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La terapia de Cristiano Ronaldo

La ansiedad atenaza al delantero ante el reto de meter dos goles al Malmoe y convertirse en el máximo anotador madridista de siempre

Ronaldo durante un entrenamiento ATLAS

Cristiano Ronaldo viajó a Malmoe con unas gafas de sol que no se quitó ni a la sombra. El hombre parecía remover mentalmente una obsesión. Como si la inminencia de los dos goles que le faltan para superar los 323 tantos de Raúl y así convertirse en el máximo anotador madridista de la historia le angustiase. La superestrella portuguesa, que siempre sobredimensionó los éxitos individuales, incluso después de cumplir los 30, solo se mostró distendido por la tarde. Cuando se puso los pantalones cortos, saltó al campo a completar el último entrenamiento y Marcelo lo distrajo haciendo malabarismos con el balón. Su entrenador, Rafa Benítez, dice que solo la ansiedad le impidió acertar contra el Málaga, en el último partido de Liga (0-0). El asunto se ha convertido en materia de análisis psicológico. Pero en Suecia lo más parecido a un terapeuta que encontró fue Marcelo.

“Todo el mundo tenía tantas ganas de hacer gol al Málaga que nos faltó un poquito de calma para elegir la mejor situación”, dijo Benítez ayer en Malmo, en casa de uno de los equipos más vapuleados de la última edición de la Champions, que en la primera jornada de esta cayó contra el PSG (2-0). “¿Qué es lo que tienes que hacer como entrenador? Simplemente darle confianza a los jugadores y seguir señalando los automatismos que te permiten llegar ahí. No te queda otra cosa. A Benzema le he fijado un objetivo de entre 20 y 25 goles para estimularlo y a Cristiano no hay necesidad porque él está continuamente en zona de gol. Tenemos que mejorar los números de hombres como Isco o Jesé para no seguir dependiendo tanto de Cristiano”.

Cristiano le metió tres goles al Shakhtar en la primera jornada (dos de penalti). Entonces iba como un tren camino de la línea imaginaria de los 323. Desde entonces imagina barreras fantasmales o reales. El central sueco Anton Tinnerholm, joven rústico de 24 años, es el último obstáculo real que se presenta voluntario para impedirle alcanzar su sueño. “Parar a Cristiano es la misión más dura que he tenido”, dijo ayer este pelirrojo sonriente. Felipe Carvalho, un uruguayo como un armario, se muestra dispuesto a acompañarle en la zaga: “¡Qué partidazo vamos a jugar!”.

La psicóloga deportiva Patricia Ramírez, que comenzó trabajando en el Betis y ahora aconseja a varios futbolistas profesionales, dice que lo ideal es que los atacantes practiquen meditación hasta alcanzar lo que llama flow o “estado de flujo”, y que identifica como una concentración plena en la tarea que están realizando sin considerar consecuencias ni ramificaciones, y mucho menos cosas como la reputación, las habladurías, o los récords. “Al delantero no le puedes quitar el resultado de la cabeza”, admite la doctora. “El goleador quiere marcar goles. Pero cuando yo trabajo con ellos les digo: ‘bueno, vale, perfecto, tú quieres conseguir un gol pero vamos a concentrarnos en lo que tú tienes que hacer para conseguir el gol, y no en el gol’”.

“El gol genera presión”, señala, “porque no es algo que el delantero pueda controlar al cien por cien. Porque hay compañeros que le tienen que pasar el balón, porque hay unos defensas que lo quieren frenar y un portero que le quiere parar el tiro... Pero el rendimiento del delantero para conseguir un gol pasa por ser valiente, atrevido, tirar a puerta, desmarcarse, ser rápido, ganar sus duelos… Eso sí depende del delantero”.

Tal que dueño y señor de su flow, el rústico Tinnerholm ha dado con la tecla. “Hay que pensar poco”, dice, cuando le preguntan por su plan. “No comerse la cabeza demasiado”.

Qué fácil es ser Tinnerholm y qué difícil es ser Cristiano.

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