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Sustituir lo insustituible

Frente a un Leverkusen de acoso avanzado, Luis Enrique conmina a sus jugadores a reemplazar a Messi con la unión y el libreto

Luis Enrique, tras la rueda de prensa de ayer. Ampliar foto
Luis Enrique, tras la rueda de prensa de ayer. EFE

Los técnicos suelen decir, más por gestión y estabilidad del vestuario que por convencimiento, que en el fútbol y en sus equipos no hay ningún jugador imprescindible. Nadie es más que nadie, sería el lema que fomenta la unión pero que ciertamente discute con la realidad. Y Luis Enrique, que para su “suerte no es periodista”, no habla ni quiere hacerlo de forma políticamente correcta sino que se explica a su antojo. Ya lo hizo Pep Guardiola en su día, cuando se discutía la figura de Valdés bajo los palos azulgrana. “No hay debate. Es Valdés y 10 más”, expuso el entonces entrenador del Barça. Y ayer le emuló Luis Enrique, pero cambió de foco: “Es imposible sustituir a Messi”. Pero no le queda otra al Barcelona que hacerlo, al menos maquillarlo, para no perder el tono ni los resultados ante la exigencia competitiva de la Liga.

“Físicamente son muy fuertes. Nos va a generar muchos problemas”, advirtió Luis Enrique

Resulta que Messi lo es casi todo en el Barcelona, sobre todo desde la medular en adelante porque es la frontera exigida para elaborar el fútbol, la palanca que mueve al equipo. Inclinado el Barça hacia su costado derecho, ya no es raro que en Can Barça no teja el mediocentro sino que lo haga un siete a pierna cambiada. Pero ese es su punto de partida porque Messi actúa de extremo-interior-volante-mediapunta-delantero. Eso es, claro, en ataque. Ocurre, sin embargo, que el problema más acentuado del equipo en esta temporada es la fragilidad defensiva, hasta el punto de que casi recibe dos tantos por encuentro (1,7 de media), una hemorragia que debe subsanar el Barça si quiere, como anuncia Luis Enrique, llegar al final del curso con opciones de conquistar cualquier laurel por el que compitan. Buena prueba para ello es el Leverkusen, rival que ejecuta el acoso alto y que imprime una intensidad asfixiante a cada duelo.

Aunque no tiene tanta paciencia para componer fútbol como el Celta —que le repasó al Barça en la Liga hace dos jornadas—, el equipo de Roger Schmidt ahoga al oponente gracias a una transición ataque-defensa primorosa, siempre con 10 segundos de aceleración máxima en busca del tesoro perdido (el balón). “Son muy intensos, defienden muy bien y presionan a las mil maravillas. Físicamente, son muy fuertes. Nos va a generar muchos problemas”, advirtió Luis Enrique.

Pero tiene claro el técnico azulgrana que con la idea no se juega ni se negocia, que hay un patrón, unos mínimos y un estilo hasta cierto punto inmutable. Por lo que para Luis Enrique ya hay dos cosas irremplazables: el libreto y Messi. Un Leo que, curiosamente, le hizo cinco goles al Leverkusen la última vez que visitó el Camp Nou, allá en 2012. Pero se trata de eso, de sustituir lo insustituible.

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