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Valverde: “A Froome le gusta la Vuelta y se empeña en ganarla”

El murciano asegura que tanto él como Nairo Quintana están preparados para ganar

Vuelta a España 2015
Valverde durante la segunda etapa de la Vuelta EFE

A Alejandro Valverde se le quebró la voz el pasado mes de julio tras subir al cajón del Tour, que solo tiene tres sitios y tres inquilinos. Al ciclista murciano (Las Lumbreras de Monteagudo, 35 años) le asomaron las lágrimas al verse en aquel pedestal, esas lágrimas que se esperan de los principiantes, por haber concluido el Tour, o de los triunfadores por haberlo ganado. Los ciclistas sufren sin llorar y lloran solo por el éxito o el dolor. Valverde ha subido a muchos cajones y ha estado en las tres alturas.

La más alta, cuando ganó la Vuelta a España en 2009, el intermedio cuando fue segundo en otras dos Vueltas (2006 y 2012) y en los Mundiales de ruta en 2003 y 2005. Y en el más bajito, cuando fue tercero en tres Vueltas (2003, 2013 y 2014), en cuatro Mundiales (2006, 2012, 2013 y 2014) y su primer podio este año en el Tour. Es decir, ha visto el éxito desde todas las alturas tras hacerse profesional en 2002. Nunca ha tenido vértigo a las alturas. Ni a las de la carretera, donde es un elemento a batir en los finales explosivos, ni a las del éxito en sus 14 años de profesional. La veteranía curte la piel, pero por sus surcos a veces corren algunas lágrimas.

Pregunta. ¿Había llorado alguna vez antes de saldar su deuda personal con el Tour de Francia?

Respuesta. Sí, recuerdo que se me saltaron las lágrimas cuando en 2009 gané la Vuelta a España. No era para menos. Era la primera gran vuelta por etapas que conseguía y eso me emocionó muchísimo. Cuesta mucho conseguir esas cosas y a veces necesitas que tanta satisfacción se manifieste sin censuras sentimentales. En el Tour no gané, pero alcanzar el tercer puesto y por lo tanto subir al podio era un asunto que tenía pendiente. Lo había soñado muchas veces, lo había acariciado algunas, pero nunca lo había conseguido. Y por fin te llega ese momento. Eso es imposible de reprimir. De todas formas, merece la pena llorar de alegría.

P. ¿Qué opinión le merece la Vuelta de este año?

R. Me produce mucho respeto. Siempre me lo produce, porque siempre es dura, hay buenísimos corredores y se plantea como una lucha permanente. La Vuelta ha apostado desde hace tiempo por etapas con finales explosivos, donde no cabe ningún despiste ni ninguna flaqueza. Hay magníficos corredores, muy buenos equipos y lo que siempre ocurre es que la pelea está en cualquier parte, donde la esperas y donde no. Por eso, es atractiva y difícil y reclama toda la atención. Los errores se pagan muy caros.

P. Y usted, ¿cómo se ve?

R. Me veo bien. Tanto Nairo [Quintana] como yo, como otros corredores del equipo acabamos bien el Tour y creo que empiezo en buenas condiciones. Luego, la carretera va dictando sus continuas sentencias. Es la que manda.

P. Parece que las etapas de Andorra van a marcar la frontera de la carrera. Ahí pueden quedarse muchos en la barrera y pocos seguir hacia adelante. ¿Cómo se pasa esa frontera?

R. Sin duda en Andorra se va a producir la primera criba, aunque antes también puede haber sorpresas y después queda muchísimo que correr y mucho que ascender y descender. Pero la verdad es que Andorra va a ser el espejo de la Vuelta: ahí se va a ver quiénes mantienen el tipo y quiénes no. Pero no conviene olvidar que cualquier día se puede perder la carrera y que solo se gana al final. Allí habrá una criba, pero hasta allí nada de paseos.

P. La octava etapa acaba en Murcia. Supongo que le gustaría ganar en su tierra...

R. A mi me gustaría ganar cualquier etapa, termine donde termine. No es fácil ganar como para andar eligiendo dónde y cuándo. Nadie me va a dejar ganar por ser murciano. Pero qué duda cabe que ganar delante de tu gente, en tu tierra, tiene un valor añadido.

P. Otra vez Nairo Quintana y usted a la cabeza del equipo Movistar...

R. Estamos los dos en el punto de partida, pero luego será la propia carrera la que determine lo que hay que hacer. Hay muchos imponderables en el ciclismo como para pensar a priori lo que va a pasar. Lo importante es que los dos hemos acabado muy bien el Tour y estamos a plena disposición para encarar la Vuelta, una carrera difícil y bonita, dura pero agradable, que más allá del esfuerzo de pedalear se hace cómoda por su entorno, por su propia identidad.

P. Froome, el ganador del Tour, y por tanto con la vitola de favorito, no acabó muy bien la ronda francesa.

R. Es verdad que la última semana dio la sensación de llegar muy justo al final, pero acabó ganando y eso expresa el tipo de corredor que es. Pero también es verdad que ha pasado un tiempo de aquello y se habrá recuperado del esfuerzo. Además, a Froome le gusta mucho la Vuelta y está empeñado en ganarla. Ya fue segundo en 2011, pero entonces no partía como jefe de filas. Ahora es un gran corredor y un dificilísimo rival.

P. En cualquier caso, se habla del podio del Tour ahora en la Vuelta, de la presencia de todos los grandes, menos Contador, ¿ pero hay un abanico mayor de candidatos?

R. Es cierto que están casi todos los grandes, menos Contador que corrió y ganó el Giro, antes de participar en el Tour. Y claro, siempre se habla de algunos nombres propios, pero luego hay muchos más, y a veces se producen sorpresas. Nunca hay que descartar a nadie. Ahí están ciclistas como Mikel Landa o Fabio Aru, o Van Garderen, que tuvo mala suerte en el Tour y tantos otros. No es fácil pronosticar en un deporte donde prevalecen el esfuerzo y el sacrificio. Y las circunstancias.

P. El calor, al menos en la mitad de la Vuelta, va a ser una circunstancia. ¿A usted le gusta?

R. El calor me gusta, me viene bien.

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