ni de descontar líneas de presión con su pase. Se perdió entre la marea azulgrana de la medular.

Modric. Incomprendido. Fue el único que pidió el balón y trató de poner orden a las ofensivas del Madrid. Pero a la que hacía una entrega nunca se la devolvían. Quiso poner la pausa ante la agitación general y no se salió con la suya del mismo modo que padeció como nadie la desidia defensiva de la delantera, superado por los espacios que ofreció su equipo en el eje a un rival que los ocupó con el balón entre los pies.

James toca de cabeza ante Iniesta. ampliar foto
James toca de cabeza ante Iniesta. Getty Images

James. A sorbos. No estaba en plenitud física –de ahí el cambio de Benítez-, pero cuando recibió la pelota en posiciones de entrelíneas fue el único que supo expresar la dinamita que lleva en las botas. Probó dos disparos desde la frontal, pero encontró la réplica en ambas ocasiones por un Bravo de lo más acertado.

Bale. Desaparecido. El extremo apenas inquietó a Alba porque no le buscó las cosquillas con las carreras sino que se empeñó en recibir de espaldas para tratar de girarse en espacios reducidos. No dio pie con bola.

Benzema. Fuera de forma. Lejos del ritmo competitivo en estas dos últimas semanas, con la cabeza quizá en otra parte por el enredo judicial con Valbuena, Benzema no ofreció ni de lejos una versión acorde con sus últimos clásicos, cuando casi siempre ha sido el mejor. Tuvo una ocasión con la cabeza que Bravo repelió, se olvidó de bajar a defender cuando el Barça componía su fútbol y sobre todo perdió sin paliativos el duelo con los centrales del Barça y sólo disfrutó de alguna ocasión cuando Piqué se desentendió de la zaga para buscar un quinto gol.

Cristiano Ronaldo. Ya no es lo que era. En esta temporada, más allá de en ocasiones puntuales, ha perdido la chispa y la punta de velocidad, también el quiebro y el golpeo. El Bernabéu le silbó a modo de protesta y él, superado por las circunstancias, repartió más sonrisas irónicas y hasta un codazo a destiempo sobre Alves –que le hizo falta primero- que fútbol. También tuvo su oportunidad con un remate estupendo de cabeza al que Bravo respondió con igual acierto.

Desde el banquillo

Isco, después de la patada a Neymar. ampliar foto
Isco, después de la patada a Neymar. AFP

Carvajal. A destiempo. Se las tuvo que ver con un Neymar en ebullición y perdió los nervios porque le hizo una entrada que le costó la amarilla. Quiso jugar en campo contrario y hasta disfrutó de un disparo que Mathieu desvió, pero su entrega llegó tarde porque el partido ya estaba resuelto.

Isco. Frustrado. Con el esférico entre las botas, el jugador mostró que tiene conducción y habilidad para descontar rivales. Quería jugar. Hasta que la impotencia se apoderó de su voluntad y le soltó una patada fuera de lugar sobre la rodilla de Neymar que significó su expulsión 29 después de entrar al campo.

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