El sentimental podio de Valverde

A los 35 años, el ciclista murciano consigue el sueño de su vida: subir al gran escenario de los Campos Elíseos

Valverde, con Quinta en la subida a Alpe d'Huez
Valverde, con Quinta en la subida a Alpe d'HuezJEFF PACHOUD (AFP)

Después de un último esfuerzo que le permitió adelantar su rueda delantera unos centímetros por delante de Chris Froome, cruzó la meta Alejandro Valverde, bajo el sol que empezaba a declinar en el Alpe d’Huez, y ya se notaba el frío en la cima, se quitó las gafas y empezó a llorar como una magdalena. Y la situación era tan chocante, un hombre hecho y derecho, con barba lobuna y pómulos afilados, un nombre con pinta de duro incapaz de contener las lágrimas, que los presentes, los periodistas españoles rodeándole, se contagiaron y aquello estuvo a punto del desborde emocional.

 “Es algo por lo que he luchado toda mi vida y al final lo he conseguido”, dijo entre hipidos y casi sollozos incontenibles Valverde, ciclista de 35 años que acababa de asegurar, tras una etapa magnífica de ataque con su jefe Nairo Quintana, el tercer puesto del Tour, un lugar en el podio de los Campos Elíseos. “Se lo dedico a todos los del equipo, a los mecánicos, a los masajistas, a mi familia, a mis cuatro hijos…”, comentó.

Y estaba imparable Valverde, una Vuelta y tres Liejas en su vitrina, entre muchas otras victorias, después del mejor Tour de su vida, precisamente el primero que no comenzó como líder del equipo. Hasta ahora, su mejor puesto había sido el cuarto del 2014. Otra vez había terminado sexto y dos más octavo. La falta de presión le hizo libre. Hace un año perdió el podio por los nervios en la última contrarreloj.

“Hay muy pocos corredores como Alejandro”, dijo Quintana, más feliz por la alegría de su compañero casi que por su segundo puesto. “Es uno que gana carreras de un día, de una semana y de tres semanas, y que está igual de competitivo en enero que en diciembre. Una década lleva a este ritmo y mucha gente no lo valora y lo critica tanto. Es un grandísimo corredor y una maravillosa persona”, añadió su jefe de filas.

Y Valverde consiguió consolidar su podio justamente el día en que menos se apostaba por él, pues el ataque en la etapa anterior había dejado a Nibali a apenas minuto y medio. “Y ni mucho menos esperaba resistir”, dijo Valverde, quien no solo lo hizo, sino aumentó casi dos minutos más su ventaja sobre el siciliano después de una etapa en la que fue capaz de atacar a 60 kilómetros de la llegada, en la Croix de Fer para desgastar a los rivales. “Tenía miedo de Nibali”, dijo.

Pero el italiano pinchó en Bourg d‘Oisans, al pie del Alpe, y el esfuerzo para volver al grupo de los grandes le pesó lo que quedaba de la etapa. Luego, Valverde atacó conjuntamente con Quintana, y cuando ya no resistió el ritmo del colombiano al que guiaba su amigo Anacona, reguló su marcha, se dejó alcanzar por el clan de Froome y a rueda del británico de amarillo, a quien desbordó con la última pedalada, terminó la ascensión. “Y este Tour es una lección para quienes han criticado tantos años a Valverde y no han sabido ver lo gran corredor que es”, dijo José Luis Arrieta , su director en el Movistar, ganador de la clasificación por equipos. “Y también para los que han criticado al equipo, diciendo que Alejandro nunca se sacrificaría por Nairo: ahí tienen la etapa”.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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