Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Giuseppe Rossi pone fin a un año de calvario

El italianor reaparece 11 meses tras la enésima lesión de rodilla: “¡Qué bonito es jugar!”

Giuseppe Rossi celebra uno gol con la Fiorentina Ampliar foto
Giuseppe Rossi celebra uno gol con la Fiorentina

“Nunca pienso en la mala suerte. Si piensas en ella sales desde varios metros atrás y no te recuperas. Y como la vida es una carrera, que hay que tomarse de forma divertida, pues es mejor no añadir cargas. Si usas mucho los pies y las piernas en tu trabajo es normal que algo se rompa tarde o temprano, pero es la cabeza la que manda. La cabeza es fundamental, siempre, sin cabeza no encuentras la salida”, escribía Giuseppe Rossi en diciembre de 2014 en su libro (una especie de autobiografía) A modo mio (My Way).

Su cabeza ha sido fundamental ya que ha estado metido en varios túneles sin aparente salida. El último, en septiembre del año pasado cuando le tuvieron que volver a operar de la maltrecha rodilla derecha. Justo cuando acababa de volver después de otros seis meses de baja, siempre por la misma rodilla. La que cedió –rotura cruzado- por primera vez en el Bernabéu en octubre de 2011.

Rossi, que había jugado su último partido en agosto de 2014, volvió ayer a pisar el césped. Lo hizo en Moena (Trentino) donde la Fiorentina ha montado su cuartel de pretemporada. Jugó 25 minutos contra el Carpi, dio tres pases y remató tres veces. “¡Qué bonito es jugar! Ha sido duro estar un año fuera. Ahora trabajaré para coger la forma”, dijo el delantero. “Es un campeón, estamos trabajando para que pueda volver pronto a disputar un partido entero”, explicó Paulo Sousa, el entrenador de la Fiore.

Rossi tiene 28 años, la Fiorentina le fichó en enero de 2013 –cuando se estaba recuperado todavía de la segunda operación de ligamento cruzado, previa injerto óseo y le quedaban cuatro meses de rehabilitación- y en dos años y medio apenas ha podido disputar 25 partidos. Debutó en mayo de 2013 y arrancó la temporada 2013-14 como un tiro. En Navidades ya era el pichichi del calcio con 14 goles (marcó incluso un triplete a la Juve).

Pero la rodilla se partió de nuevo en enero de 2014. “Salí por mi propio pie, como las otras veces que me había roto, pero cuando vi la cara de los médicos supe que algo grave había pasado”, contó el delantero. El doctor Richard Steadman en Colorado le ahorró una tercera operación –que habría supuesto el fin de su carrera- y optó por una terapia conservativa. El ligamento no estaba roto. Rossi trabajó contrarreloj para poder disputar el Mundial de Brasil (ya se había perdido la Eurocopa de Austria y Suiza por la rotura del cruzado). Entró en la lista de los 30 pero Cesare Prandelli le dejó fuera de los 22. No quiso arriesgarse porque le veía débil en los choques.

El Taichí me ayudó a transmitir energía al resto del cuerpo, era una forma de sentir vivo mi organismo y darme cuenta de que el cuerpo respondía"

GIUSEPPE ROSSI

Y a la vuelta del verano, Rossi se lesionó de nuevo. El pasado mes de septiembre se sometió a una artroscopia que le ha mantenido de baja hasta hace un par de semanas. Nadie quiso acelerar los tiempos y aunque el jugador se entrenaba con sus compañeros no llegó a disputar ningún partido a finales de Liga. Igual que las anteriores veces, Rossi se marchó a Estados Unidos (tiene casa en Manhattan) para recuperarse con su fisio y sombra de confianza, Luke Bongiorno.

“Son muchas las horas que he pasado entre maquinas, salas de pilates y artes marciales y la piscina. Subía y bajaba de Manhattan con profesores y recuperadores diferentes”, contaba Pepito –el apodo que le puso Enzo Bearzot porque le recordaba a Pablito Rossi- en su libro. “La cinta Alter G [maquina que te permite trabajar en ausencia de gravedad]

era lo que me permitía volver a sentirme normal. El pilates, del que desconfiaba al principio, me ayudó a descubrir aspectos nuevos de mi cuerpo y de mis movimientos, a entender las debilidades de mi físico y sus desequilibrios. El Taichí me ayudó a transmitir energía al resto del cuerpo, era una forma de sentir vivo mi organismo y darme cuenta de que el cuerpo respondía”. Así describió Rossi, que dice odiar las muletas y que le saquen fotos con ellas, su enésimo proceso de recuperación.

Dicen los que le conocen bien y han vivido de cerca su calvario que es un trabajador nato, que nunca se rinde. Que es como un trozo de pan. Dice él: “Cuando te lesionas muchas veces te das cuenta de que tienes un problema con el que tendrás que convivir toda la vida. Si no juego me vuelvo loco, pero he aprendido a gestionar los momentos de dificultad”. Se acabaron ayer en el primer amistoso de verano. Rossi, que nunca ha mirado más allá del día a día, sueña ahora con la próxima Eurocopa. El fútbol se la debe.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.