España, campeona de Europa
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Que levanten la mano

La selección española celebra junto al Rey el oro en el Eurobasket.
La selección española celebra junto al Rey el oro en el Eurobasket.E. D. (AFP)

Que levanten la mano los que hace 15 días se imaginaron a los jugadores de la selección subiendo con una sonrisa de oreja a oreja a lo más alto del cajón. Que levanten la mano los que adivinaron no que Pau Gasol iba a ser el mejor del campeonato, algo presumible, sino que lo lograría con un apabullante dominio pocas veces visto anteriormente. Que levanten la mano lo que pensaron que no iban a acordarse de Marc, Navarro, Ricky o incluso Alex Abrines, la última baja. Que levanten la mano los que después de los primeros partidos y sobre todo al caer en el mismo camino que Grecia y Francia, mantuvieron intactas sus ilusiones. Que levanten la mano lo que a mitad de campeonato seguían confiando en Víctor Claver. Podríamos seguir, pero no creo que aumentásemos una reducida nómina donde se encontrarían, siendo risueños, los jugadores, sus familias y los optimistas más irreductibles. Vaya por delante que el que escribe no formaría parte de ella. Es posible que ahora, en el colosal éxito del tercer oro europeo, un pasaporte olímpico y tres o cuatro actuaciones heroicas, el vagón de los incondicionales, los que supuestamente nunca dudaron, se llene de polizones. Pero reconozcámoslo, un guion así no nos lo esperábamos. Se podría decir que es un sueño hecho realidad, pero es que hasta hace cinco días, no había sueños sino pesadillas.

Más información
Un oro de calle. La crónica de Robert Álvarez
En la final, más Pau que nunca
“Hemos disfrutado sufriendo”
Repasa el trayecto hasta la gran final
“Jugamos con 35 años con la misma ambición que a los 18”

Esto hace que la sensación sea aún más placentera y conecte en términos de satisfacción con el Mundial de Japón de 2006. En aquel entonces, viajamos al otro lado del mundo sin un objetivo definido. Desde la aparición de los júniors de oro sospechábamos que estábamos ante algo especial pero no había sido concretado todavía más allá de una medalla de plata europea. Es más, los únicos que hablaban de un posible triunfo fueron los jugadores, a los que seguramente se les tacharían de ilusos. ¿Oro en un Mundial, pero qué dicen? Ocurrió lo que ocurrió y España se volvió loca con sus héroes. A partir de ahí, cualquier campeonato partía con la misma premisa: su favoritismo, compartido cada cuatro años en las citas olímpicas con EE UU. Uno a uno y siempre que Pau estuviese en la plantilla, la selección fue cosechando éxito tras éxito, de lo cual evidentemente participamos toda la afición. Pero ya no era lo mismo que la primera vez. No sorprendían, simplemente confirmaban lo buenos que eran.

Resulta inevitable la individualización de este exitazo, aunque la fuerza del colectivo es evidente en esta selección.

Lo de ahora ha tenido el aroma de lo ocurrido hace nueve años. Inesperado, agónico en algunas de sus etapas para concluir con una explosión con ese júbilo que solo se logra si primero has sufrido de lo lindo. Incluso ha dado tiempo para saborearlo adecuadamente, pues, como pasó en Tokio ante Grecia, la última etapa ha sido tranquila y sosegada y las pulsaciones no han subido en ningún momento hasta guarismos preocupantes.

Resulta inevitable la individualización de este exitazo,aunque la fuerza del colectivo, plasmada sobre todo en una defensa que ha ido jornada a jornada afilándose, es evidente en esta selección. De Gasol ya queda poco por decir, otra vez imperial en la final. La inclusión en el mejor quinteto de Sergio Rodríguez, crucial en los peores momentos del campeonato, reconoce su impagable impacto. Llull ha ido de menos a más, como el equipo, y qué decir de ese Claver denostado y recuperado, o del Felipe Reyes de siempre. Rudy, Ribas, Mirotic, Hernángomez, San Emeterio, Aguilar o Vives. Y por supuesto Scariolo, que ejerció de perfecto capataz.

Todos tuvieron su papel, desde el largo monólogo de Gasol hasta los que no tuvieron casi ni frase. Pero todos se merecen una enhorabuena descomunal pues la obra ha quedado para los anales como una de las mejores. De los que no podemos levantar la mano pues dudamos, hasta los más fieles. España es campeona de Europa. Otra vez. Qué grandes.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS