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Casillas firma por el Oporto

El portero formaliza su traspaso al club portugués después de 25 años en el Madrid

El portero Iker Casillas. Ampliar foto
El portero Iker Casillas. EFE

Iker Casillas estampó la firma que le convierte en jugador del Oporto. La negociación que comenzó hace una semana desembocó en la salida del portero del Madrid rumbo al norte de Portugal. No habrá homenaje en su honor. Quizás un amistoso. A los 34 años, el que fuera capitán del Madrid desde 2010 comienza una nueva etapa, la última de su carrera. El compromiso con el Oporto le vincula por dos temporadas, hasta junio de 2017, con opción a una tercera si en la temporada 2016-17 disputa más de 30 partidos oficiales.

Casillas acudió a Valdebebas el sábado para despedirse de sus compañeros. En el Oporto cobrará unos 14 millones netos hasta 2017, la misma cantidad que le garantizaba su contrato con el Madrid. Se lo pagará el Oporto hasta una tercera parte, y el Madrid abonará el resto. Los dirigentes madridistas estaban tan convencidos de la necesidad de desprenderse de Casillas que, según informan fuentes del club, habían reservado una partida del gasto para cubrir la eventualidad del traspaso del futbolista.

El portero se convenció de la oportunidad de la empresa después de que Julen Lopetegui, el técnico del Oporto, le llamara para sugerirle una salida. La necesitaba. Contra su deseo de permanecer en la ciudad y en la institución en la que transcurrió toda su vida en el fútbol. Hace más de dos meses que el director general madridista, José Ángel Sánchez, le había comunicado que el club pretendía realizar un relevo en la portería. Su sucesor es David de Gea.

El Madrid emitió un comunicado en su página web confirmando el traspaso y repasando el historial del jugador. "Para el Real Madrid hoy es un día, ante todo y sobre todo, de agradecimiento y reconocimiento. No se va uno de los mejores porteros de nuestro club. Hoy deja este equipo e inicia una nueva etapa futbolística el mejor guardameta de la historia del Real Madrid y de la historia del fútbol español".

La contratación de David de Gea por el Madrid ya es un hecho. A falta de un acuerdo con el Manchester para concretar los extremos del traspaso, el guardameta madrileño tiene un compromiso adquirido con el Madrid. Así lo aseguran los asesores del portero internacional, que, según dicen, ha firmado un documento que obliga al Madrid a indemnizarle con 15 millones de euros si no le ficha antes de septiembre. Ahora el Madrid deberá negociar con el Manchester. Los directivos consultados esta semana aseguran que al presidente, Florentino Pérez, le urge el fichaje de De Gea. En su opinión, tiene la suficiente jerarquía y el prestigio indispensables para ocupar el vacío que deja Casillas. Ningún portero del Madrid ha significado tanto ni ha brindado más títulos al club. El presidente considera que la afición demanda un cambio a la altura del predecesor.

Casillas es, junto con Xavi, el jugador más importante de la historia del fútbol español. Ganador de dos Eurocopas y un Mundial como capitán de La Roja, y conquistador de dos Copas del Rey, tres Champions y cinco Ligas con su club, su colección resulta tan abrumadora como su identidad madridista. Ingresó a la cantera en 1991 con nueve años. Deja Chamartín 25 temporadas más tarde empujado por una directiva que cree que sustituirle es lo más indicado.

El desgarro social que desencadenó la figura de Casillas  en el madridismo es un fenómeno sin precedentes en un siglo de fútbol profesional. El que fuera ídolo de la hinchada se marcha dejando un rastro de convulsión tras dos años sufriendo el repudio de otra parte de la afición que parece detestarle. Las razones resultan más difusas que una simple caída en su rendimiento. Casillas no solo sufrió los pitos de su propio público. Padeció el ataque sistemático de una batería de programas de telerrealidad y de medios afectos a las teorías más extremistas de José Mourinho, el que fuera entrenador del Madrid entre 2010 y 2013.

Mourinho le acusó de traidor y la propaganda amplificó su mensaje con un efecto tan persistente como eficaz. Según varios jugadores del vestuario, entre ellos el propio Casillas, los responsables del club no hicieron nada por frenar esta ola deliberada de difamaciones y acoso social. Cada vez que tocó el balón durante la última temporada, en las gradas del Bernabéu se oyeron pitos de desprecio. El impacto en el estado anímico del jugador fue irreversible. Su declive deportivo se pareció mucho a una profecía autocumplida.

 

 

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