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Un americano en el ‘calcio’

El milagro de Castel di Sangro.
El milagro de Castel di Sangro.

A Joe McGiniss, periodista estadounidense, el síndrome de Stendhal le atrapó durante el Mundial de fútbol de 1994 que se celebró en su país. El culpable fue un tipo budista que lucía coleta y que jugaba bastante bien al balompié. Mientras Roberto Baggio marcaba dos goles a Nigeria, algo nacía en el interior de McGiniss: “Baggio aportó al partido una elegancia, un garbo y un aura de magia que yo no había visto desplegar en ningún deporte”.

Dos años después de aquel flechazo, el periodista se trasladaba a vivir a Castel di Sangro —población situada a algo más de 200 kilómetros de Roma y que en 1996 contaba con unos 5.000 habitantes— con la intención de vivir desde dentro la experiencia del club de fútbol local, recién ascendido por aquel entonces a la Serie B italiana. Un pequeño pueblo compitiendo en la segunda liga de uno de los países con mayor tradición futbolística. Un cuento de pasión y locura en el corazón de Italia. Ingredientes perfectos para crear El milagro de Castel di Sangro (Contra).

Durante su estancia en la localidad, McGiniss tuvo un acceso impensable hoy en día —e incluso entonces— al club de los Abruzos. Con acceso directo a todos los estamentos de la entidad, asistía a los entrenamientos y entraba en el vestuario. Fruto de esa estrecha relación, quedan para la historia arquetipos como el entrenador Jaconi, el presidente Gravina o Marcella, la madre de todo el equipo.

 

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